Lo primero que corresponde confesar, tal vez lo único, es que ando tan ligero de palabras que la menor brisa me hace tambalear, me desequilibra y pone en riesgo mi integridad. Seis meses de volcarse en un texto es un esfuerzo que deja la huella del vacío. Así, por más que me rebusco los adentros, las palabras se esconden, pidiendo descanso, vacaciones, nunca más. Entonces hay que mirar los afueras. Y los afueras van variando, por supuesto. Sobre todo en esta temporada de cambio de estación, verano corto pasado, otoño imperdonable, que se presenta con días de sol piadoso y noches ya algo más que frescas. Una forma de año comienza alrededor del movimiento de las escuelas, su ritmo de idas y vueltas que despierta el barrio a la tarea de vivir.

Vendanges Montmartre (1)Este barrio tiene muchas particularidades; la mayoría residen en la historia y en ese hecho diferencial de ser una colina. Una de ellas, es que Montmartre es el único barrio de Paris, y probablemente de muchas capitales europeas, que cuenta con un viñedo entre sus calles. Recostado sobre la colina, junto a sitios emblemáticos como los cabarets Le Lapin Agile o La Maison Rose, donde gastaron sus días Utrillo, Modigliani y Picasso, y del Cimetière de Saint Vincent, donde descansa el primero de ellos, un terreno de unos 1600 metros cuadrados muestra en permanencia sus hileras de vides bajas, que hacia el final del verano comienzan a dar un fruto prometedor.

Las viñas llegaron a Montmartre con los romanos, que eligieron el monte para levantar un templo en honor al dios Baco, y honorarlo de paso con su brebaje.  Y al parecer el dios se sintió satisfecho con el sitio, porque durante los siglos XVIII y XIX la viña cubría buena parte de la zona. Cuentan que el vino de Montmartre llegó a alcanzar una calidad tal que se bebió en la Corte.  Dudoso logro en una república como esta, que vive alimentándose en discursos. Los viñedos de Clos Montmartre, en la esquina de la Rue Saint Vincent y Saules, tienen su origen en el siglo XII. Pero no línea directa con el presente; los viñedos tuvieron que sobreponerse a varios enemigos: la Revolución Francesa y la filoxera los más poderosos, aunque el que terminó por erradicarlos fue el gran enemigo Real, la especulación inmobiliaria. Es una resistencia heroica la que opone este pequeño viñedo en medio de unos terrenos que para La Gran Devoradora tienen un valor de vergüenza, y que comenzó cuando en la década de 1930 un grupo de artistas de la Butte tuvo la iniciativa de recuperar la tradición repoblando de vides el terreno.

Cada octubre desde 1934, Montmartre tiene su vendimia, y cada vendimia, su fiesta. Como Baco manda. Entonces la Butte se llena de gente que llega de todas partes, al calor del vino y de la fiesta, este año festejando a Van Gogh y al planeta; el esplendor de la cultura. En realidad, la vendimia es una excusa para reunirse, y la fiesta se ha ido transformando en la oportunidad de enfilar puestos de venta de las más diversas ingestas. Pero tal vez debiéramos acostumbrarnos a que en eso estamos transformando la cultura.  Alrededor, se organizan Vendanges Montmartre (2)actividades como los no-pedido de matrimonio, al estilo Brassens, los fuegos artificiales de la escalinata de Sacré Coeur o la visita a las viñas.

El vino que produce Clos Montmartre es especial, sin tener la pretensión de ser de los mejores de Francia. Unas mil quinientas botellas de  500cc de vino elaborado con Gamay y Pinot Noir son el resultado de un año, y del talento de los artistas locales, que las diseñan individualmente, de manera que cada botella es una obra única.

Y el vino también, alimentado de cabarets y cementerios, de la frondosa historia y del esquivo sol, el vino de Clos Montmartre no puede traer sino cosas interesantes al destaparse.

Fernando Blasco

Referencias

République de Montmartre

Mairie du XVIII

fetesdevendangedemontmartre.com

Comité de Fêtes de Montmartre

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