A modo de prólogo, decir que este texto no pretende ser un ensayo historiográfico o científico, sino simplemente un recorrido sobre experiencias personales alrededor de mi pasión por el coleccionismo de cromos.

Cuando era niño me encantaban los cromos, creo que como a todos los críos. En aquellos años 70-80, en los barrios obreros de cualquiera de nuestras ciudades o pueblos, muchos de nosotros ahorrábamos hasta la última peseta para ir corriendo a las papelerías o colmados a comprar algún sobre o algún pastelito en cuyo interior también se escondían el apreciado tesoro. A este respecto, no sabría decir ahora si prefería hincarle el diente a un Tigretón o un Bony, o abrir rápidamente el envoltorio para descubrir ese cromo tan deseado.

En aquel entonces, más allá de los exitosos álbumes dedicados a la liga de fútbol, otros eran verdaderas enciclopedias de las que aprendimos infinidad de cosas relacionadas con la biología, la geografía, la astrofísica, la antropología y, los que más me gustaban, los dedicados a la historia contemporánea. Sin duda, eran nuestra Wikipedia. Y tanto es así, que muchos de los textos explicativos de cada uno de aquellos cromos eran escritos o habían recibido el asesoramiento de verdaderos científicos, algunos de reconocido prestigio internacional como Jacques-Yves Cousteau (Barciela 2018).

Con motivo de uno de los cumpleaños de mi hijo Xavier, un adolescente amante de la historia del siglo XX, decidí navegar por internet en busca de uno de aquellos antiguos álbumes con el que pasé horas y horas mirando los fantásticos dibujos que lo ilustraban: Hechos y Soldados del siglo XX, editado por Maga en 1977. Sus páginas me trasladaban a acontecimientos tan relevantes para nuestro presente como las dos guerras mundiales, la carrera espacial o la Guerra de Vietnam. Cuando lo encontré sucedió algo indescriptible, de nuevo las imágenes de mi pasado volvieron a mi cabeza, tomaron vida, y como un niño volví a recordar cada uno de los cromos que tantas tardes había visto después de llegar del colegio.

Ese fue el detonante de mi afición por el coleccionismo de cromos. Sin embargo, hoy la ilusión por volver a tener aquellos álbumes de la infancia se compagina con una lectura no inocente en el que percibo cómo fueron usados como propaganda política, social y religiosa. Sin que nosotros fuéramos conscientes de ello, escondía una publicidad subliminal que, con los ojos del presente, sale a la luz.

Ahora que están tan en boga los discursos políticos en los que unos y otros se acusan de adoctrinamiento vienen a mi cabeza algunos de esos álbumes publicados por distintos regímenes fascistas, como el nazi o el franquismo, o comunistas, como el cubano. Todos ellos emplearon los cromos como medio de ensalzamiento, publicidad y justificación de sus actos. Unos cromos en manos de personitas, cuyo desarrollo intelectual estaba en el momento más álgido de su vida y en el que algo tan sencillo como un cromo podía ser muy influyente.

Aunque se puede pensar que tengo un discurso exagerado, creo que sólo hace falta rastrear algunas palabras de historiadores actuales para cerciorarse que no es así. Como apunta F. Sevillano (1998): “Junto al aparato cultural, la propaganda constituye otro destacado instrumento adoctrinador, sobre todo al ser divulgados sus mensajes sistemática y reiterativamente a través de los distintos medios de comunicación, por lo que la política informativa y la labor propagandística también fueron importantes elementos de disputa por el poder en el franquismo”.

Pero no hay mejor prueba de lo que digo que volver a abrir alguno de aquellos viejos álbumes. Con la llegada al poder de Adolf Hitler, se publicaron un conjunto de coleccionables donde se exponían las grandezas de los ejércitos alemanes en la Primera Guerra Mundial, su historia, contada en clave nazi, la construcción de un nuevo aparato militar o incluso una biografía del Führer.

A diferencia de los cromos que nosotros conseguíamos en los envoltorios de nuestras meriendas, en las tabletas de chocolate o en las chapas de algunas bebidas refrescantes, en aquella Alemania se regalaban en las cajetillas de tabaco. Un lugar idóneo para llegar primero a los papás y después a los hijos. No descubro nada al recordar la importancia que tuvo el aparato propagandístico nazi liderado por Joseph Goebbels, pero sorprende conocer como influyó en la población más joven. Así, en 1933, con la llegada de Hitler al poder, 100.000 niños ya pertenecían a las juventudes hitlerianas, a finales de ese mismo año eran más de 2 millones y en diciembre de 1936 hasta 5,4 millones, lo que suponía el 60% de la población alemana entre 10 y 18 años (Kater 2016). Sus cromos estaban llenos de soflamas políticas y el enaltecimiento de Alemania, el Führer y su ejército, a través de ilustraciones increíblemente detalladas y con colores muy vivos. Parecen realizadas a partir de fotografías, en las que sorprende incluso la calidad del papel empleado. Tanto el álbum como los cromos han resistido perfectamente el paso de casi un siglo.

Si el coleccionable Der WeltKrieg, publicado en 1932, estuvo dedicado a la Primera Guerra Mundial, Die Deutfcht Wehrmacht, está ya en manos de los más jóvenes en 1936. En su interior se ensalza el poder de los distintos ejércitos de tierra, mar y aire. Eso sí, dedicándole el primer cromo a la figura de Adolf Hitler.

Evidentemente, el franquismo también usó los cromos como medio de ensalzamiento del régimen y del aura religiosa que lo sustentaba. Es por ello, que no sólo la historia de aquellos coleccionables se escribía bajo su perspectiva, sino que siempre se complementaba con un discurso católico (de hecho, fueron varios los álbumes dedicados exclusivamente a temáticas religiosas como Cristos Famosos, Historia Sagrada o Imágenes Veneradas).

Entre los álbumes que tengo en mis manos, es revelador que le primer cromo del álbum La Segunda Guerra Mundial, 1939-1945, editado por Chocolates Torras en 1958, no sólo fuera nuevamente Adolf Hitler, sino que el número 171 se centrara en los juicios de Nuremberg, apostillando la siguiente frase: “Este proceso ha sido muy discutido desde el punto de vista legal”. Para finalizar, la última página se dedicó a una especie de plegaria.

Pero esta propaganda franquista no se mostraba sólo en los álbumes históricos, en otros como Banderas del Universo, editado por Bruguera en 1956, dedicaron uno de los últimos cromos a la “Bandera de la Raza” y a cuyo pie se hablaba de la Raza Hispana.

Pero, como decíamos, la publicidad política no fue propiedad del fascismo. Durante los primeros años de la Revolución Cubana se publicó un álbum cuyos cromos que relataban las gestas de sus valientes y los protagonistas de las mismas: Fidel, Cienfuegos o el Ché.  Lo puso en el mercado la empresa Conservas Felices.

Aunque uno pudiera pensar que aquellos álbumes son de otra época, que lo son, y que el contenido político de los cromos se fue difuminando con ellos, que también, la realidad siempre nos sorprende. Buscando información en internet para escribir este texto nos encontramos que la plataforma digital e-Notícies publicaba el 20 de abril del 2015 que: “La Junta Electoral de Tarragona obligaba a retirar el álbum de cromos Tarraconenses y personajes de las comarcas de Tarragona impulsado por la formación política Convergència i Unió (CiU)”. No pudiendo juzgar este hecho, pues desconocemos el contenido de ese álbum, nos gustaría acabar deseando que los cromos fuesen tan inocentes como los niños y niñas que los llevan en sus bolsillos. Teniendo siempre la imagen de cómo los enseñan y cambian con sus amigos durante el patio del colegio, a la salida del mismo o en cualquier calle y plaza. Y recordando, como yo lo hago ahora, qué ilusión tenían cuando al llegar mi padre del trabajo le mostraba los nuevos que había conseguido.

Juan F. Gibaja Bao

Referencias

Barciela, C. (2018). Ciencia y color en los álbumes de Nestlé. Medio siglo de publicidad y cultura (1921-1966). Publicaciones Universitat d’Alacant

Kater, M.H. (2016). Las Juventudes Hitlerianas. Ed. Kailas

Sevillano, Francisco (1998): Propaganda y medio de comunicación en el franquismo, Alicante. Publicaciones Universitat d’Alacant

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