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Uno tiene la sospecha, y tal vez el acontecer de los tiempos y los sucesos puedan darle la razón, de que el enemigo interno es el principal valedor de la monopolización de la violencia por parte del estado. Antisistemas, pensionistas, sindicalistas, separatistas… El enemigo externo tiene mas importancia en los medios de comunicación (y eso que de un par de años a esta parte a Venezuela se la ha tragado la tierra) que en nuestro día a día.
Así surje la paradoja de que para que las fuerzas y cuerpos del estado puedan llevar a cabo su trabajo de modo eficiente resulta un acto delictivo el obtener pruebas para demostrar que no han llevado a cabo su labor de modo eficiente. Y si para llevar a cabo su labor de modo eficiente cometen actos cuestionables, cuando no ilegales, contra aquellos a los que deben de proteger tenemos un problema y de los gordos. Eso, o que nos han engañado como cuando nos dijeron que si fumábamos se nos pondría el ombligo azul.
En todos los ámbitos hay buenos profesionales y malos. No podemos olvidar el hecho de que obtener una titulación, o aprobar una oposición, te capacita para acceder a una profesión pero no es indicativo, por desgracia, de que esta sea ejercida de modo competente. Y así, me consta, existen excelentes policías, militares, guardias civiles… pero otros que no tanto (recuerdo cierto antidisturbio que se jactaba en redes de la alegría e implicación con la que llevaba a cabo su oficio en momentos concretos, o en militares llevando a cabo labores de guerrilla urbana en sus ratos libres al servicio de ideologías muy concretas). Tal vez, e insisto: puede que sea una posibilidad desde mi ignorancia, la derogación de la «ley mordaza» sirva a nivel ciudadano, ese individuo que solo existe en campaña electoral, para distinguir a los buenos de los malos y para premiar a los buenos y castigar a los malos.
Entiendo, como dijera aquel, que nada puede comprenderse, y medirse, si no es comparado con otra cosa. Pues bien, con esta ley, durante su tiempo de aplicación, se han llevado a cabo a través de los medios juicios mediáticos capaces de crear una opinión pública con capacidad de dictar sentencia antes de que el propio juez lo haya hecho. Cuando no se han dado datos y mostrado líneas de investigación en procesos que dificultaban, cuando no imposibilitaban, la labor policial. También nos han llegados datos de jueces, como la profesión de su cónyuge, su orientación sexual, el lugar en el que vive.
Algo está fallando, desde luego. Aún no se ha legislado, de modo eficiente, contra ello. Básicamente, aún no se ha legislado para una eficiente separación de poderes y permitir trabajar a la justicia del modo correcto, sin injerencia política, ni mediática, ni de cualquiera que consuma casos escabrosos televisivos como quien come cacahuetes. Pero sí que se ha legislado para que no se pueda demostrar que la justicia no se ha aplicado del modo en el que debe de hacerse en un estado de derecho.
¡ESTÁN LOCOS ESTOS ROMANOS!

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