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¿Cómo es posible que ante un mismo hecho distintas personas saquen distintas conclusiones? Formulada así, esta pregunta puede tener infinidad de respuestas, así que intentaré afinarla ejemplificando una situación común, durante un partido de futbol, se produce una jugada polémica dentro del área, tras visualizar las mismas imágenes, desde distintos ángulos y a diferentes velocidades, los aficionados de un equipo convendrán que se ha producido un penalti y los del equipo contrario estarán de acuerdo en que no es una jugada sancionable.

Ya que la decisión de los espectadores no influye en la decisión arbitral, debemos suponer que las personas que se decantan por una u otra opción lo hacen de buena fe. Su posicionamiento viene determinado en lo que se conoce como “sesgo de confirmación”, donde ponemos atención a detalles que avalan nuestra manera de pensar o nuestras emociones, con el objetivo de confirmar nuestra idea.

No hay más que echar un vistazo a distintos periódicos como la misma noticia tiene un enfoque distinto, dirigido a un perfil de lectores concretos, así las personas conservadoras tienden a leer prensa “conservadora” y las progresistas a leer prensa “progresista”.

Los profesionales de la comunicación son conscientes de este hecho y lo utilizan con el objetivo de aumentar el número de “clientes”, pero en el proceso queda maltrecho el que debería ser el mayor valor del periodismo, “la objetividad”.

Los medios de comunicación han dejado de ser herramientas útiles para permanecer informados, para convertirse en argumentarios donde los “hooligans” se arman de “razones” con los que cimentar sus ideas.

El uso de los ángulos para manipular imágenes, textos tendenciosos más llenos de dogmatismo que de datos objetivos, donde el lector no tiene que sacar ninguna conclusión, solo tiene que creer y repetir las ideas que acaba de leer o escuchar, además no cuestiona su veracidad, ¿cómo no va a ser verdad si es lo mismo que él/ella piensa?

Vivimos en un mundo donde todo transita a una gran velocidad, donde no hay tiempo para reflexionar, donde lo que hoy es importante, mañana cae en el olvido, por eso se evita que la gente piense, simplemente posa la semilla de la idea que pretende que germine y se pasa al siguiente tema. La idea va germinando regada con otros datos que parecen irrelevantes, y cuando sea necesario aparecerá un “ejercito de fieles” para defender una u otra idea que ha sido prefijada con anterioridad.

El ritmo que nos impone el modo de vida que nos ha tocado vivir hace cada vez más difícil tomarse el tiempo suficiente para reflexionar, pensar y evaluar cualquier situación, y cuando se pierde el hábito de pensar, el cerebro se termina atrofiando como un engranaje oxidado. Así que dedíquense unos minutos al día a pensar sobre aquello que en algún momento han dado por supuesto, quizás se sorprendan.

“No se trata de adaptar las aptitudes humanas al ritmo acelerado de los cambios del mundo, sino de hacer que ese mundo tan rápidamente cambiante resulte más acogedor a la humanidad”

Zygmunt Bauman

Manuel Carmona

Manuel Carmona

 

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