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Las 7 fases hacia el totalitarismo: Orwell, 1984 y la manipulación de la verdad

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Vivimos en una época en la que el éxito se mide en número de seguidores, donde los discursos conspiranoicos han ocupado su espacio en prime time, donde cualquiera tiene la “libertad” de decir públicamente lo que le venga en gana sin la necesidad de basar su discurso en pruebas científicas, donde los mensajes descabellados se ponen al mismo nivel que los hechos contrastados e investigaciones científicas. Estas características no vienen determinadas por una “mano negra” que controla los designios de la humanidad, pero determinan el camino de la sociedad actual por sí mismas.

El autor de obras como “Rebelión en la granja” o “1984”, George Orwell, estuvo siempre preocupado por las derivas totalitarias de las democracias liberales, bien por la expansión del comunismo soviético, bien por el ascenso de los partidos nazi y fascista, experiencias que combatió en la época que le tocó vivir. De esta preocupación extrajo una serie de fases que llevan a cualquier sociedad hacia el totalitarismo, no de forma traumática sino de forma aceptada e incluso deseada por buena parte de la población, pasaré a analizar cada una de ellas.

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Fase 1: Empobrecer la lengua.

Para Orwell la deriva al totalitarismo comenzaba con una primera fase encargada del empobrecimiento de la lengua. A este respecto, Wittgenstein exponía en su obra que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, exponiendo que todo lo que no podemos describir, nombrar, no puede ser conocido, así que, a menor vocabulario, menor complejidad de pensamiento y menor capacidad de análisis.

Hoy se han normalizado las faltas de ortografía en textos de mensajería instantánea, incluso se ha difundido el uso de emoticonos para que puedan sustituir a las propias palabras. La capacidad de comprender textos ha disminuido y los recursos literarios se han simplificado para que puedan ser entendidos por la mayoría de la población, en muchas ocasiones los libros se han sustituidos por “audiolibros”, donde ya hay alguien que lee por ti.

El Quijote contenía 22939 palabras distintas, hoy una novela de Megan Maxwell (líder de ventas en España) contiene menos de la mitad, con el objetivo de ser asequible al entendimiento del público de hoy. El contenido, forma y estilo de las canciones también se han simplificado: mensajes claros, directos y exentos de metáforas acompañados de ritmos simples y repetitivos, hacen que sean fácilmente absorbidos por el cerebro sin la necesidad de realizar ningún esfuerzo.

La segunda fase trataría de romper los vínculos que nos unen a los demás.2x

Fase 2: Destruir lazos sociales y familiares.

Desde Aristóteles hemos asumido que el ser humano es un ser social por naturaleza, estamos acostumbrados a compartir, colaborar, a ayudarnos, como explicara magistralmente Piotr Kropotkin en su obra “Ayuda mutua”.

Sin embargo, todo esto comenzó a cambiar con una frase lapidaria con la que daría comienzo una nueva forma de entender el mundo y las relaciones humanas: “la sociedad no existe, hay hombres y mujeres individuales”, esta frase fue pronunciada por la Primera Ministra Británica Margaret Thatcher en septiembre de 1987, en pleno auge de lo que se conoció como “La revolución conservadora” liderada por el presidente estadounidense Ronald Reagan y ella misma, que fundamentaron sus gobiernos en el desmantelamiento de los Estados del Bienestar que se habían construido tras la Segunda Guerra Mundial.

La ruptura de lazos de solidaridad, el ataque a los sindicatos y resto de organizaciones obreras, desvinculó a las masas de trabajadores convirtiéndolos en unidades, mucho más fáciles de doblegar a los intereses del gran capital, en España solo el 12% de los trabajadores están afiliados a un sindicato, por otro lado el fomento de sindicatos sectoriales o corporativos, ha alejado a las trabajadores y trabajadoras de sus intereses de “clase” vinculando al trabajador a su oficio desligado de los demás, dividiendo sus intereses y fomentando la individualidad. Por otro lado, el aumento del teletrabajo, que se ofrece como una formula cómoda para realizar el trabajo desde casa, está privando de un espacio de socialización donde se desvincula al trabajador físicamente de sus compañeros y por lo tanto de la posibilidad de unirse para compartir sus necesidades y problemas y del mismo modo de la capacidad de organizarse para luchar por sus derechos.

El triunfo del individualismo ha roto la dinámica clásica del desarrollo humano, el número de matrimonios ha descendido, y el crecimiento demográfico se ha desplomado, los intereses personales se priorizan y la asunción de responsabilidades adultas se retrasa todo lo posible.

El individuo egocéntrico se ha situado por encima del miembro de la comunidad, esta situación dará pie a la siguiente fase.

Fase 3: Abolir la verdad.

El desarrollo tecnológico nos ha dado acceso a una gran cantidad de información, sin embargo, vivimos más desinformados que nunca. La generalización de Internet revolucionó la comunicación y la difusión de datos, lo que da la oportunidad de acceder a casi todos los datos que se quieran conocer, no obstante, también dio la posibilidad de incluir cantidad de información falsa o engañosa que genera la desinformación y la confusión, poniendo al mismo nivel la información contrastada de cualquier absurda teoría de la conspiración.

El problema de poner en el mismo plano una teoría cierta de una falsa es que deja en manos del lector la facultad de elegir la que considere “cierta”. Una de las características de las teorías falsas, los bulos o como queramos llamarlos, es que se fundamentan en cuestiones que el lector puede comprender con facilidad sin necesidad de reflexionar, pensar o investigar sobre el tema. A esta situación debemos sumar el funcionamiento de las Redes Sociales que utilizan los algoritmos para que las teorías falsas se difundan rápidamente. Por otro lado, los medios de comunicación tradicionales han priorizado la opinión frente a los datos dejando a la verdad desdibujada, cobrando más importancia las opiniones que son afines a la manera de pensar del individuo por encima de los datos que pueden llevar al incómodo ejercicio de pensar.

Cuando la opinión sustituye a la verdad, la realidad se desdibuja y lleva a la población a ser fácilmente manipulada. Lo que nos lleva a la siguiente fase.3x

Fase 4: Suprimir la historia

La más efectiva de las formas de controlar el presente es controlando el pasado, ya que así se puede justificar las acciones del momento, es por eso que muchos movimientos mitifican el pasado, dulcificando unas veces o demonizando otras, etapas históricas que acomodan a sus propios intereses.

Por otro lado, la pérdida de interés por parte de la población por conocer los hechos del pasado los hace vulnerables a la manipulación y, como dice el saber popular, “quien no conoce su historia está condenado a repetirla” generalmente los episodios más oscuros de ésta.

Hay que tener en cuenta que la historia es una ciencia y como tal requiere investigación y análisis, un país que no invierte en conocer su propia historia deja en manos de otros países el resultado de esas investigaciones que pueden utilizar, y de hecho utilizan, en su propio beneficio.

En el caso de España, es paradigmático el relato sobre el Cid Campeador, que se representa como un caballero cristiano que luchó contra los musulmanes durante el periodo que se ha denominado “Reconquista” cuando la realidad es mucho más compleja y a la vez mucho más interesante. Pero no es necesario ir hasta la Edad Media, desconocer el pasado reciente es aún más peligroso porque desconocerlo puede ser utilizado para manipular a la población con relatos idealizados de una época que fue mucho más compleja de lo que se plantea.

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Si suprimir la historia es peligroso, la siguiente fase puede acarrear el delirio.

Fase 5: Negar la naturaleza.

El título de esta fase puede sonar ridículo, pero es una de las situaciones que más relevancia tiene porque se trata de negar lo evidente. En esta fase podemos contar las “teorías” más disparatadas como negar la eficacia de las vacunas, el cambio climático, la esfericidad de la Tierra o la teoría de la evolución, por ejemplo.

Esta fase va unida irremisiblemente a un ataque contra la intelectualidad, deslegitimar a los científicos que pueden desbaratar estas pseudoteorías. Para ello se pone en un mismo plano la pseudoteoría con las teorías científicas, ofreciéndoles a los creadores de bulos acientíficos espacios donde exponer sus “teorías”. Para generar desigualdad en la confrontación, previamente se pone en duda la teoría científica y como alternativa se presenta una respuesta sin aportar datos validados, etc., esta posición es asumida por parte de la población ya que no requiere investigación ni pensamiento crítico y para contrarrestarla es necesario leer, investigar, comparar, etc., que requieren un esfuerzo y cierta capacidad intelectual para llevar a cabo.

Y una vez que la sociedad niega lo evidente, está lista para pasar a la siguiente fase.

Fase 6: Propagar el odio.

Cualquier sistema totalitario necesita de un chivo expiatorio al que la población dirija su mirada con el objetivo de culparlo de los males que padece. Generalmente, la “víctima” propiciatoria será un colectivo con pocos recursos para defenderse, una población que ya ha renunciado a analizar y pensar por sí misma, es propicia a asumir cualquier tipo de mensaje que se le lance, cuanto más simple mejor. Cualquiera que esté dispuesto a confrontar estos mensajes de odio se convierte en enemigo y es neutralizado.

A lo largo de la historia han sido muchos los Estados que se han erigido en regímenes totalitarios alzando la bandera del victimismo, de la sociedad atacada, del peligro de la pérdida de identidad con funestas consecuencias, hoy esos mensajes se repiten y las acciones también.

Podemos ver como se realizan redadas de migrantes en Estados Unidos, como se proclama conceptos como la “Prioridad Nacional” o el concepto de “remigración” por toda Europa, como ejemplo de propagación de odio contra la población racializada o migrante.

Una vez que la sociedad victimizada encuentra un objetivo contra el que descargar su rabia, se le dota de un orgullo de un pasado glorioso al que aspirar y daría comienzo la última fase.

Fase 7: Aspirar al imperio.

La exaltación de un pasado imperial da un motivo de orgullo y se achaca su desaparición a las “malas artes” de colectivos enemigos, estos enemigos pueden ser un sistema político (generalmente democrático) o a aquellos que no encarnan los valores que se pretenden defender.

La época imperial se traslada como una etapa civilizatoria de pueblos atrasados, donde se llevó a cabo una expansión del conocimiento, sabiduría, etc., una labor que no ha sido agradecida por los pueblos que lo recibieron. Al haber sido suprimida la historia en la Fase 5, no importa lo que sucediera realmente, ni los motivos reales de la caída del Imperio.

Reescribir la historia es más fácil cuando la verdad no importa, cuando el mito sustituye a la realidad, justificar la vuelta al Imperio es mucho más fácil.

Finalmente, el Estado totalitario no llega como una imposición, sino como una demanda de la sociedad que ha dejado de pensar por sí misma y se pone en manos de un líder que les guie hacia un futuro de grandeza.

Puede que los patrones se vayan repitiendo en la actualidad, estamos viendo cómo crece la polarización entre la población para que abrace los postulados totalitarios, los mensajes van encaminados a cumplir cada una de estas fases, la pregunta que nos queda por hacer es ¿estamos a tiempo de dar marcha atrás?

“No hay nada que temer de los proletarios. Continuarán si se les deja aparte, de siglo en siglo y de generación en generación, procreando, trabajando y muriendo, no solamente sin sentir impulsos de rebelarse, sino sin la capacidad de entender que el mundo podría ser distinto de lo que es” George Orwell – 1984

Manuel Carmona Curtido

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