Grata la voz del agua

a quien abrumaron negras arenas,

grato a la mano cóncava

el mármol circular de la columna,

gratos los finos laberintos del agua

entre los limoneros,

grata la música del zéjel,

grato el amor y grata la plegaria

dirigida a un Dios que está solo,

grato el jazmín.

Vano el alfanje

entre las largas lanzas de los muchos,

vano ser el mejor.

Grato sentir o presentir, rey doliente,

que tus dulzuras son adioses,

que te será negada la llave,

que la cruz del infiel borrará la luna,

que la tarde que miras es la última.

Alhambra, Jorge Luis Borges

Tras la muerte de Muhammad V, los sultanes que lo precedieron ¾Yusuf II (1391-1392), Muhammad VII (1392-1408) y Yusuf III (1408-1417)¾ realizaron una serie de provocaciones contra los cristianos en forma de razias y escaramuzas que justificaron aún más los proyectos de Guerra Santa en Castilla, cuyo impulso final precipitó la caída del Estado nazarí que, para mantener la paz, se vio obligado a pagar cuantiosas parias durante cuarenta años, que agilizaron aún más su declive.

La situación de Granada durante el siglo XV fue desoladora. La derrota en el río Salado rompió la antigua alianza mantenida con el Sultanato meriní, por lo que quedó aislada de toda forma de ayuda exterior. Además, la posición estratégica de la que disfrutara tiempo atrás se debilitó por mor de la pérdida de plazas como Gibraltar o Tarfia, así como por la apertura de vías comerciales en el Reino de Portugal y África. Del mismo modo, las luchas entre los venegas y los abencerrajes, las principales familias del reino, provocaron una gran inestabilidad dentro de sus fronteras.

El gobierno de Muhammad IX (en tres períodos: 1419-1427; 1430-1431 y 1432-1445), sultán impuesto por los abencerrajes y denominado el Zurdo, se verá sometido a un período de guerra civil y continuos golpes de Estado instigados por el sultán depuesto Muhammad VIII (en segundo gobierno: 1427-1429) y Yusuf IV (1431-1432), que agotarán la fuerza granadina y debilitarán sus fronteras y economía, de forma que la amenaza de conquista por parte de los cristianos resultaba inminente, en especial tras la derrota sufrida en la batalla de la Higueruela (1431).

La reconciliación entre las familias que originaron el conflicto se consumó con la proclamación de Muhammad X, representante de los venegas, como sucesor al trono, aunque no fue más que una reconciliación aparente, pues los problemas continuaron y, así, en 1435 vemos que en el trono de Granada figuran dos sultanes: el mencionado Muhammad y Saad, que finalmente se quedará con el poder y será sucedido por Muley Hacén (Abu-l-Hassan Alí) y por Boabdil (Muhammad XII).

Los gobiernos de estos dos últimos sultanes fueron de consecuencias desastrosas para Granada. Por un lado, Muley Hacén empobrece las arcas del Estado y desarrolla una política fiscal que generó un grave descontento general. Además, se restauran las relaciones con las grandes familias que protagonizarían nuevos enfrentamientos, se realizan escaramuzas contra Castilla que, gracias a su enlace con Aragón por el matrimonio entre Isabel y Fernando, no sólo derrotaron a los nazaríes, sino que conquistaron nuevas ciudades a los musulmanes. Todo esto, sumado a la fuerte presión económica y comercial, acabó por derrocar a Muley Hacén que, con el apoyo de los castellanos, sería sucedido por Boabdil. Se abre así un nuevo período, el del último sultán de Granada, en el que habrá que hacer frente a la guerra y a la división territorial entre los seguidores de Muley Hacén ¾tras cuya muerte se producirá la proclamación como rey de su hermano, el Zagal, con el nombre de Muhammad XIII¾ y los del nuevo sultán.

El fin de la Guerra Civil Castellana y el matrimonio entre Isabel y Fernando proporcionaron la coyuntura y el empuje necesarios para finalizar los planes de hostigamiento y conquistar los restos del Reino Nazarí de Granada, que sufrió asedios desde 1484 hasta 1492. De este modo se perdieron Málaga y la Cora de Bayyana, se construyó el campamento de Santa Fe y el 2 de enero de 1492, tras sufrir el frío y la escasez de víveres, Boabdil rendiría Granada a los Reyes Católicos.

En lo que respecta a la personalidad de estos tres últimos personajes fundamentales en la historia del Reino Nazarí, hemos de citar las palabras de Camilo Álvarez de Morales, en las que expone que «siempre es difícil juzgar a las personas y más cuando entre ellos y nosotros median quinientos años. Sus acciones, aparte de por el propio carácter de cada uno, debieron estar condicionadas por las circunstancias. Ni uno ni otras pueden ser conocidos con detalle suficiente, pero por lo que la historia nos deja adivinar, entendemos que es esta lucha final entre Muley Hacén, que comenzó siendo un monarca duro pero justo, terminó convirtiéndose en un déspota; Boabdil nunca tuvo una postura clara. Se movió con ambigüedad en todo momento sin comprometerse a fondo con nada ni con nadie, jugando siempre varios papeles y muy posiblemente dominado por su madre, la sultana Fátima. El Zagal fue el único que se defendió desde el primer momento. En aquel tremendo juego de intrigas, luchas internas y combates abiertos contra los cristianos, siempre se mantuvo en la misma línea, ganándose el apodo de valiente, peleando sin la menor concesión y marchándose cuando no pudo resistir más».

Las capitulaciones, que debieron asegurar la integración de los pobladores de la ciudad, truncaron la posibilidad de una nueva sociedad, en la que convivieron el temor de los vencidos y el desprecio y la represión que sobre ellos ejercieron los vencedores. La violación de las cláusulas de la capitulación, el incumplimiento del pacto acordado entre ambas partes, trajeron consigo la emigración masiva de los musulmanes, por motivos políticos, religiosos, socio-culturales y económicos, que se vieron obligados a buscar más estabilidad en Melilla, Orán, Hunayn, los Estados de Túnez y Tremecén, el poderoso Imperio Otomano o Fez, la capital del Sultanato meriní. Por tanto, Granada había pasado de ser la principal receptora de refugiados judíos y musulmanes para convertirse en una emisora de exiliados, que huían del avance de las armas cristianas.

El Reino Nazarí de Granada, los restos del Al-Ándalus que empezaran a construir los omeyas con la derrota del rey Rodrigo en Guadalete, había desaparecido.

Rodolfo Padilla Sánchez

Referencias

VV.AA., (1987); Reino de Granada, V Centenario. Tomo I: El Islam; Ed. Ideal.

VV.AA.; (1992); Al-Ándalus. Las artes islámicas en España (pp. 127-172); The Metropolitan Museum of Art, Ediciones El Viso.

http://morosnazaries.es/

www.historialia.com/ http://legadonazari.blogspot.com/

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