Cuando se habla de día de muertos en México, la mayoría tiene en la mente las imágenes que salen en los medios de comunicación, las de las revistas, esas imágenes de calaveras, de catrinas, los altares en forma de pirámide, las ofrendas multitudinarias que se hacen en el zócalo de las ciudades más importantes, ofrendas de reivindicación por un grupo, los 43 de Ayotxinapan, los feminicidios, etc. Esas imágenes no dejan de tener valor en el imaginario colectivo. Y qué decir de la popularidad que dio hace un año la película de Coco, ahí se intentó plasmar la festividad, el colorido. A grandes rasgos se mezcló la festividad prehispánica y la festividad implantada con la evangelización.

Hablar de tradiciones en México, es hablar sin duda de sincretismo religioso y es que, si uno visita los centros ceremoniales, se encontrará con una mezcla de catolicismo y creencias prehispánicas. En la celebración del día de los difuntos como se dice en los pueblos y no día de muertos como se dice en las ciudades encontramos una mezcla de creencias.

Para empezar, en México ya existía una celebración de los difuntos anterior a la conquista. Dicha festividad duraba cuarenta días, en estos días se recordaba, conmemoraba y se convivía con los descarnados. Se conmemoraba a los ancestros aquellas personas que nos antecedieron y nos legaron sus formas de vida, sus tradiciones, su forma de ver y entender el mundo a través de la vida y la muerte. El tiempo era de dos veintenas, a este tiempo se le llamaba Tlaxochimaco (ofrenda de flores) también llamado Miccailhuitontli que significa la pequeña festividad de los muertos o celebración de los muertecitos, y Xocolt Huetzi (la caída de Xicotl), también llamado Huey Miccahiluitl, que quire decir, la gran festividad de los muertos. Estas festividades no coincidían en la misma fecha que la celebración católica.

En la Cempoallapoahualli o veintena de Micailhuitontli se conmemoraba a los niños inocentes muertos, por lo cual también se llamaba festividad de los muertecitos. En la Cempoallapohualli o veintena de los Huey Micailhuitl era la gran fiesta de los muertos, se conmemoraba a los muertos grandes, adultos.

En el Anono Tamiahua Veracruz, la fiesta de los difuntos se vive de forma muy diferente a la de las ciudades. La gente empieza los preparativos cuarenta días antes del al 31 de octubre, más o menos en los días del veinte de septiembre, días antes, días después, dependiendo del clima sobre todo de las lluvias.

En unos de estos días Delfina la mujer con la que viví me dijo una mañana: ya va siendo tiempo de regar la semilla de rosimuerto, parece que ya no va a llover mucho.

De qué planta es la semilla le dije, de rosimuerto, me dijo, es la flor para la ofrenda de los difuntos, aquí nosotros no la compramos, cada quien riega su semilla y sino pues alguien le regala o la cambia por alguna cosa. Ahora va siendo tiempo de regarla, ya las aguas pasaron, si se riega con las aguas, se la puede llevar la corriente.

Posteriormente desató uno de los tantos paquetitos que colgaban del techo de la cocina y nos dispusimos regar la semilla. Tu aviéntala me dijo, la semilla nace donde cae.

Pasaron unos días más y por las tardes se empezó a escuchar el sonido del violín y la jarana. ¿Escuchas? Me dijo. Es el violín de la danza, los muchachos se empiezan a preparar para las danzas de los difuntos. No tarda, van a venir a pedir los rebozos y se va a celebrar la ofrenda a la danza. Cada danzante prepara su ropa y bonetes, mientras los hace está en ayuno y los músicos tocan los sones, cuanto ya tienen todo preparado, entonces se saca el baúl de la danza, los ropones que fueron de ella, las máscaras, y los oyulitos (cuencos) para el aguardiente. Entonces los danzantes ofrendan sus nuevos bonetes y guajes (sonajeros), también sus ropas. Se reúnen todos en la casa del custodio de la danza y empieza la fiesta, se hacen tamales y huatape (guiso de masa de maíz y carne seca), se pone mucho aguardiente. Se hace un zacahuil (tamal hecho con un animal entero, por lo general un pollo joven) especial para la danza y se le ofrenda todo el día. Los antiguos lo hacían y nosotros seguimos haciéndolo. Ya en la noche cuando oscurece empiezan a tocar los sones, bonito se escucha por todo el pueblo, porque son cinco danzas las que se sacan y a cada una se le ofrenda, cada barrio tiene una. Esa que escuchas es la de los pachecos. Ellos son los primeros en hacer ofrenda, después así por cada barrio.

Con los primeros sones, llega el espíritu de la danza, siempre llega, se puede sentir, a veces toca a alguna mujer, siempre toca a una mujer, porque el espíritu de la danza es de mujer. Entonces la mujer empieza tararear los sones y hablar en huasteco y a danzar, parece que no toca la tierra. Solo entonces una mujer danza, porque los danzantes son todos varones. Cuando llega el espíritu de la danza todos están callados, a veces un muertito quiere comunicar algún mensaje, entonces se llama a la persona con la quiere hablar y habla por medio del espíritu de la danza. Una vez que el espíritu se fue, entonces se termina el ayuno y todos comemos, lo que sobra junto con el zacahuil y todo los que uso para poner la ofrenda, se lleva a la ceiba, por eso la gente cuando pasa por ahí, lo hace con respeto. Luego ya los danzantes practican todas las tardes, para danzar los tres días que dura la fiesta de los difuntos. El que se compromete a danzar, no puede salirse, el compromiso es con la danza.

Los preparativos para el día de los difuntos empiezan el treinta de octubre, la gente del pueblo deja de trabajar, se recolecta bambú para realizar el altar, se limpia la casa, se barren los patios, empieza la recolección de la flor de rosimuerto, esa flor tiene un olor muy peculiar, esa flor me dijo Delfina, huele al camino de los muertos, muchos en sus últimos momentos de vida dicen; huele a rosimuerto.

Las panaderas del pueblo empiezan a agriar la masa, el pan tiene que estar listo en día 31 por la mañana. Todo el día 30 es de trabajo y preparativos, el altar se queda listo pero sin adornar.

El día treintaiuno de octubre muy temprano, se adorna el altar que consiste en arco de bambú o varas, cubierto con hojas de palma, flores de rosimuerto, mandarinas y naranjas colgadas, pan con figura de animalitos. En la mesa del altar se pone alguna imagen católica, y velas de sebo. Entonces se pone la parte más importante: la comida. Este día está dedicado a los niños que murieron de cualquier forma, de no más de doce años. Se pone una taza de café o chocolate y una pieza de pan para el desayuno, se pone en vasos pequeños y el pan igual es pequeño. Delfina ponía una taza por cada niño que se le murió, y por sus hermanitos que murieron siendo niños, además ponía una taza para esos niños que no tienen quien les ofrende. El ánima sola decía ella. Después se hace un camino de pétalos de rosimuerto desde el altar hasta la calle y la parte de la calle de abarca el terreno así lo hacen todos, de manera que los caminitos de pétalos se unen y llegan hasta el cementerio. Ese camino es la guía para que los difuntos lleguen a casa. Una vez puesto todo, Delfina encendió el sahumador y echó copal y lo paso por todo el altar el patio, recitando palabras en huasteco como ella dice. Les digo que vengan, que los estoy esperando, que ya les tengo su desayuno, que no tengan miedo a este mundo, que yo los estoy esperando.

La comida del altar se cambia tres veces al día, se pone la comida del medio día y luego la cena.

Muy temprano también se escuchan el sonido de violines, son los danzantes que se preparan para salir. A eso de las nueve de la mañana ya se escuchan los golpes en el suelo que dan los danzantes. Ya están danzando me dijo Delfina, danzan por las calles y en las casas que tiene patio grande. Luego se les invita a desayunar, a comer o cenar.

Había pasado un rato más, Delfina me estaba contando como murieron sus hijos. Entonces se escuchó una voz que dijo: ¿hay paso? Y Delfina se asomó a la puerta y dijo: hay paso, sí. Empezó a sonar el violín y la jarana, eran más de veinte danzantes, todo con sus bonetes de colores y sus guajes adornados. Aparte de ellos, mucha gente y sobre todos los niños los seguía. Entraron danzando desde la puerta de la calle hasta la entrada de la casa, el suelo vibraba con cada golpe de los pies en el.

Aquí quiero decir: que cuando leo mis notas de ese día, encuentro en letras mayúsculas: TODAVÍA NO ENCUENTRO LAS PALABRAS PARA DESCRIBIR LO QUE VI. Hoy me doy cuenta de que claramente, me encontré de frente con eso otro, eso que me era desconocido a tal punto que no podía decir lo que era. Las festividades del día de muertos a la que yo estaba acostumbrada era una mezcla calaveras de azúcar, papeles de colores, altar de muchos niveles, velas de colores, pan de muerto y disfraces de calaveras con mezcla de máscaras de Halloween.

Ahí en el pueblo los altares no cumplían los requisitos que tenían los de la ciudad, los colores no tenían un significado, el pan no tenía la forma de huesos, no había fotos en los altares, no había gente pintada de catrina, no había calaveras de azúcar, no había tequila y platos laboriosos. Ahí lo que había era una clara convicción de que los difuntos estaban con ellos, estaban compartiendo el desayuno, la comida, la cena. Ahí se hablaba de los difuntos, como si estuvieran presentes, se les recordaba, se contaban anécdotas de ellos. En varias ocasiones vi como Delfina se acercaba al altar a hablar con su marido, con su papa, con sus hijos, con las comadres y con la gente que tuvo amistad.

La fiesta continuaba, Delfina invitó a desayunar a los danzantes, y los niños que los acompañaban tomaron lugar en bancos frente a la mesa del altar y se comieron la ofrenda. Este día es de los niños, por eso son ellos los que se tienen que sentar a la mesa. Entre risas me dijo: no sobra nada de ofrenda, hay bastantes chamacos en el pueblo. Después de que se fueran los danzantes, salimos de la casa, dejando la puerta abierta para que los niños difuntos puedan entrar y salir, en el altar Delfina dejó vasos de agua por si los niños difuntos tenían sed y unas mandarinas por si tenían hambre antes de la comida. Nos fuimos a visitar a una de sus comadres, le gente se vista en estos días me dijo. Es como cuando llega alguien de vista desde lejos y se les va a ver. Por la calle, encontramos más gente que iba igual de vista a otras casas, los danzantes estaban por la calle danzando. Se escuchaba por todo el pueblo el sonido de los violines, algunas danzas aparte de la música tiene un personaje que dice versos mientras danza. En las casas a donde fuimos el ritual era el mismo, todos hablando de los niños difuntos, recordando tiempo malos y buenos.

Llegó la hora de la comida y Delfina puso la comida para los niños y luego la cena y se repitió lo mismo, los niños del pueblo dieron buena cuenta de todo.

Al otro día el desayuno fue más laborioso, ese día se celebra a los muertos que no murieron por muerte natural. Ese día era uno de los más significativos para Delfina, ya que su esposo murió por la mordedura de una serpiente. Entonces en el altar se puso el desayuno que más le gustaba él, la comida y la cena de igual forma fueron para él. Sin olvidarse del anima sola. Este plato me dijo: es para el que no tiene quien le ofrende, porque cuando yo me muera, mis hijos no me van a ofrendar, ¿no ves que todos se están haciendo evangélicos? Alguien igual que yo, pondrá un plato para mí y mi esposo. Ese día para Delfina fue de recogimiento y la vez de alegría, estaba como cada año con su esposo y en su comportamiento se le notaba. De igual forma, hubo gente que llego a la casa y platicaron de Pedro, así se llamaba él. Contaron muchas cosas y como murió. Hubo mucha visita a todos se les ofreció de comer en la mesa del altar, fue gente de otros pueblos, ya que Pedro y Delfina eran muy conocidos y queridos por la gente. Los danzantes llegaron a la hora de la cena, ella los recibió con el sahumador, dijo varias palabras en tenek, luego se dirigió sola al altar y estuvo un buen rato hablando con Pedro. Después de cenar ofreció aguardiente a los danzantes y nos contó, como eran las fiestas que hacían cuando Pedro estaba vivo.

El día dos se celebra a los fieles difuntos, los que murieron de muerte natural. El ritual es el mismo, desayuno, comida y cena, la gente se vista y los danzantes ya con semblante cansado siguen danzando. El pueblo huele a flor de rosimuerto, pues todos los días se hace el camino de pétalos, huele a leña y pan, huele a café y chocolate, el sonido de los violines se queda en la mente y por la noche uno cree escuchar los sones. La gente cuenta historias, se ven luces en el cementerio, alguien dijo; soñé con una procesión de muertitos. La gente no ha trabajado esos tres días, solo las panaderas que ranchan el pan temprano.

Así esa noche llega a su fin la celebración, los difuntos se van a su lugar de descanso, la gente se queda contenta, por días se siguen contando las historias y anécdotas de la celebración. El altar de bambú es retirado, pero no la mesa. Ahí se quedan las velas y las flores, hasta ocho días después del término de la fiesta. Los danzantes se reponen de tres días de danza y se preparan para el último día de celebración. La fiesta del Ochavario.

El ochavario se celebra ocho días después de la partida de los difuntos, se celebra en el cementerio, se llevan las flores que quedaron de la ofrenda y se prepara comida, muy temprano la gente sube al cementerio, los violines vuelven a sonar, pero esta vez todos juntos en el cementerio, los danzantes se juntan, danzan al mismo tiempo, el cementerio se cubre de flores y la gente comparte la ofrenda de comida. Algunas veces se invita al cura hacer una misa. Todo el pueblo está en el cementerio. Este día me dijo Delfina, los difuntos cruzan de nuevo hacia su mundo, y nosotros los venimos despedir.

Por la noche se organiza el baile con algún grupo musical, el auditorio del pueblo se llena de bailadores como dicen ellos y se da por terminada la celebración.

Los danzantes por su parte hacen una ofrenda más al espíritu de la danza, por haberles permitido aguantar los días de danza, por cuidarlos de algún accidente, ya que debido a la irregularidad del terreno y que por lo general esos días llueve, más de alguno se ha roto un hueso o a sido mordico por algún perro poco amigable. Así con esa ofrenda, se guardan en el baúl de la danza, los instrumentos, rebozos y bonetes. Ese baúl es celosamente custodiado por una persona y en contadas ocasiones permite verlo.

Delfina amablemente me acompaño al baile, ya que una mujer sola no puede ir. Después ya muy noche de camino a casa, me dijo: yo desde hace mucho espero el día en encontrarme con mi esposo. Tu si allá donde estés, te acuerda de mí, pon en tu ofrenda siempre un plato de más, porque yo me voy a ir y no sé si mis hijos me van a ofrendar.

Cuando hablamos de la celebración del día de muertos o difuntos, tenemos que tener en cuenta que, no hay un patrón a seguir. Cada pueblo o ciudad tiene una forma particular de celebrar el regreso de sus difuntos a este mundo.

                                             Aracely S. Cruz

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