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Probablemente esta imagen haya bastado para captar la atención de más de uno. Miley Cyrus se ha convertido no sólo en uno de los ídolos musicales más populares del momento, sino en un icono juvenil cuyas apariciones públicas nunca dejan indiferente a nadie. La que comenzara siendo una niña buena de Disney optó por un polémico cambio de imagen que la ha puesto en el punto de mira de todos. Desde que abandonó la sonrisa cándida para sacar la lengua en un alarde de provocación, son muchos los que han tildado su conducta de vergonzosa, obscena o indecente; y también son muchos los que contribuyen a que se consolide como uno de los personajes públicos más exitosos. Se hable bien o mal, lo que está claro es que se habla, y mucho, de esta veinteañera. Miley Cyrus vende, y no es la única que lo ha conseguido gracias a una imagen llamativa. Madonna lo hizo en su momento con sus estrambóticas puestas en escena y Lady Gaga sigue sus pasos con una extravagancia patente en cada uno de sus gestos. Así es el mundo de las divas, un mundo en el que una gran voz no es suficiente para abrirse paso hacia el pedestal y mantenerse en lo más alto. El secreto está, cómo no, en saber lo que vende y estar dispuesta a ofrecerlo.

El panorama musical más comercial es el terreno perfecto para observar las grandes tendencias no sólo en la temática de las canciones, sino en la estética que se elige para presentar las obras y en la actitud que se muestra en los diversos medios en los que uno es representado. Así, a día de hoy podemos afirmar con total seguridad que el concepto de “chica mala” es más que rentable: es toda una inversión. Un concepto que será calificado negativamente pero que será un éxito de ventas inmediato, porque incita a una falsa esperanza de rebeldía contra los cánones de conducta socialmente aceptables para la mujer. Subrayo lo de falsa porque si bien el estereotipo de chica mala se presenta como alternativa a la chica buena (que es aquella cuyo comportamiento nunca se sale de las pautas marcadas por la sociedad, y que supone perpetuar las ideas tradicionales de lo que se establece que ha de ser una mujer normal), esta chica mala y desafiante no rompe del todo con las reglas, porque su atrevimiento sólo resulta atractivo hasta cierto punto. Volviendo a Miley Cyrus, su famoso twerking en los MTV Music148323 Awards de 2013 fue aparentemente provocador, pero no deja de ser una maniobra publicitaria bastante conocida. Se trata del clásico truco de la insinuación sexual, del acercamiento a lo prohibido. Un truco al que deberíamos estar más que acostumbrados por los numerosos anuncios de fragancias que juegan con la atracción sexual como reclamo para vender su producto. Estos anuncios llevan años recreando la fantasía heterosexual de que las fragancias masculinas permitirán a sus usuarios seducir a todas las féminas que deseen, mientras que las fragancias femeninas harán que su compradora llame más la atención. Este sutil matiz entre el hombre que lo consigue todo y la mujer que por fin consigue algo constituye un canon que se puede alterar de modo que en determinados casos se logre cierta igualdad en la consecución de logros entre los roles masculino y femenino; pero aun hoy asistimos al imperio subconsciente de unos valores que llevan a que la coreografía de una joven que quiere mostrarse revoltosa ante las cámaras, cause impacto a nivel mundial.

Está claro que si esos valores no estuviesen tan presentes en la moral colectiva, a nadie le habría importado que Miley Cyrus le hubiese restregado las nalgas a un tipo. Nadie habría puesto el grito en el cielo clamando que el baile de la muchacha fue más que picante, nadie habría salido en defensa de su aspecto revolucionario. Y desde luego, ni ella ni su equipo habrían tenido el más mínimo interés por llamar la atención de esta forma. Pero como decía un poco antes, hay unos valores que lo favorecen, y son los valores que marcan el límite entre lo que se considera aceptable y lo que trasciende esa barrera y se encamina hacia el mal gusto. Dichos valores constituyen el modelo de moral predominante, la llamada opinión pública, que se sustenta mediante críticas a lo que se presenta como una amenaza a los principios socialmente admisibles, pero la existencia de estos elementos transgresores es fundamental para que dicha moral predominante pueda mantenerse. Así pues, la imagen de Miley Cyrus es etiquetada de manera despectiva y se alude a que su actitud fomenta comportamientos indeseables en las adolescentes, pero sus propios padres las acompañan a sus conciertos. La joven cantante representa un modelo de conducta inadecuado, pero no llega a rebasar los límites establecidos por la opinión pública, por lo que puede seguir adelante con su estrategia comercial.

libro-50-sombras-mas-oscuras-editorial-grijalboComo digo, la música nos plantea un vasto campo de observación, pero no tenemos por qué ceñirnos únicamente a él. Podemos explorar distintas industrias culturales para encontrarnos con casos similares. Sirva como ejemplo el éxito del libro “Cincuenta sombras de Grey”, que recrea una relación sexual entre dominante y sumisa, fomentando todo tipo de críticas sobre su contenido pero sin llegar transgredir la línea que le impediría convertirse en un best seller. Una vez más, la opinión pública entra en juego para señalar aquello que considera que debería estar prohibido, pero no lo prohíbe, porque lo prohibido vende. Y a la opinión pública le interesa que se venda, que se consuma este tipo de contenido. Le interesa porque así es como se mantiene, y para ello hace un ejercicio de psicología inversa.

El hecho de que en pleno siglo XIX sean necesarios iconos como el de Cyrus, de quien vengo hablando desde el comienzo del artículo, o que la literatura erótica que contenga prácticas más cuestionadas se convierta en una válvula de escape, evidencia que la sociedad actual aqueja de una terrible represión sexual. La a opinión pública, cuyas directrices marcan lo socialmente aceptable, precisa demonizar ciertas conductas que bien podrían extinguirse si no se les prestase atención, y dichas conductas consisten en la insinuación sexual. Los síntomas no podrían ser más claros. Dicha represión es más fuerte especialmente en el caso de la mujer, pues busca modelos en los que inspirarse en un intento de diferenciarse del resto, y los que se le presentan como distintos son además tachados de inmorales. Por una parte se le dice que tiene que ser ella misma, pero se coartan sus intentos de serlo. Si es una “chica buena”, será aburrida. Si es una “chica mala”, será sucia. Haga lo que haga, está predestinada a cargar con una etiqueta. Puestos a cargar con una, pensarán las jóvenes en más de una ocasión, mejor cargar con una y con razón. Mejor ser una rebelde con causa. Y el modelo de rebelde con causa tiene poco de rebelde, como decía al principio, porque no es ni más ni menos que el tipo de mujer que vende. El tipo de mujer del que hablan tantas canciones y que por mucho carácter que tenga sigue siendo ante todo un objeto de deseo. Y a la música me remito una vez más, pues tenemos cientos de canciones que despejan toda duda de lo que ha de importar a la hora de fijarse en una mujer. Por continuar con ejemplos, uno sólo tiene que pararse a escuchar las letras de canciones de todo un género, el reggaeton, para captar estos mensajes. El reggaeton ha sido enormemente criticado por el alto contenido sexual y machista de sus melodías y videoclips, pero lejos de que lo pueda pensarse, la temática de sus letras no sólo va dirigida a hombres, sino también a mujeres y goza de gran popularidad entre ellas ya que alienta la búsqueda de modos diferentes de reafirmarse en la propia sexualidad. El problema radica en que la idea de feminidad que vende este tipo de música incide en un claro estereotipo de mujer en el que su cuerpo prima sobre todo lo demás.

reggaeton_2009

 Si bien cada vez hay más casos de marketing en los que se rinde culto al cuerpo masculino, sigue siendo mayoritaria la presencia de mujeres de gran atractivo físico para alentar al consumo de todo tipo de productos. En cualquier caso, el hecho de que hombres y mujeres se equiparen en cuanto al uso que las técnicas de venta hacen de sus cuerpos no es ningún consuelo, sino que se trata de una muestra desalentadora de que no se está trabajando en facilitar a la mujer los mecanismos sociales y culturales para que pueda adquirir un estatus alejado de su cuerpo. Tomar aquí una perspectiva de género resulta inevitable, como también lo es el debate entre quienes defienden que las mujeres que aceptan los estereotipos estigmatizados por la opinión lo hacen  porque tienen interiorizado el dominio del patriarcado; y quienes consideran que abrazar ejemplos a seguir como el de la actitud de la nueva Miley Cyrus es una seña de libertad sexual. Probablemente las dos partes esgriman sus argumentos sin buscar consenso por los siglos de los siglos. Nada cambiará hasta que seamos conscientes de que tenemos la clave del camino hacia la libertad sexual en nuestras manos. Todo pasa por evitar el prejuicio hacia la chica de al lado.

María Valhallen

Referencias

ella.laprensagrafica.com

peru21.pe

cupon.com.co

laresdj.com

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2 thoughts on “La falsa rebelde de cuerpo esclavo

  1. El tratamiento de la mujer como objeto sexual no ha terminado ni mucho menos; sólo ha cambiado la forma, pero no el fondo. Ahora se espera que la mujer se hipersexualice por sí misma y desee por libre voluntad presentarse como un objeto de deseo creyendo que esa es la mejor manera de reafirmar su autoestima y su valía como mujer (que no como persona). En resumen, vamos; «como ahora ya no te podemos encerrar, a ver si tú solita le coges gusto a las cadenas».

    Personalmente debo decir que mi opinión sobre el reggetón, Miley Cyrus y «5o sombras de Grey» tiene poco o nada que ver con la sexualidad ni con el machismo; los dos primeros son estilos musicales que no me gustan nada y el tercero es una trilogía pésimamente escrita, de una simplicidad vergonzosa, irreal y con unos personajes y nos diálogos que producen vergüenza ajena. Yo intenté leerlo por curisoidad y ni siquiera pude terminar el primer libro de lo terriblemente malo que me parecía. No tiene nada que ver mi opinión, pues, con el BDMS (que en su vertiente más «light» me resulta hasta interesante y para nada humillante ni perverso puesto que se trata de un acto consensuado para el placer de dos personas que pueden parar de hacerlo cuando quieran).

  2. Interesante reflexión, está claro que quien busca llamar la atención, va a atraer miradas explotando lo «»prohibido» y polémico, juzgamos a diario incluso sin darnos cuenta, pero con este tipo de conductas es un poco triste que parezca que ese es el único modo con el que consideran que pueden conseguir fama, y su lado artístico pase a segundo plano, por otra parte se vuelve manido cuando interpretan un papel hasta la saciedad. A ver cuando sale una artista que empieza haciendo algo así que muchos aborrecen y se desmarca y se inventa algo aún más raro e inesperado, todavía nos pueden sorprender gratamente 😀

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