Va pasando el tiempo y, año tras año, nos sorprendemos cuando llega la primavera casi sin darnos cuenta… ¡pareciera que Navidad fue ayer! Y es que, a medida que vamos envejeciendo, la sensación que tenemos es la de que el tiempo pasa más rápido. La física explica la causa de que sintamos que el tiempo vuela.

La hora del reloj y la que rige nuestro cerebro son totalmente diferentes, fluyen a velocidades variables. El paso cronológico de las horas, días y años en relojes y calendarios, es un fenómeno constante y medible. No es así nuestra percepción del tiempo, que cambia constantemente dependiendo de nuestra edad, la actividad que estemos realizando y lo descansados que estemos.

Adrian Bejan, ingeniero mecánico de la Universidad de Duke, ha publicado un estudio en la revista “European Review” que explica la física existente tras el cambio de los sentidos del tiempo, y revela la causa de que los años parezcan pasar más rápido a medida que nos hacemos mayores. El estudio examina la mecánica de la mente humana y la manera en la que se relaciona con nuestra comprensión del tiempo, proporcionando una explicación física de nuestra percepción mental cambiante a medida que envejecemos. Tras estudiar conjuntamente los fenómenos de tiempo, visión, cognición y procesamiento mental, se concluye que el tiempo que experimentamos representa aquellos cambios percibidos en los estímulos mentales relacionados con nuestra visión. A medida que el tiempo de procesamiento físico de la imagen mental y la rapidez de las imágenes cambian, también lo hace nuestra percepción del tiempo. Y, en cierto sentido, cada uno de nosotros tenemos nuestro propio “tiempo mental” no relacionado con el paso de las horas reales, y que se ve afectado por distintos factores como la cantidad de descanso que tenemos. Estos cambios en los estímulos nos dan un sentido del paso del tiempo. Así, el presente es diferente del pasado porque la visión mental ha cambiado, no porque suene el reloj de alguien. El “tiempo de reloj” que une todos los sistemas de flujo en vivo, animado e inanimado, es medible. El periodo día – noche dura 24 horas en todos los relojes; sin embargo, el tiempo físico no es tiempo mental. El tiempo pasa en el ojo de la mente y depende de la cantidad de imágenes mentales que el cerebro encuentra y organiza, y el estado de nuestro cerebro a medida que envejecemos. Con la edad, la velocidad a la que se perciben los cambios en las imágenes mentales disminuye debido a varias características físicas transformadoras que incluyen la complejidad neuronal, la visión y la degradación de las vías que transmiten la información. Este cambio en el procesamiento de las imágenes mentales lleva a la sensación de que el tiempo se acelera.

Los procesamientos mentales también están relacionados con los movimientos oculares sacádicos (movimientos rápidos, inconscientes y similares a sacudidas que se producen varias veces por segundo). En estos movimientos los ojos se fijan y el cerebro procesa toda la información visual recibida, de forma inconsciente, sin esfuerzo por nuestra parte. En los bebés estos periodos de fijación son más cortos que en los adultos. Hay una relación inversamente proporcional entre el procesamiento de estímulos y el sentido de aceleración del tiempo. Así, cuando eres joven y experimentas muchos estímulos frescos, todo es nuevo, el tiempo parece pasar más lentamente. Según la producción de imágenes mentales disminuye, da la sensación de que el tiempo pasa más rápido. La fatiga también es un factor importante que influye, ya que un cerebro cansado no puede transmitir la información de manera efectiva si trata simultáneamente de ver y dar sentido a información visual, ya que está diseñado para hacer estas actividades por separado.

Así, no somos totalmente prisioneros del tiempo. Los relojes continuarán marcando las horas, los días pasarán en el calendario y los años parecerán volar cada vez más rápido. Pero si dormimos y comemos bien podemos mejorar nuestras percepciones e intentar que disminuya la velocidad a la que vuela el tiempo.

Marta Valle

Referencias

Bejan, Adrian. “Why the days seem shorter as we get older”. European Review, 2019.

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