Jacqueline Delanque se lamenta de no tener una familia más interesante para poder contarle al policía que la detiene historias divertidas y aterradoras. Solo tiene una madre poco habladora que morirá pronto. Jacqueline, a la edad de 15 años, soñaba con tener otra familia. ¿Quién no ha soñado con eso alguna vez? Este personaje de ‘El café de la juventud perdida’ de Patrick Modiano, bien podría haber sido un personaje de Koreeda, uno de los cineastas que mejor ha filmado a la familia. La pregunta que le ronda a Koreeda a la hora de contar historias es ¿qué es lo que en realidad une a las familias: la sangre o la costumbre? La respuesta toma la forma de relatos hermosísimos, no exentos de crudeza, y su visionado nos ayuda a ver lo que está más allá de lo evidente. Y casi nos impulsa a desear el vínculo que sostiene a las familias que recrea en sus películas. Un vínculo que, la mayor parte de las veces, no se basa en el parentesco.

Esto ocurre también en Cicely, la comunidad utópica que nos mostró, allá por los 90, la serie Doctor en Alaska. La ciudad imaginaria fue fundada por dos mujeres que no estaban emparentadas, pero sí enamoradas y que huían, precisamente, de los que no entendían esa unión sin parentesco. Cuando el espectador se instala en Cicely ya han pasado muchos años desde su fundación, pero en varios capítulos se recuerda el origen de la ciudad. Es este origen inconformista el que le otorga ese carácter de clan abierto que acoge a los que huyen de una sociedad protocolaria, intolerante y normativa en exceso. Es el refugio de los que han decidido empezar de nuevo en otro lugar. Algunos olvidaron a sus familias de sangre y construyeron otros lazos a través de los cuales desarrollaron la capacidad de vivir en libertad.

Podríamos decir que el parentesco es algo pasivo e, incluso, a veces, forzado, en el sentido de que uno no elige a su familia de sangre, pero hubo un tiempo en el que determinaba los derechos y los deberes del clan, tal y como apunta V. Gordon Childe (1892-1957). Dice Childe que la calidad de los miembros se basaba en la sangre, un elemento, la sangre, que Lewis H. Morgan contrapone a la familia como base activa de la sociedad. La consanguinidad se conseguía a través de la exogamia, es decir, del intercambio de miembros entre grupos heterogéneos. El intercambio de mujeres, claro, que eran las portadoras de la fecundidad y que han sido moneda de cambio desde la noche de los tiempos, aunque no desde siempre. Según Carmen Olária, profesora de Arqueología y Prehistoria de la Universidad Jaume I de Castellón, hubo un momento prehistórico en el que sí hubo un sistema relativamente igualitario, posiblemente en las primeras comunidades del Paleolítico. De la conclusión de que existían estos grupos igualitarios, posiblemente matrilineales, surge la leyenda de las sociedades matriarcales. La antropóloga Françoise Heritier (1933-2017) se ha hartado de decir que nunca existieron y que el mito de la sociedad matriarcal se construyó para legitimar el patriarcado. Nunca hubo sociedades en las que los hombres vivieran en un estado de sometimiento y humillación por parte de las mujeres. De la relativa igualdad se pasó al sometimiento de la mujer, primero a través del intercambio de mujeres entre grupos y después con otras formas más sofisticadas de opresión.

El francés Robert Guédiguian combina, en sus películas, la sangre ‘pasiva’ y la familia como sujeto social activo de Morgan. Por lo pronto, trabaja con el mismo equipo de actores desde la década de los 80. Son una familia sin parentesco que interpreta a familias de sangre, intercambiándose los papeles en cada historia que Guédiguian quiere contar. Su cine está traspasado por un claro compromiso social, diferente al de Koreeda y diferente al de Fernando León, demiurgo también de grandes historias familiares. La madre de todas ellas es ‘Familia’, una cinta que nos habla, sobre todo, de la necesidad de compañía. De la soledad. De esta necesidad de compañía surgen las familias de sangre, los matrimonios y los hijos, aunque no siempre a la luz de la conciencia. No es un parentesco forzado, como ocurría en las sociedades primitivas, pero tiene algo de obligación. En definitiva, somos seres gregarios en tanto que necesitamos de los otros para sobrevivir y también para vivir, sin embargo, hay pocas alternativas a lo que la sociedad de consumo impone. ¿Determinismo posmoderno?

Un tema espinoso el de la sociedad de consumo que nos consume hasta el alma y las ganas y dirige hasta nuestros deseos por el pasillo correcto. Quieres café, aquí. Naranjas, aquí. Relaciones, al fondo del pasillo. Sobre esta cuestión habla la socióloga Eva Illouz que plantea la dificultad de encontrar roles más allá del mercado de consumo. Illouz sostiene que la familia se ha adaptado a los cambios sociales, ha mutado, pero sigue siendo lo mismo: un conjunto de consumidores. De alguna manera, la familia se ha adaptado al mercado en lugar de revelarse contra él. Uno puede revelarse individualmente contra su familia de sangre, pero revelarse contra el mercado supone una acción colectiva mucho más compleja.

La familia, sea de sangre o de costumbre, supone, en última instancia, un núcleo importante de estudio para muchas disciplinas al considerarse la avanzadilla de lo social, el ensayo de lo que luego será nuestra puesta en escena con el resto de ciudadanos. Pero también sirve al arte. A través del cine, hemos podido acceder al conocimiento del mecanismo social de muchas culturas. Para terminar, dejo una pequeña lista con algunas películas, todas deliciosas, crudas, entrañables, terribles. Maravillosas.

– Un asunto de familia (Hirokazu Koreeda)

– El camino a casa (Zhang Yimou)

– Como nuestros padres (Laís Bozansky)

– Las furias (Miguel del Arco)

– María y los demás (Nely Reguera)

– Hace mucho que te quiero (Philippe Claudel)

– Verano 1993 (Carla Simón)

– La mirada del hijo (Calin Peter Netzer)

– Pequeñas mentiras sin importancia (Guillaume Canet)

– Incendies (Denis Villeneuve)

– Los amigos de Peter (Kenneth Branagh)

– Pupille (Jeanny Herry)

– Mustang (Deniz Gamze Ergüven)

Susana R. Sousa

Mitad persona, mitad animal

Referencias

https://metahistoria.com/gordon-childe/  ENLACE V. GORDON CHILDE

http://www.katzeditores.com/fichaAutor.asp?IDA=94 ENLACE EVA ILLOUZ

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