Que la economía mundial se encuentra al final de un ciclo económico es más que evidente si atendemos a la crisis prolongada que asola a los países desarrollados. Crisis en Oriente Próximo y Asia, crisis de las economías emergentes, devaluación de las monedas, encarecimiento del petróleo, explotación de países subdesarrollados en busca de materias primas más baratas o la inflación entre otros factores.

Vivimos un periodo donde la distensión o mejora de la convivencia entre países, como el caso cubano y la apertura de las relaciones con EE.UU, es necesaria para la economía mundial.

Echando un vistazo al pasado reciente, en los años 60, el joven demócrata J. F. Kennedy se presentaba a la presidencia de los EE.UU con un programa denominado la Nueva Frontera, donde se matizaba enérgicamente la idea de ayudar y solucionar los problemas de la humanidad. Se ayudaría a las democracias y no a las dictaduras, pero según los intereses. Intentó invadir la Cuba revolucionaria de Fidel Castro pero fracasó.

 Este fracaso dio comienzo al programa americano Alianza para el Progreso en América latina. Fue aprobado el 17 de agosto de 1961 por los estados americanos, exceptuando a Cuba que se opuso. En él se detallaba las ayudas ofrecidas a las democracias como los fondos a largo plazo, ayudas técnicas, programas de intercambios, estabilización de precios básicos y reforma agraria, con el fin de impulsar el desarrollo socioeconómico y evitar el contacto con otras potencias e ideologías comunistas/socialistas como la URSS o Cuba. El asesinato del presidente norteamericano hizo que el programa se diluyera debido a la reducción de las ayudas e intervención directa de los EE.UU en algunos estados latinoamericanos.

Las intenciones del J. F. Kennedy eran buenas al igual que las del actual presidente norteamericano B. Obama que ha logrado lo que Kennedy no pudo hacer en aquellos momentos, completar la Alianza para el Progreso. Cuba comienza a abrir sus puertas al progreso y sobre ella sobrevuela el capitalismo más voraz esperando la oportunidad para dar la razón al sistema mercado, mostrando al mundo que la única salida para el desarrollo es una sociedad de consumo al modelo americano e inversiones que hagan incrementar la demanda global en beneficio de intereses norteamericanos. Se suscita el desarrollo de los medios de comunicación, como vemos en las noticias actuales, con la instalación de nuevos puntos de conexión a internet en lugares concretos de la isla. Pasado un tiempo prudente le sucederá la fiebre del consumo y ahí estará el ideal de opulencia norteamericano para saciarla.

Por otro lado, las democracias socialistas e indigenistas latinoamericanas han sentido un golpe de atención, como lo sintió la URSS de Kruschev, al observar como la política e ideología norteamericana penetra de nuevo en el histórico bastión socialista cubano pudiendo contaminar ideológicamente al pueblo de sus respectivos países, y por tanto su estructura de relaciones sociales, políticas y económicas. Esperemos a ver que ocurre…

Feliz Jueves

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