Introducción

Para el que no lo sepa, soy padre de una niña. Esa niña tiene una madre turca, y esa madre está constantemente preocupada por si la niña tiene frío o no. Si tiene las manos frías, la tapa, si suda la tapa más para que no se enfríe, si va descalza le pone calcetines hasta en agosto… Hasta aquí como cualquier madre sea de donde sea, pero su preocupación no es comparable a la que tienen mis suegros… Muchas veces en los viajes que hacemos para verles (sobre todo en invierno cuando en Anatolia hace frío de verdad) bromeo con ellos sobre su obsesión con el frío y de que algún día haré un artículo con eso. Bueno, pues aquí está, pero volvamos un poco hacia atrás.

Primeros hallazgos

La primera vez que escuché algo de la relación que tiene mi familia turca con el frío y la salud es cuando un buen día me dijo mi mujer que “me pusiese calcetines porque si no me pondría malo de las tripas”. En mi casa se decía que te podías acatarrar, pero nadie dijo nada de las tripas. Cuando le pedí que me lo explicase me dijo que estaba clara la relación entre el frío en los pies y el dolor de tripa, y que en Turquía se decía que las mujeres si iban descalzas no podrían tener niños debido al frío.

A través de los años la relación con mi familia turca ha ido mezclándose con conversaciones y detalles de esta temática. Una de las conversaciones que me recordará mi mujer durante años será el día que le llevé la contraria a su padre cuando le dije que si un día nos cambiábamos de casa no pondríamos alfombras.

De vez en cuando preguntaba a amigos turcos sobre esas creencias acerca del frío y la salud y no sólo lo corroboraban, sino que me daban nuevos ejemplos. Por ejemplo, cuando alguien cae enfermo, lo primero que se le da de comer es sopa caliente (sea la enfermedad que sea).

Hace unos años descubrí un modelo que me permitió entender no sólo la forma que tienen de entender el frío y el calor y como se relacionan, sino también otros aspectos de la cultura turca que hasta entonces me resultaban difíciles de comprender.

El bien limitado

Ferguson propuso la visión del “Bien Limitado” [1] como un modelo mental que podía observarse en los estudios de sociedades campesinas como las que estudiaron Redfield, Lewis, Wolf u otros. Esta propuesta tiene los siguientes puntos:

  • Las cosas deseadas existen sólo en una cantidad finita y limitada
  • No hay una forma directa de poder ampliar el número de estos bienes
  • Esto implica que cuando alguien aumenta la cantidad que tiene, lo hace a expensas de otro que la pierde. Esto implica que cualquier mejora es vista como una amenaza para el resto de la comunidad

De repente comencé a entenderlo. Si ves a las personas como un sistema en el cual la energía es un bien limitado, el enfriar los pies tiene que gastar energía en producir el calor necesario para calentarse, energía que tiene que quitar de otro sitio: el estómago. Por eso duele el estómago. Lo interesante es que este bien limitado, a diferencia de lo que propone Ferguson, puede ampliarse… ¡bebiendo sopa! (o en su defecto té).

Traté de encontrar otras creencias que confirmasen este modelo, y enseguida las encontré. Unos amigos me comentaron la creencia turca de que las mujeres con pelo largo tienen fama de ser alicaídas y las de pelo corto de carácter fuerte. Como si la energía fuese limitada y sólo se pudiese utilizar o para mantener un pelo largo o para tener el carácter fuerte, pero no las dos cosas.

El bien limitado en la sociedad turca

Pero esto fue sólo la punta del iceberg… Como en otras muchas cosas, la cultura no está compartimentada, y suele darse un fenómeno llamado desplazamiento, que hace que un esquema que se utiliza para un campo exista también en otros. ¿Podría encontrar el modelo del bien limitado en otras parcelas de la vida turca?

Una de las tradiciones más característica de Turquía es el mal de ojo, tradición que comparte con otros países vecinos como Grecia, Armenia o Azerbayán. El mal de ojo (nazar en turco) no es una maldición intencional como se considera en España, sino que es inconsciente. Os voy a poner el ejemplo con el que me lo explicaron a mi:

Imagínate que estás en la calle y ves a una madre con una niña pequeña muy guapa. Entonces, mientras la miras, la niña se cae y se hace daño. Eso es mal de ojo, y es provocado por la envidia. Por eso, cuando alguien ve algo muy bonito o a alguien muy guapo dice “masallah” para evitar el mal de ojo.

Aquí tengo que contar la anécdota de cuando estábamos en un bar en mitad de la carretera en mitad de mesopotamia y mi suegra vio a la hija del dueño (una niña de unos 5-6 años con los ojos verdes) y le dijo que era muy guapa. El dueño vino, la cogió en brazos y hizo ademán de darle una bofetada en la cara a mi suegra. Yo estaba al lado sin saber si esconderme, salir corriendo, coger a mi suegro para que no se enfrentase a ese señor… entonces mi suegra dijo riendo “Masallah, masallah”. Al parecer es una costumbre hacer ademán de pegar mientras le obligas a decir “masallah”. A mi nadie me lo había explicado y lo que era una broma cordial para mi se había convertido en el comienzo de una película de Fatih Akin…

Volviendo al mal de ojo… La belleza es también considerado un limitado en Turquía, y aquí sí que se da el tercer punto del que habla Ferguson. Aquel que tiene más que la mayoría se convierte en una amenaza, ya que su riqueza la obtiene a costa de otros. Por eso, el halago en Turquía es una agresión. Nunca debes decirle a una turca que es guapa, tienes que decirle “masallah”, ya que si se le cae una copa encima, se tuerce un tobillo o pierde un pendiente, será irremediablemente culpa tuya (de tu mal de ojo, mejor dicho).

A su vez, el éxito es también visto como una amenaza, y todo aqueĺ que lo tiene y que es reconocido por otros por haber hecho algo bien o extraordinario, debe quitarse mérito, diciendo “eyvallah”. Al principio pensaba que era una forma de modestia y educación, pero si nos ponemos las gafas de ver del modelo del bien limitado, pasa de ser modestia a ser una forma de defensa, para que no te venga el nazar de otros.

Aunque este es uno de los campos más públicos de la cultura turca, hay otro más íntimo en el que también se puede distinguir el bien limitado. El del honor.

A lo largo de toda Turquía hay noticias todas las semanas de jóvenes que han sido matadas por su padre, por su hermano o por alguien de su familia, para limpiar el honor de la familia. El honor (namus) es algo que no puede crearse, y una vez que se pierde no hay manera de hacerlo crecer de nuevo que no sea matando a la persona que lo ha destruido. Pero en temas de sexo, Turquía es un país especial…

Cuando un hombre casado y una mujer casada tienen una aventura, la culpa es siempre de la mujer, no del hombre. Para los hombres, el acceso al sexo e visto como un bien limitado, por eso si un hombre tiene la oportunidad de acostarse con una mujer, lo hará. Es la mujer la que debe decir que no y por tanto, la culpable de si al final hay cuernos o no.

Conclusión

Al final, la idea de Ferguson del Bien Limitado me permitió entender un poco más la cultura de mi familia, aunque no deja de ser una herramienta analítica que se puede utilizar para ciertas cosas, pero nunca debe pensarse que sirve para explicarlo todo. Esto es sólo una parte, un punto de partida desde el que comenzar a excavar en la complejidad de la cultura.

Para terminar, quiero agradecer a mi mujer y mis suegros la paciencia que tienen con este europeo que no entiende la relación entre el frío de los pies y el dolor de estómago. Tendré que pasar más tiempo con ellos a ver si termino de entenderlo…

David de Torres

Autor del blog Notas de un tecnólogo

 

Bibliografía

  1. Foster, G. M. (1965). Peasant Society and the Image of Limited Good*. American anthropologist, 67(2), 293-315.

 Imagen

https://www.flickr.com/photos/syrsln/

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Un comentario sobre “Frío, mal de ojo y honor: La visión del bien limitado en la cultura turca”

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