Durante todo el verano (del 1 de Junio al 18 de Septiembre del 2016) podremos disfrutar en el Museo Nacional de Antropología de una maravillosa exposición llamada Los colores del Ártico, en la que se muestran por primera vez en España piezas del arte textil inuit. Desde Anthropologies os animamos a acercaros al Museo para comprobar la riqueza de dichas muestras artísticas y romper barreras mentales.

Esta exposición ha pasado por más de 14 museos de diferentes partes del mundo, y ahora llega a nuestro país para deslumbrarnos con su relevancia. La exposición presenta la colección de arte textil de Judith Varney Burch, con obras realizadas por mujeres de la comunidad Buker Lake (Qamanittuaq en idioma inuktitut) asentada en Nunavut, Canadá.

Dentro del museo, encontramos un espacio de encuentro, interrelación y sobre todo entendimiento, que va más allá del conocimiento. Por este motivo es muy interesante que las obras vayan acompañadas de frases de las propias artistas, porque incita a conocer mejor la obra en su contexto, y nos ayuda a ser conscientes del estilo tan personal que muestra cada una de las autoras.

Esta colección, forma parte de la misión de visibilizar culturas indígenas que los responsables del museo llevan persiguiendo en los últimos años. Poner de relieve estas realidades es una muy buena forma de romper estereotipos en nuestra sociedad, además utilizando los medios que los propios inuits han elegido para mostrar su relato, sin mediatizar; se trata de un contacto directo entre ambas culturas.

Es importante tener en cuenta que el arte supone para los inuit una forma de contar sus historias y reflejar sus experiencias y tradiciones, y por lo tanto una forma de perpetuar su cultura ante los envites de occidentalización y homogeneización que reciben. Es su manera de contar al mundo lo que son y sienten y mantener sus tradiciones mediante su difusión.

Además de la belleza estética de las piezas expuestas, una de las cosas que más llama la atención es su colorido, en muchos casos el Ártico está asociado de forma estereotipada al blanco predominante y los tonos fríos, pero el arte textil inuit nos sorprende con un mundo de llamativos y cálidos colores que se mezclan por todas partes para formar piezas de lo más llamativo. Dicho despliegue del colorido es resultado del contacto con la naturaleza, tan importante para esta cultura, y reflejo de la flora de su hábitat; y es solo uno de los prejuicios con los que rompen.

Cabe destacar que la producción textil es exclusivamente femenina, y además de cumplir una función ornamental, supone uno de los condicionantes más importantes de la supervivencia, dadas las condiciones extremas en las que se desarrolla la vida inuit. Así, las mujeres se han convertido en expertas costureras (tanto para la creación de prendas como de su mantenimiento) desarrollando labores tan importantes como la confección de las pieles que recubren sus medios de transporte y viviendas.

Volviendo a las obras de arte, uno de los temas más importantes que se desarrollan en ellas es la naturaleza. Para la cultura inuit la “tierra” lo es todo, es donde viven los humanos y los animales y donde se dan sus necesarias interrelaciones, de esta manera, la tundra se convierte en el tema fundamental y transversal del arte textil. Al ser en sus orígenes un pueblo nómada, las estaciones y sus cambios condicionan sus recursos naturales y por lo tanto su vida, incluyendo sus manifestaciones culturales y artísticas.

Otro de los temas más repetidos es la nostalgia de la vida pasada. En la actualidad esta población vive en un campamento permanente con un territorio propio, por lo que se añora el pasado contacto continuo con la naturaleza y las formas de vida tradicionales relacionadas con la trashumancia, aunque fuera una vida más dura; de hecho, realizan continuas “escapadas” a lugares alejados donde poder seguir conviviendo con la tierra de manera más natural.

Las relaciones de género son otra de las inspiraciones fundamentales para las autoras. En su sociedad, las tareas se encuentran repartidas en función del género (los hombres se dedican a la caza y construcción de viviendas y las mujeres a las tareas domésticas y procesado de pieles) y esta división queda reflejada en sus producciones artísticas. A pesar de que este tipo de relaciones cambian en los asentamientos permanentes (las mujeres pasan a dedicarse al arte y siguen siendo importante para la familia) las dicotomías se siguen plasmando en sus tapices, para ello, se valen de símbolos: las mujeres son representadas por la lámpara de tierra y los hombres con el cuchillo de nieve.

Para concluir, es relevante señalar la importancia de las transformaciones, dentro de las artistas de segunda generación encontramos numerosas piezas en las que se aprecia la transformación de humanos en animales y viceversa, como símbolo de la conexión de esta cultura con el mundo natural.

Es todo un privilegio que una exposición como esta nos esté visitando para mostrarnos trazos de una cultura y un arte tan desconocido en nuestra sociedad.

Azalí Macías

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