Cuando hablamos del papel/lugar de la mujer en el Antiguo Egipto, por lo general, se tiende a idealizar la figura de ésta en la sociedad faraónica. En el sentido, de que en ocasiones se establece que poseía plena libertad e igualdad con respecto al hombre. Una idea, que hay que matizar en algunos puntos:

Por un lado, es cierto que si comparamos la situación de la mujer egipcia con la de otras culturas, como la romana (propiedad del pater familias) o la griega (dentro del ámbito doméstico, recluida en el gineceo)… Observamos que poseía una mayor libertad, ya que:   podía solicitar el divorcio, gestionaba sus propias propiedades, llegó a ostentar el poder de Egipto, desempeñó importantes cargos, no era propiedad del hombre…

Por otro ladoimag 1, otra cuestión a tener en cuenta es que estamos hablando del Estado más longevo de la historia (3500 años aprox.), y por ende, una cultura dinámica que fue cambiando en cuanto a conceptos. De forma, que según fue avanzando y teniendo más contacto con otras culturas, vemos como la mujer va perdiendo influencia, ocupando menos puestos en la administración o como se empieza  a tapar el cuerpo.

Es cierto que el papel femenino tuvo una gran importancia, pero no  gozó de plena igualdad. Pues, si es verdad que tenemos figuras femeninas trascendentales en el poder, pero en momentos de crisis (regencias).  A lo que se sumaba, la prohibición de la infidelidad o la poligamia, e incluso en los textos sapienciales[1] a veces se transmite una visión negativa de la mujer. “… Las mujeres han sido la perdición de miles de hombres, sus bellos cuerpos hechizan, pero después de un breve instante de felicidad pierden su atractivo. Un momento de placer y, luego, la muerte como remate…” Instrucciones de Ptahhotep, D.V.

Igualmente, tendemos a utilizar conceptos actuales (igualdad, sumisión, división…) sobre una cultura del pasado que se regía con un sistema ideológico diferente al nuestro, por lo que para conocer el concepto de mujer hay que acudir a su forma de pensar.  En el cual, primaba el principio de dualidad, que consistía en la división ideológica en dos elementos de igual importancia que se necesitan.

Así, lo masculino y lo femenino forman parte de una única cosa con espacio/características propias y que se complementan para mantener un equilibrio. Algo, que se observa en las cosmogonías de creación como la Heliopolitana[2], pues cuando Atum[3]  crea a los seres a través de la masturbación, “la mano del  Dios” con la que realizó el acto era de carácter femenino. A partir de ahí, se crean parejas de dioses masculinas y femeninas (Shu/Tefnut, Geb/Nut, Osiris/Isis, Seth/Neftis) que forman una unidad, al igual que el faraón (Horus en el tierra), necesita a una reina para mantener maat (orden) porque se complementan y se necesitan.

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En definitiva, como afirma T. Bedman “…La sociedad egipcia no estuvo organizada bajo criterios de dominancia, sino sobre el principio de racionalidad y equilibrio…”. De forma, que para comprender el verdadero papel que jugaba la mujer en la sociedad egipcia, es necesario analizar su figura desde diferentes prismas, como: su presencia en el ámbito doméstico/laboral, su papel dentro del clero, su función en el matrimonio, sus derechos jurídicos o sus cuidados.

1.Ámbitos de la mujer

Tenemos que referirnos a dos ámbitos, ya que la mujer egipcia no solo estuvo relegada al doméstico, sino que también tuvo presencia en el mundo laboral.

Ámbito doméstico

La mujer era considerada la base esencial de la familia egipcia (matrimonio e hijos) y dueña del ámbito doméstico, “Nebet Per” (dueña de la casa).Lo que implicaba, que no solo era responsable de las tareas domésticas, sino que también era la que gestionaba eImagen 3l servicio, administraba los bienes de la casa y la economía.

Aunque, dichas funciones variaban dependiendo del estatus social, pues la mujer campesina realizaría más tareas físicas (siembra, recolección, cuidado de hijos…) que la de clase alta. La  cual, al tener servicio, quedaba liberada de muchas tareas.

En cuanto a la administración  de los bienes y economía  de la casa, sabemos que tenía plena capacidad para gestionar su propio patrimonio y el del matrimonio, y comerciar a pequeña escala en el mercado para satisfacer las necesidades de la familia (ellas mismas elaboraban cerveza, pan o recogían productos de la huerta para intercambiar en el mercado). Al igual que realizaban transacciones a una mayor escala, como el ejemplo que conservamos de Deir el – Medina[4], en el que una mujer compró un esclavo por 400 deben.

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Otro de los aspectos en los que la mujer fue clave dentro del núcleo familiar, fue en la educación de los hijos, puesto que en las clases más bajas era ella la que se encargaba de proporcionarla[5].  Mientras que en el ámbito cortesano, los  príncipes/princesas que  residían en el “Ipet-Nesut/Casa Jeneret” (residencia de  las esposase hijos del faraón) aprendían a leer y escribir.  En el caso de las niñas, también eran instruidas en la música, la danza …Pero, dejaban la educación a una edad más temprana que los niños (educados en materia militar).

Ámbito laboral

Pese a que la presencia masculina en el ámbito público/laboral fue mayor, muchas mujeres tuvieron un oficio fuera del terreno doméstico. Algo que estuvo directamente ligado al nivel de alfabetización de la persona, pues hay que tener en cuenta que la mayor parte de la población era iletrada (más mujeres que hombres). Lo cual, coartaba la posibilidad de desempeñar ciertos oficios.

De forma, que la mayor parte de mujeres letradas pertenecerían a una clase social alta. Y, precisamente, fueron las que desempeñaron algunos trabajos dentro de la administración (más abundante durante el R.Antiguo y Medio), como: gobernantas del palacio de la reina, portadoras del sello, supervisoras de las pelucas, tesoreras, médicos, escribas (seshet), nodrizas de la realeza, visires…

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También tenemos mujeres empleadas en otro tipo de trabajos, como: panaderas, sirvientas, comadronas, empresarias, peluqueras (en la tumba de la reina Neferu -esposa de Mentuhotep II– aparecen representadas dos peluqueras, Henut e Inu). Destacando especialmente:

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Plañideras: mujeres que eran contratadas para acompañar al cortejo fúnebre, mientras que lloraban, gritaban, danzaban, rasgaban el pelo (utilizaban pelucas rizadas) y se arrojaban tierra en la cabeza en señal de luto. Además, de vestirse de blanco,  perfumarse con incienso y se purificarse con natrón.

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Tejedoras: fue a partir del R. Nuevo cuando las mujeres empezaron a despuntar en este oficio, sobre todo en la elaboración del lino. Un monopolio de la realeza, con títulos como “Supervisora de tejedoras”.

2. La mujer y el clero

La repImagen 8resentación femenina dentro del clero nunca fue masiva, pero tenemos sacerdotisas vinculadas a diferentes dioses: Min (dios de la fertilidad, vegetación…), Neith (diosa de los tejedores, guerra…), Bastet (diosa del hogar), Taweret (diosa de la fertilidad y las embarazadas)… Destacando especialmente el culto a Hathor y Amón.

Culto a Hathor: (diosa del amor, música, baile, las artes…): el núcleo de su culto se ubicaba en el templo de Dendera, era el más extendido entre la población femenina y estaba relacionado con el baile y la música. De hecho, las sacerdotisas de Hathor son representadas con un sistro (instrumento musical de metal, parecido a un sonajero y que al agitarse suena) y el collar menit (compuesto por diferentes hileras de cuenta, unidas a la espalda por un contrapeso).

Culto a Amón: dentro de éste destacaba el  título de  “Divina Adoratriz de Amón”[6] (Duat Netyer), que en su mayoría era ostentado por las mujeres de la realeza (sobre todo a partir de la D.XVIII), en concreto la Gran Esposa Real.

Entre sus funciones, se encontraban: el cobrar de impuestos, dirigir ritos, realizar ofrendas… Lo que indica, que las mujeres que poseyeron este título llegaron a tener una gran influencia económica y política.

Así mismo, dentro de ambos cultos se encontraba el título de Weret Hener, mujeres de los altos funcionarios que formaban bandas musicales. En concreto, tenemos las Shemayt para Amón y las Hesyt para Hathor.

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Por otro lado, también hay que mencionar la presencia de las mujeres en los cultos funerarios, con títulos como Henet-Ka (Sirvientas del Espíritu: sacerdotisas funerarias) o Hener (mujeres que cantaban y bailaban dentro del culto funerario). Pero, con el tiempo la presencia de éstas (más abundantes durante el R. Antiguo)  fue decayendo a favor del hombre, y la mujer pasó a realizar ofrendas al difunto.

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3. La mujer en el matrimonio

El matrimonio en el Antiguo Egipto no existió como una ceremonia religiosa o civil. Es decir, que no se daba como una ceremonia pública (no tenían ningún término que lo designase como tal). Más bien, era un asunto privado en el que se realizaba el acto de “Fundar una casa” e iniciar una vida en común con el objetivo de tener descendencia. “…Cásate mientras seas joven, que ella haga un hijo para ti; ella debería tenerlo para ti mientras seas joven. Lo correcto es hacer personas. Es feliz el hombre que tiene muchas personas. Se le saluda considerando su descendencia…” Enseñanzas de Any.

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Aún así, se tiene constancia que previamente se realizaban contratos matrimoniales en los que se establecían una serie de cláusulas: gestión de bienes, indemnización por separación, establecimiento de herederos, acuerdos de dotes –“shep en sehemet”– (sólo en Baja Época y  Periodo Ptolemaico)…

También sabemos, que: la edad para el matrimonio oscilaba entre los doce/catorce para ellas y dieciséis para ellos, que los matrimonios podían ser libres o pactados entre familias de la misma clase social[7] o miembros de la misma familia (para mantener la propiedad familiar), que el matrimonio entre hermanos se dio solo dentro de la Familia Real (para mantener la pureza de la sangre)  y que, por lo general, era más común la monogamia (poligamia permitida solo para los hombres).

En cuanto al divorcio “La Partida/Salida”, se realizaba comunicándoselo al cónyuge y delante de testigos. Una vez roto, la mujer solía abandonar la casa para volver a la de los padres, con las propiedades que había aportado al matrimonio e incluso a veces con algún tipo de indemnización (como por ejemplo cuando era repudiada).

En lo que respecta a los motivos alegados en el divorcio, los más comunes fueron tres: incompatibilidad, esterilidad y adulterio. Los dos últimos, fueron especialmente agresivos para la mujer, en el sentido de que una mujer estéril no estaba bien vista en la sociedad (ya que una de sus funciones era tener descendencia) ya que a las mujeres casadas no se las permitía ningún tipo de desvío sexual. Llegando a emplear el castigo físico sobre ellas, como se plasma en el “Cuento de los dos hermanos” (en dónde la mujer infiel es asesinada).

Aunque, los malos tratos hacia las mujeres eran denunciables por alteración de maat, no fue lo más común: “… Año 20, tercer mes del verano, día 1: Día que el trabajador Ame-em-ope compareció ante el tribunal: En cuanto a mí, mi marido (…). Entonces me pego, me pego (…). E hice que trajeran a su madre, él (…). Se encontró que no tenía razón (…)…”  Ostraca Nash 5, Deir el-Medina.

Igualmente, tenemos los restos de una mujer  de unos treinta años (Abidos, R.Medio) que pudo ser víctima de malos tratos, debido a las patologías que ofrece su cuerpo: mano izquierda, muñeca izquierda, radio/cúbito fracturados y fisura entre la quinta/sexta costilla izquierdas realizada con un objeto cortante que le produjo la muerte. Ante estas evidencias, los paleopatólogos llegaron a la conclusión de que debió morir asesinada tras toda una vida de malos tratos.

Por otro lado, poseemos casos de violencia psicológica en un ostraca (Deir el-Medina) que recoge el caso de un marido que expulsó varias veces de casa a su mujer, para imponer su autoridad y hacerla sentir que dependía de él: “… Su mujer pasó cuarenta días viviendo conmigo en mi casa, y la alimenté (…). Y él la expulsó otra vez, y ella pasó veinte días en casa de Menna, al que di alimentos…”

4.La mujer y la cuestión jurídica

En el Valle del Nilo no existieron leyes que formaran parte de un código legislativo, más bien “costumbres” que regían la vida de sus ciudadanos  y que establecían lo que estaba bien y mal.

En lo que se refiera a la mujer, se sabe que tuvo cierta igualdad jurídica (se fue limitando a  medida que el contacto con el exterior era mayor):

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  • Podía gestionar y administrar su propio patrimonio o negocio: En el Papiro Wilbour, que trata sobre la producción de trigo y propiedad de tierras, aparecen mujeres que arriendan.
  • Redactaba su propio testamento: en la tumba de Metchen (2600 a.C. Sakkara), se encuentra el primer testamento de una mujer. En el que la madre de Metchen deja a sus hijos parte de sus tierras y propiedades.

O el testamento de la dama Naunakhte (que vivió durante el reinado de Ramses IV), en el que especifica que sus hijos no recibirán nada de sus bienes, porque se sentía maltratada por ellos “…En cuanto a estos cuatro hijos míos, no tendrán participación en la división de toda mi propiedad. En cuanto a la propiedad del escriba  Qen-her-khepesh-es, mi primer marido, y también su propiedad inmuble y el almacén de mi padre (…), ellos no tendrán parte de ello. Pero estos ocho hijos míos tendrán su parte en la división de la propiedad de su padre en igualdad de términos…”  Papiros del Museo de Ashmolean.

  • No necesitaba un tutor legal.
  • Actuaba ante la ley en su propio nombre.
  • Podía testificar y acusar en un juicio.
  • Podía solicitar el divorcio.
  • Si era acusada de algún delito, se exponía a los mismos castigos que el hombre.

5. La mujer y su imagen

La imagen que nos ha llegado de la mujer a través del arte, es la de una mujer joven, esbelta, tez pálida (como símbolo de pureza y entre la clase alta) y que prestaba una gran atención al cuidado de su vestuario, pelo y maquillaje.

Vestuario: estuvo directamente ligado al clima del Valle del Nilo, de forma que se utilizaba ropa ligera para protegerse del sol.Imagen 13 Por lo que, el tejido más usado para la confección de prendas fue el lino, ya que era un tejido suave, ligero y fresco. También,  en menor medida y en época tardía, se llegó a utilizar la lana (tejido que era considerado impuro por las clases más altas).

En cuanto a la evolución de la moda,  se observa cómo se tiende a cubrir cada vez más el cuerpo entre las clases altas, porque la desnudez empieza a relacionarse con un bajo estatus social.

  • Antiguo/R. Medio: durante este lapso de tiempo el vestido más común fue el kalasiri, una túnica larga y ceñida, con dos tirantes que cubrían los pechos. Y  que, a veces  se acompañaba con una capa para cubrir los hombros.

En lo que se refiere a los colores empleados para las prendas, lo normal era el blanco. Pero entre las clases altas el kalasari podía presentarse en varios colores y decorados con cuentas y bordados geométricos.

  • Nuevo: debido al contacto con otras culturas se empiezan a introducir novedades en el vestuario: tejidos de más colores, túnicas más vaporosas, plisadas, transparentes, anudadas, con mangas y con cinturones. Además de extenderse el uso de los mantos.

Cuidado del pelo: las egipcias prestaron una gran atención a su cabello (quizás porque el pelo tenía un fuerte componente erótico), tanto en su lavado, en la utilización de aceites, perfumes, extensiones y tintes. Como en la elaboración de peinados y utilización de pelucas[8] (de cabello natural y fibras vegetales), las cuales fueron evolucionando hacia una mayor complejidad:

  • Antiguo: peinados cuadrados, lisos y hasta los hombros o tripartitos (dos mechones laterales y un tercero en la espalda).

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  • Medio: se mantiene el pelo hasta los hombros, se extiende el tripartito y se introduce el hathórico (una melena más abundante y un poco más ondulada, compuesta por dos espirales a ambos lados de la cara)
  • Nuevo: se mantienen los peinados tripartitos y hathóricos, pero se añaden peinados más complejos, con distintos tamaños, más voluminosos y decorados con cintas, flores de loto, cuentas policromadas, diademas y coronas.

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Mención aparte, merece la relación del pelo y las bailarinas, estas solían mover el cabello al ritmo de la música (desordenar el pelo como elemento sensual) y entre los peinados más utilizados por éstas, destaco la trenza lastrada; una trenza, en cuya base se enganchaba un peso metálico, de forma redondeada y que al moverse sonaría como un sonajero.

En lo que se refiere al maquillaje destacó el uso de Kolh (sulfato de antimonio que se usaba para evitar infecciones oculares) para marcar la línea de los ojos, sombras azules y verdes procedentes de la malaquita/azurita machacada y mezclada con grasa, y labios/coloretes  en tonos rojizos/rosáceos.

Rocío Rivas Martínez

Referencias

Albalat,D.,  “La mujer en el Antiguo Egipto” Fórum de Recerca,13,2008,pp.275-282

González Serrano, P., “ El vestido y la cosmética en el Antiguo Egipto”. Espacio, tiempo y forma. Serie II, Historia Antigua, 9, 1996, pp. 31-54

Martín Valentín, F.J., Bedman., “La mujer en el Antiguo Egipto”. Aventura de la Historia (Instituto de Estudios del Antiguo Egipto), 2009, pp. 1-8

Parra, J.M., La historia empieza en Egipto, Crítica, Barcelona, 2011, pp. 61-75, 197-207.

 Parra, J.M., Gugel.B., Olbés. I.,  Navajas. A.I., Egipto: el culto a la muerte junto al río de la vida, Edimat Libros, Madrid 2008, pp.263-291

Velasco Pírez, A., “Un acercamiento a la simbología del peinadao en el Antiguo Egipto”. Antesteria, 1, 2012, pp. 289-303

[1] Literatura que tiene como objetivo enseñar/aconsejar al lector.

[2] Narración mitológica sobre la creación/origen del universo.

[3] Dios creador dentro de la Cosmogonía Heliopolitana.

[4]  Poblado egipcio (fundado por Tutmosis I, D.XVIII) en dónde residía los obreros encargados de la construcción de las tumbas reales del Valle de los Reyes.

[5] Un ostraca (fragmento de cerámica sobre el que se escribía) del poblado de Deir el- Medina  que contiene la lista de la ropa para la colada, atestigua que había mujeres que sí que sabían leer y escribir

[6] Ligado a éste título también estaban otros, como: “Esposa del Dios” o “Mano del Dios”.

[7] Existían matrimonios entre diferentes clases y con esclavos liberados.

[8]  Las pelucas eran utilizadas a modo de turbante para proteger cabeza del sol.

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