Eric R. Wolf entendía como comunidades campesina cerradas como aquellas en que los campesinos tenían un control efectivo de la tierra y que llevan a cabo sus operaciones agrícolas como medio de subsistencia, no como negocio para obtener beneficios (Wolf 1955).

Estas comunidades tienen como prioridad el mantenimiento de su territorio y la conservación de sus tierras. No permiten la venta de éstas a forasteros.

En México, a mediados del siglo XIX, existían muchas comunidades cerradas. En las décadas de 1950-1960 es cuando muchas de esas comunidades empiezan a pasar el proceso de comunidad cerrada a comunidad abierta. En el caso de la comunidad del Anono, ubicada en el norte del Estado de Veracruz, tienen mucha influencia el crecimiento de las hoy ciudades de Tuxpan, Tampico, Matamoros y posteriormente Reinosa y Monterrey. Estas ciudades empezaron a despuntar como ciudades industriales; en ellas se instalaron grandes fábricas de ropa, calzado, autopartes, etc. En el caso de la ciudad de Tuxpan, el incremento de una sociedad dedicada a la ganadería reclutó expertos, que llegaron a vivir con sus familias y serían la nueva clase alta. Esto llevaría a muchas mujeres de los pueblos a buscar trabajo como empleadas de casa.

En el proceso del cambio, la comunidad busca la forma de asimilar la pérdida de sus habitantes, que empiezan a emigrar. Surgen leyendas, historias, empieza un tipo de chismorreo acerca de los que se van de la comunidad, se escuchan rumores, pactos con espíritus, se critica a quienes se casan con foráneos.

Camino a la comunidad del Anono

Era el año de 1962, recuerda Martina, entonces dice: no había luz en el pueblo, no había televisión, la primera televisión llegaría en 1968 aproximadamente. Entonces teníamos radio, le poníamos pilas, pero no siempre había dinero para comprarlas. Entonces papá nos contaba cuentos, se juntaban muchos niños a escucharlo. Pedro se llamaba papá, nosotros lo escuchábamos, imaginábamos todo lo que nos contaba.

iras y no volveras
Boda del tío paterno de Martina que Emigro a Tuxpan

En ese tiempo los muchachos empezaron a irse a la cuidad, sobre todo a Tuxpan, fueron más mujeres las que se fueron. Yo fui una de las primeras, tenía 13 años. Nos íbamos a Tuxpan a limpiar casas. ¿Antes de eso? Pues no, la gente no tenía necesidad de irse fuera, aquí se sembraba maíz y frijol y de eso comíamos y a veces llegaban a comprar de fuera, pero casi no. No se necesitaba dinero, no había molino de luz, no había tiendas. Comíamos de lo que se cosechaba. Los hombres como papá trabajaban a veces en el corte de caña o en los trapiches, ahí si les pagaban con dinero. Porque también trabajaban limpiando milpas, pero eso era para ganar mano, ahí trabajando en eso fue donde mordió la culebra a papá y murió. Fue como en setenta y algo cuando papá dijo de sembrar naranja y mandarina, pero él ya no alcanzo a ver los arboles llenarse de naranjas, murió un año antes.

iras y no volveras
A la derecha Pedro, seguido de su esposa, dos de sus hijas y algunas vecinas. Martina sentada en la silla.

Parece que lo estoy viendo, sentado en su banco y todos los niños sentados en el suelo escuchándolo. Le decíamos; apa cuéntanos un cuento y nos lo contaba, también contaba cuentos a los señores y fumaban tabaco enrollado y se echaban sus tragos, mama también ahí junto a él. No sé porque ahora las mujeres no se sientan con los hombres como antes, antes las viejitas tomaban y fumaban junto con sus maridos.

Te voy a contar el cuento que se llama: irás y no volverás.

Esta historia es la de un muchacho; que no le gustaba salir de casa y mucho menos pensaba salir de su comunidad.

Su familia lo invitaba a salir, a que divirtiera un poco. Cuando había alguna fiesta en las comunidades vecinas, lo animaban a que fuera, a que se relacionara con gente de otros lugares. A lo que él siempre contestaba que no. Que él estaba bien ahí en su casa, que nada tenía que buscar fuera.

Hasta que un día finalmente lo convencieron. Así que se a una feria que se celebraba en otro pueblo, al llegar a ese lugar, nada le gustaba, encontraba todo aburrido y a la vez extraño.

Pero cuando iba regresaba a su casa todo desanimado y convencido de que era mejor todo lo que tenía en su casa y en su pueblo. Se encontró con un señor que necesitaba guardar unos costales, esos costales estaban llenos de dinero. El muchacho lo ayudo a meterlos en un tronco de árbol que había por el camino. Así, pues empezaron a platicar.

Mira muchacho, le dijo el señor, de allá donde vengo el dinero se gana muy fácil, hay mucha riqueza, se trabaja poco, se vive mejor, allá es bien bonito para formar una familia, hay cosas muy bonitas, muy nuevas. Yo te voy a dejar mi dirección, si un día te animas a ir, ya sabes que puedes visitarme y yo te echaré una mano en lo que necesites.

El muchacho siguió su camino.

Ay ¡qué malo! En este papel solo pone el nombre del pueblo. IRÁS Y NO VOLVERÁS.

¿Pues que será eso? Se pregunto. ¿Cómo será aquel lugar? Me voy a animar a ir, ya que mi familia quiere que salga.

Así aquel muchacho se puso a averiguar cómo se llegaba a aquel lugar. Empezó a salir de la casa, a visitar gente, preguntando cómo llegar, si alguien había ido a ese lugar. Su familia estaba feliz, por fin el muchacho se interesaba por algo que estaba fuera de casa y del pueblo.

Siguió por mucho tiempo preguntando y nadie sabía de ese lugar. Hasta que un día un hombre le dijo que visitara a la curandera del pueblo. Que ella mediante un trabajo podía ayudarle.

Cuando el muchacho llegó a la casa de la curandera le preguntó por aquel lugar. La curandera se quedo callada un momento y le dijo: muchacho ¿Quién te dio esa dirección? Él le contó cómo fue que tenía esa dirección. Ella contesto: mira gito, pues esa dirección sí existe, yo te puedo decir cómo llegar. Pero tienes que saber que, si vas no podrás volver. Él lo pensó un momento. Mire, le dijo, ya anduve mucho tiempo de allá para acá preguntando, ya caminé mucho y pues ya le hallé el gusto a esto de salir. Yo quiero ir, si usted me ayuda.

Está bien muchacho, te voy a decir lo que tienes que hacer para llegar. Mira, tienes que estar en el monte una noche, ahí va a llegar un tecolote (búho) el te llevara hasta ese lugar y te dirá lo que tienes que hacer cuando llegues.

El muchacho se despidió de su familia, todos muy contentos se despidieron. Por fin el muchacho saldrá lejos del pueblo.

En la noche, ya en el monte, él estaba esperando, cuando ve que se acerca algo volando. Es el tecolote que baja y le dice que suba. El muchacho se acomoda en él y se agarra muy bien de las plumas del cuello. Cuando empieza a subir el tecolote, el muchacho mira su pueblo y siente tristeza de dejar su lugar donde creció, pero al mismo tiempo quiere saber que hay en ese lugar nuevo a donde va.

El tecolote le dice: mira muchacho, cuando lleguemos te dejaré cerca de un río. Ahí vas a encontrar a una muchacha, la muchacha más fea que nunca antes has visto. Tú tienes que hablar con ella. No sé cómo le hagas, pero tienes que hablar con ella. Sin su ayuda no podrás llegar a ese lugar.

Exactamente como le dijo el tecolote; el muchacho caminó cerca del río y vio a una muchacha que se estaba bañando. Debe ser esa, ahora cómo le hablo. Ya se le voy a esconder la ropa.

El muchacho agarra la ropa de la muchacha y se sube a un árbol. Ésta cuando sale del río y ve que no está su ropa, empieza a buscar, entonces el muchacho mira como la muchacha olfatea como si fuera un perro.

Aquí me huele a humano dice la muchacha, huele a hombre. Entonces alza la vista y ve al muchacho que está en el árbol con su ropa.

¿Qué haces aquí muchacho? ¿No sabes que si mi padre te ve, te matará?

No, mira, contesta el muchacho, yo a tu padre lo conozco, él me dijo que si algún día quería venir con gusto me recibiría.

Has de saber muchacho que si quieres sobre vivir aquí, tienes que hacer todo cuanto yo te diga. Mira, mi papá es muy especial, el siempre te dará a escoger las cosas, de todo lo que veas, tu escoge siempre lo más pequeño, lo más poquito, lo más feo, lo que nadie quiere. Sino mi padre te matara.

Entonces lo lleva a casa de su padre, el hombre los alcanza a ver por el camino y reconoce al muchacho. Sale a recibirlo y le dice: ¡pero hombre muchacho! ¿Cómo llegaste hasta aquí?

Él le contesta que preguntado. El señor lo conduce hasta su casa y lo hace pasar. Entonces le dice que tome asiento y saca tres sillas, una grande, otra mediana y una pequeña. El muchacho elige la pequeña. El señor le dice: pero hombre muchacho, ¿cómo eliges esa?, mira si esta grande es mucho mejor. Pero el muchacho se mantiene firme. Así sucede con todo, los platos de comida, el cuarto y la cama donde dormirá. El muchacho siempre elige como la muchacha le dijo. Lo más pequeño, lo más poco, lo más feo. Lo que nadie quiere.

Al día siguiente le dice: mira muchacho, para vivir aquí tienes que trabajar. Yo te voy a encomendar unas tareas. Entones el señor lleva al muchacho a un campo y le dice: mira muchacho, quiero que para mañana por la mañana hayas sembrado este campo con trigo, lo hayas cosechado y hayas hecho pan. El muchacho le dice que eso es imposible y él le contesta: mira si no lo haces te cortaré la cabeza.

El muchacho se queda en el campo muy triste, pensando en que va a morir después de viajar tanto para llegar a ese lugar. En eso aparece la muchacha del río y le dice: no te preocupes yo te voy a ayudar. Lo lleva a unas habitaciones, abre las puertas y de ahí salen cientos de niños que, siembran y ella hace que el trigo crezca y ellos lo cosechan y lo muelen y hacen el pan. A la mañana siguiente el señor va a revisar el trabajo y encuentra el pan que pidió. Pero hombre muchacho cómo hiciste todo esto dice el señor; él le contesta, pues he trabajado mucho y me he esforzado por cumplir con lo que pidió.

Mira le dice el señor, el siguiente trabajo que te voy a encargar es este ¿ves aquella montaña? No me gusta. Para mañana por la mañana cuando yo habrá mi ventana, quiero que ya no esté ahí.

El muchacho se queda otra vez triste, ¿cómo voy a mover una montaña? Nuevamente la muchacha le pregunta qué es lo que pasa, él le cuenta lo que le pidió su padre. No te preocupes le dice ella, yo te voy a ayudar. Entonces por la noche, la muchacha se va caminando hacia la montaña y se pierde a lo lejos en el camino hasta que desaparece, en ese momento la montaña desaparece y aparece en otro lugar. La muchacha vuelve por el mismo camino. Cuando el señor abre por la mañana su ventana, la montaña ya no está. Pregunta entonces al muchacho: pero hombre muchacho, ¿cómo lo hiciste?. El muchacho le contesta, pues me he esforzado, gracias a usted que me está dando la oportunidad de trabajar y de aprender.

El señor al ver que el muchacho cumple con lo que le pide, va y le platica a su mujer: mira mujer este muchacho, siempre elije lo que nadie quiere y todo lo que le pido lo hace.

La mujer le responde. Yo le voy a encomendar algo que no va a poder cumplir. El señor lleva al muchacho con su esposa y ésta le dice: andando yo en el mar, perdí una sortija de oro, quiero que la encuentres y me la regreses mañana por la mañana.

El muchacho nuevamente se encuentra triste, con todo lo que ha trabajado ya, con todo lo que ha pasado y escogido, va a morir. Nuevamente la muchacha le dice. No te preocupes yo te voy a ayudar. Mira tienes que traer un barril, una vela, unos cerillos, un cuchillo, un machete y una cuerda. Me vas matar y cortar en pedazos, vas a meter los pedazos en el barril junto con la vela y los serillos,  lo vas a amarrar con la cuerda, luego lo lanzas al mar y cuando veas una luz jalas la cuerda. El muchacho contestó: pero, ¿cómo voy a hacer eso?, si tú me ayudaste mucho, yo no puedo matarte. Es la única forma de encontrar el anillo le dice la muchacha. Después de un rato discutiendo, el muchacho acepta lo que le dijo la muchacha y hace lo que le dijo. Lanza el barril al mar y se queda en la orilla con la cuerda, después de mucho tiempo ve una luz en el mar y se dice; esa debe ser la vela que metí en el barril y empieza a jalar la cuerda y ve a lo lejos el barril que viene. Cuando llega a la orilla sale la muchacha sin daño alguno y con el anillo en el dedo.

A la mañana siguiente le entrega el anillo a la mujer. El señor le dice: muchacho has pasado todas las pruebas y has sobrevivido, es hora de que cases. Te vas casar con una de mis hijas, el señor, sacó a todas sus hijas y las formo de la más bonita a la más fea, entonces le dijo: mira muchacho, elige con la que te quieres casar. Él sin dudarlo escogió a la más fea, que resultó ser la muchacha que le ayudó en todo. El señor le dijo: pero hombre muchacho, cómo eliges a esta, si es la más fea de todas, mira esta es más bonita, el muchacho le contestó: no señor, usted me dijo que yo eligiera y yo quiero casarme con ella. El señor lo lleva a continuación a escoger un caballo y una montura, de igual manera el muchacho escoge el caballo más feo y la silla más vieja.

Después de todo esto. Se celebra el casamiento. Después los novios parten juntos por un camino, ella montada en el caballo y el a pie.

Cuenta la familia del muchacho que él se fue y nunca más volvió a su pueblo. Fin.

Yo decía papá, que me voy a ir, si aquí tengo que comer y no me hace falta nada. Ustedes cuidadito y se vayan para no volver.

Yo me fui a Tuxpan para acompañar a mi hermana, nunca regrese al pueblo, solo de visita. No me despedí de papá, cuando llegué ya lo encontré tendido, en su caja.

Yo les conté todos los cuentos a mis hijos. Solo espero que no los olviden.

iras y no volveras
Martina (en medio) con dos de sus amigas, fueron unas de las primeras en migrar a Tuxpan.

Este cuento es el reflejo de un intento de asimilar lo desconocido, la lucha entre salir o no del pueblo. La búsqueda de ayuda para salir y la esperanza de tener dinero, tanto como para llenar costales. Elegir siempre lo que nadie quiere como forma de humildad, característica de los pueblos indígenas en México. Para nosotros nada, para ellos todo. La lucha y el empeño en esforzarse por agradar al patrón, aun a costa de sufrir. La esperanza en tener una recompensa y formar una familia.

En la década de 1950-1960 empezaría el cambio a una comunidad abierta y no pararía nunca. Hoy 7 de cada 10 jóvenes se marchan a las ciudades en busca de una vida mejor, solo regresan en las fiestas importantes de la comunidad. La comunidad está empezando a ser una comunidad con gente mayor y la entrada de remesas ha provocado un cambio en la alimentación y en la forma de trabajo, lo cual ha afectado la salud de la población, en el 2016, 6 de cada 10 personas que entreviste tenían diabetes. Al mismo tiempo está surgiendo una conciencia de rescate de sus tradiciones. Los mismos jóvenes migrantes, por medio de las redes sociales convocan e invitan a participar y regresar al pueblo.

                                                                                                                 Aracely s. Cruz

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1 thought on “Irás y no volverás

  1. Interés me ha causado la historia de los pueblos cerrados donde el salir y no regresar hacen una fusión etnico-criolla que forman conglomerados humanos de nuevos grupos con migrantes en zonas urbanas pero eso sí sin perder la escencia de lo desconocidos por muchos y para nosotros parte de la vida cotidiana. FeliciFELIC

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