¿Por qué conformarse con la Cooperación cuando podemos vivir en Sinergia?

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En este artículo, el autor presenta algunas de las grandes contradicciones de la sociedad occidental, centrándose en el contexto de la cooperación internacional y proponiendo un cambio de valores para pasar de un modelo materialista/capitalista a uno natural. La pieza fundamental en la que el artículo se mueve es un intento por ir de la cooperación, que no deja de ser un concepto materialista, a la sinergia.

Si he de ser sincero, siempre que intenté mirar de manera crítica nuestra sociedad occidental, sea ésta europea o norteamericana, nunca pude dejar de tener la sensación de que algo no iba bien, que no funcionaba como debiera. Descubrir cuáles eran las piezas que fallan ha sido una labor de décadas muy desnortada, sin referencias claras ni ideas que me pudiesen ayudar a entender el vacío que siempre he visto en nuestra sobrestimada civilización. Y no se trata ahora de pretender ser una especia de visionario que maldice todo lo que conlleva nuestra sociedad, sobre todo si tenemos en cuenta que es a mis 41 años que he empezado a dar con las claves, sino más bien de entender que la percepción tan fría que tengo de nuestra propuesta vital (porque no es más que eso, una de las muchas maneras posibles de transitar en este mundo bajo nuestra naturaleza humana) se debe a que ésta se fundamenta en una serie de valores que, intentando ser muy benévolos con ella, son sesgados y nos impiden integrarnos de manera satisfactoria.

Una de las claves fundamentales para poder salir del sistema de la civilización y dar el salto a “otra cosa” consiste justamente en lo que estoy intentando hacer ahora mismo: escoger bien mis palabras. Siempre digo, entre bromas, que la piña es uno de los mejores inventos de la humanidad, aunque he de admitir que está varios escalafones por debajo de la palabra, la comunicación verbal. Los idiomas no son únicamente herramientas para comunicarse con otros, lo cual no es precisamente una fruslería, sino que también son capaces de almacenar una visión de la humanidad y del conjunto de la naturaleza muy particular, donde la manera de entender el cosmos de un grupo humano en particular queda bien empaquetado para que algún antropólogo que otro sea capaz de descifrarlo debidamente. Como yo no soy ningún experto en la materia, me limitaré a decir que nuestros idiomas actuales utilizan las palabras para dar forma y sentido a todo aquello que nominan, intentando controlarlo y poseerlo en el proceso. Esto no siempre ha sido así. Bueno, la mayor parte de la historia de la humanidad ha sido de otra manera y nuestro vigente sistema materialista no podría haberse impuesto a un sistema natural sin antes hacer manipulaciones del lenguaje. Una de las más relevantes se da en la dualidad civilización/barbarie. Lo tenemos integrado hasta el tuétano: la civilización es algo bueno y la barbarie algo malo. Sin embargo, la civilización, máximo exponente del capitalismo y materialismo imperantes, se ha encargado en los últimos 2.000 años de destruir ecosistemas, reducir dramáticamente la biodiversidad del planeta, de contaminar cada trozo de universo que sustenta nuestra vida, de agotar los recursos y se ha encargado, además, de hacerlo en clara oposición a los bárbaros, quienes todavía vivían de manera natural e intentaron, en vano, proteger la naturaleza a la que sabían que pertenecían y gracias a la que su existencia estaba garantizada. La manipulación del lenguaje nos ha conducido a una ironía… mejor sarcasmo, en el que estamos obnubilados por el brillo de las ciudades, mientras se asfixian nuestros bosques.

Caos en una calle cualquiera de Kampala
Caos en una calle cualquiera de Kampala

Antes de que me meta en un pantanal al hablar de temas de los que hablo más bien de manera intuitiva, querría traer un ejemplo de cuál sería el cambio de sistema que querría proponer, el cual ni me he inventado yo ni soy su mejor exponente. No se trata de un mero paso de la competición a la cooperación, dado que lo absurdo del supremacismo competitivo ya ha quedado someramente expuesto en el párrafo anterior, sino más bien intentar mirar mucho más allá, para poder entender que la cooperación no es sino una parte de lo que, en mi opinión, necesitamos buscar, que no es otra cosa que la sinergia. En un mundo de uniones temporales, con fecha de caducidad e incluso sustentadas por un documento que dicta los términos de las relaciones, es imperativo buscar una manera de hacer en la que se integre de manera permanente; necesitamos huir de un complejo entramado de razonamientos y justificaciones que avalan las abismales diferencias sociales para aterrizar en un entorno comunitario donde unas personas se impliquen a otras e impliquen al todo.

Tres personas cruzan sus manos en un esfuerzo por construir un tambor

Para poder entender a qué me refiero, querría traer como ejemplo ilustrativo el contexto geográfico y vital en el que me muevo: el mundo de la llamada cooperación en la región del Nilo Occidental de Uganda. Más en concreto, en el Distrito de Moyo, con la etnia Ma’di como población mayoritaria y situado en el extremo norte del país y con su capital, también Moyo, a apenas 8 kilómetros de la frontera con Sudán del Sur. Mi trabajo se realiza como miembro de la ONG navarra Solidarios con Arua – Arua Elkartasuna[1], que tiene como socia local a la ONG Cooperative Growth – Uganda. Sudán del Sur lleva en guerra prácticamente desde el mismo día en el que declaró su independencia de Sudán. Es fácil imaginarse que, tras 50 años siendo machacados por el norte, había grandes conflictos activos que nunca fueron abordados debido al alto estrés de estar siendo atacados y asesinados. El caso es que, ahora mismo, en Uganda hay más de millón y medio de refugiados de distintos países[2], siendo que la inmensa mayoría provienen de Sudán del Sur y con un porcentaje altísimo de ellos en los Distrito de Obongi (hasta hace poco parte de Moyo) y Adjumani. La población que otrora se refugiara en Sudán es la que ahora acoge a sus vecinos, de muchas y muy diversas etnias. Esto atrae, al principio, muchas miradas. Muchas. Y dinero, muchos millones de euros. Y, claro está, el dinero siempre viene seguido de oportunistas que lo único que ansían es hincarle el diente al pastel. Y el dinero viene con una estrategia de gasto. Querría, a continuación, analizar algunas de las contradicciones de las estrategias de gasto más comunes.

Uno de los grandes retos del capitalismo es su necesidad de resultados inmediatos. Los donantes quieren saber a toda costa que los fondos destinados a tal o cual causa han obtenido unos resultados positivos y, lo más importante, han producido un impacto duradero. Sin embargo, muy a menudo me pregunto si de verdad entienden lo que se está haciendo en el terreno con los fondos y si comparten las estrategias seguidas. Algo esencial para las grandes ONGs y agencias gubernamentales es obtener información, y siempre procuran obtenerla de la manera más aséptica posible, preguntándoles directamente, pero sin implicarse. Para este fin, es muy habitual que se organicen distintos tipos de reuniones y talleres en los que el principal objetivo es hablar. Sin embargo, en un principio casi nadie acudía a la llamada y los eventos organizados no podían sacar grandes conclusiones y, además, el informe para los donantes hablaría de unas asistencias risibles. Esto lo solucionaron de la manera más materialista posible: ofreciendo dinero y comida. Queda muy feo decir que se dará dinero a los asistentes, por lo que la estrategia es la de fijar dietas de transporte que cubren de manera exagerada los gastos que los desplazamientos conllevan. Ahora la asistencia a las reuniones, en las que se habla durante interminables horas, ya no es un problema y los informes trimestrales quedan niquelados. Ahora bien, los demás tenemos que lidiar con el nuevo hábito generado, que no es otro que el de cobrar por asistir a reuniones. En su momento propusimos al Departamento de Educación del Distrito de Moyo la realización de cursos de música para el profesorado específico, a sabiendas de que su formación en la materia deja mucho que desear. El Secretario de Educación nos advirtió de que necesitaríamos mucho dinero, cosa que en aquel entonces, año 2014, no pude entender. Casi una década después, sigue siendo difícil movilizar a las personas, puesto que siempre esperarán algo a cambio y nosotros no estamos dispuestos a gastar fondos en este tipo de actividades.

Joven ma’di utiliza el mortero para machacar cacahuetes

Esta manera de trabajar de las ONGs y agencias públicas internacionales, a mi modo de ver, conlleva otra desventaja muy importante. Al intentar realizar un trabajo muy neutro, totalmente desapasionado, no se utiliza nunca la observación directa. Siempre se apela a las necesidades expresadas por los potenciales destinatarios de las iniciativas, pero quien está metido en medio de un tumulto constante, con una situación personal y contextual de permanente crisis, tampoco tiene mucho tiempo ni energía para observar su entorno y analizar su situación. Hay una falta total de ideas originales que intenten poner remedio a las situaciones tan duras en las que viven tanto los refugiados sursudaneses como la población local ugandesa. Nadie se molesta en identificar las vías de agua y ver cómo taparlas, simplemente se aplica una fe ciega en los criterios de estas personas tan tremendamente traumatizadas. Esto, sumado a la necesidad de obtener resultados inmediatos, es la fórmula perfecta para perder toda visión temporal, dejar de hacer proyecciones e intentar aplicar soluciones rápidas para problemas de profundidad. Las cosas más importantes de la vida, que se reducen básicamente a los distintos ámbitos de relaciones humanas, no pueden desarrollarse, trabajarse o corregirse en unos pocos meses. Hay heridas que necesitan años y mucho cariño para sanar y acciones que simplemente nos arranquen una sonrisa no van a hacer nada. No existe ninguna manera de acelerar el desarrollo personal, porque el tiempo y las experiencias son dos ingredientes fundamentales. ¿Por qué hay todo un entramado internacional convencido de que sí se puede hacer? Los proyectos de corta duración, sin ningún impacto real en la vida de las personas y que suponen un malgasto colosal de energía y fondos, son el pan nuestro de cada día.

El último aspecto contradictorio que me gustaría resaltar es uno de los mejores representantes de los desequilibrios tan injustificables que se dan en el seno del Materialismo y el Capitalismo. Por algún motivo que nunca he logrado entender, hemos asumido como natural y correcto que las remuneraciones económicas por trabajos en un mismo contexto geográfico sean sonrojantemente dispares. Muchos ugandeses, incluso mientras trabajan para ONGs europeas, están ganando salarios de alrededor de 75€ brutos al mes. Estas son ONGs que tienen sus fuentes propias de ingresos, pero que también se nutren de los amplios fondos facilitados por la Organización de las Naciones Unidas a través de ACNUR. Al ser un organismo público, la ONU no esconde su escala salarial y se me ocurrió que sería interesante ver cuánto dinero paga a sus representantes en Uganda. No me costó mucho encontrar unas tablas excel oficiales donde estas cifras quedan muy bien reflejadas. Los salarios de los empleados que operan a nivel nacional se mueven desde los 35.400€ hasta los 123.000€ netos anuales[3]. Netos. Para hacerse una idea de qué significa esto en el terreno, mi trabajo ha consistido durante muchos años en administrar alrededor de 17.000€ anuales, mientras que este año vamos a contar con un fondo aproximado de 140.000€. Estos fondos van a sufragar los salarios de 17 trabajadores y trabajadoras, incluido el que escribe estas líneas, además de cubrir todos los gastos de funcionamiento de los proyectos en marcha y la construcción de dos edificios. Una organización monstruosa, hipertrofiada, que gasta en sí misma millones de euros y que además no desarrolla proyectos, reparte entre sus empleados de mayor rango casi tanto dinero como el que nosotros empleamos en sacar adelante un proyecto con la ya mencionada plantilla y un total aproximado de 220 beneficiarios, además de dotarnos con infraestructuras críticas.

Pero, ¿por qué nos encontramos con esta aproximación tan errada? ¿Qué valores subyacen en una visión de una situación de emergencia que está más orientada a los datos que a los resultados reales? No hay ni una sola industria en toda la región norte del país y en toda la zona alrededor de Moyo por la expresa marginalización perpetrada por las etnias dominantes de la llamada Región Central y Región Oeste. Particiones, separaciones… Individualismo. A fin de cuentas, qué más dará cuál sea el impacto real de los proyectos en Moyo, si quienes los desarrollan vienen, en su inmensa mayoría, de otras regiones del país, de las citadas regiones central y oeste. ¿Hay alguna diferencia entre una ONG que desplace todos sus empleados, digamos, desde Australia y desarrolle directamente el proyecto y una ONG ugandesa con personal exclusivo del sur? En mi opinión no la hay. Y por la falta total de arraigo, las estrategias son las ya explicadas.

Pero, entonces, ¿qué otras vías podemos utilizar? Desde luego, no se trata de poner parches al sistema vigente, sino más bien aplicar otro, basado en otros valores[4]. En nuestro caso, hemos optado por intentar captar los valores principales de una institución fundamental en el África negra, el lugar de la hoguera, Langeti en el idioma local. Se trata de un momento del día, el de la puesta de sol, en el que la familia se reúne entorno a la hoguera y comparte historias, conocimientos, resuelven conflictos y, lo más importante, comparten comida. Este modelo se replica de manera similar si un conflicto ocurre entre dos familias o incluso clanes. De aquí nace el Proyecto Integrado Langeti Con estas ideas en la mente, la reflexión de la socia local llevó a la identificación de estos tres valores principales, que guían todas las iniciativas dentro del Proyecto Integrado Langeti:

  • Sinergia: es una manera de entender la naturaleza como coimplicación, un complejo entramado en el que unos dependemos de otros, incluso cuando miramos dentro de la especie a la que pertenecemos. Así, pasamos de un ser a un existir. Es crucial entender que la cooperación no es más que una pequeña parte de la sinergia y que, si se coge de manera aislada, en realidad estamos cayendo en otra trampa más del materialismo del que proponemos huir.
  • Integración: es fácil de entender e imaginar en el contexto de la sinergia, pero, por hacerlo de manera simple, diremos que no hay sinergia si miembros de la comunidad quedan fuera, marginados.
  • Empoderamiento: ponemos el foco en que los conocimientos pasen de quienes ya los tienen a quienes todavía no los tienen, en un proceso dinámico de aprendizaje que se retroalimenta.

Mujeres ma’di preparan una hogaza de pan a base de harina de mijo y mandioca

Hay muchas facetas de la vida en Moyo sobre las que se podría trabajar, así que, con limitados recursos, era necesario escoger los campos que se ajustasen mejor al análisis de la situación. Por un lado, existe un desequilibrio enorme entre la carga de trabajo de las mujeres y los hombres, llevándose aquéllas la peor parte. Esta situación se torció durante la década de 1980 y 1990, periodo de alta belicosidad y violencia gratuita, donde las etnias del norte siempre sufrieron las que más. En segundo lugar, pusimos el ojo en un problema tan fundamental como es la alimentación. Es un auténtico drama saber que alrededor del 84% de las frutas y verduras que se consumen en los mercados del Distrito de Moyo son importaciones, principalmente de las regiones Central (Kampala) y Este (Mbale). Por último, pusimos la mirada en las personas más vulnerables, en las más desprotegidas en la visión societaria que conlleva el Materialismo: los niños y niñas con discapacidades.

Cada uno de estos aspectos se trabaja a través de un proyecto dentro de Langeti, pero con conexiones claras entre ellos, sobre todo en la parte de las discapacidades. Para trabajar lo que habitualmente se llama la cuestión de género, utilizamos una herramienta poderosísima: ¡la música! En Vura Music Project, niños y niñas trabajan desde la infancia juntos, colaborando y no compitiendo, compartiendo responsabilidades y objetivos, en definitiva, conviviendo. Es primordial comprender que no se trata de favorecer a la mujer, para que pueda ocupar en este sistema materialista lugares que antes eran exclusivos de hombres. Se trata de proponer una aproximación nueva, en la que tanto mujeres como hombres sientan que es su lugar, que se entienden que se acogen unos a otros. Nadie cuestiona la presencia de niñas en el proyecto, después de varios años se volvió algo natural. Evidentemente, los niños también acuden. El reto actual sería transferir esta manera de relacionarse al ámbito del hogar.

Banda del Vura Music Project observada muy de cerca

La incapacidad de generar nuestros propios alimentos, en un Distrito con más de un 90% de dedicación a la agricultura, conlleva dos grandes problemas: por un lado, si las cadenas de suministros fallan, mucha gente pasará hambre; por otro lado, la contaminación derivada de transportar alimentas por 500 y 600 kilómetros es un lastre más a nuestro deteriorado medio ambiente. La propuesta de Ruddu Hwe es muy sencilla: invitar a personas de la comunidad a pasar de la agricultura de subsistencia a la comercial, puramente ecológica y de proximidad, con seguimiento y apoyo continuo para asegurar que la inversión que las familias hayan podido realizar quede perfectamente rentabilizada.

Beneficiarios del Manuela Project trabajando en un pequñeo huerto

Por último, la pieza central del proyecto porque conecta todas las partes, el Manuela Project, está dedicado a niños y niñas con discapacidades, en un entorno en el que incluso se da el extremo del homicidio por compasión. La sociedad mira a estas personas como una maldición y una desdicha. Así pues, necesitamos un proyecto que no sólo ataje las necesidades específicas de cada una de las personas que se benefician de él, sino que también tiene que cambiar el signo de la percepción que las personas tienen sobre el tema. Y, ¿esto cómo se hace? Pues con actividades de terapia ocupacional que ocupen no sólo a los niños y niñas, sino también a sus familias, que las cohesionen internamente, pasando a comprender que, con ayuda, la familia puede ser perfectamente feliz sin tener que marginar ninguno de sus miembros. Estos talleres, de manualidades, agricultura y música, posibilitan que chicos y chicas produzcan junto a sus familias productos que, a posteriori, puedan producir ingresos económicos de los que se beneficiaría el núcleo familiar y también la ONG local. Pero la integración no puede darse únicamente de puertas adentro, por lo que utilizamos Vura Music Project, con su banda de música, como una vía única para hacer posible la participación de estas personas en contextos públicos.

Por último, nos encontramos ahora mismo en una fase de construcción de infraestructuras para acomodar todos los proyectos, en el que la guinda del pastel sería el llamado Centro de Exhibiciones. Este no es más que un pomposo nombre para un bar-restaurante, justificado por la función principal que tendría: hacer públicas todas las actividades del proyecto. ¿De qué manera? Con un escenario donde tocar música, espacios en los que mostrar y vender las artesanías realizadas en los talleres de manualidades, con una cocina donde se prepararán viandas a partir de lo producido dentro de Ruddu Hwe y con oportunidades de trabajo remunerado en el que jóvenes con discapacidades trabajarán codo con codo con otras personas para servir, de manera natural, a la clientela del centro. En definitiva: trabajar en sinergia, integrando a los distintos participantes y empoderándolos a través de la transmisión de conocimientos y oportunidades de trabajo.

Transmitiendo conocimeintos en le Manuela Project

Sinceramente, ya basta de proyectos de corta duración, sin ningún impacto duradero, llevados a cabo por mastodónticas sociedades privadas y públicas con una visión societaria muy propia del Materialismo. Empecemos a trabajar en proyectos de larga duración, donde contar con cada miembro de una comunidad dada sea lo natural, sin generar separaciones artificiales. Y, por favor, no pensemos que este tipo de iniciativas son necesarias únicamente en los llamados países en vías de desarrollo. En Occidente hay una gran necesidad de integración y de paso de los valores intrínsecos del Materialismo a los propios del Naturalismo.

Texto e imágenes por Aritz Azparren Vicente

Referencias

[1]     Para más información de la ONG y los proyecto que realiza, se puede visitar la web www.solidariosconarua.org

[2]     Información extraída del portal de ACNUR en https://data.unhcr.org/en/country/uga

[3]     Fuente: https://www.un.org/Depts/OHRM/salaries_allowances/salaries/uganda.htm (el cambio aproximado entre el euro y el chelín ugandés es de 1=4.000)

[4]     En este punto, antes de continuar, me gustaría invitar al lector ver un vídeo, accesible en Youtube, en el que el psicólogo Simon Sinek explica las características principales de la llamada generación Millenial: https://www.youtube.com/watch?v=vudaAYx2IcE

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