Star Wars y Roma: decadencia de la república y auge del imperio (1)

28 junio, 2017

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana –y sin ir tan lejos en el espacio– nos encontramos en un punto crítico: la República se encuentra en decadencia. La intriga y el desarrollo violento de los hechos políticos y económicos desencadenan, a lo largo de los siglos, una inestabilidad que llevará a la agonía a un supuesto sistema donde reina la “democracia” y la “libertad” lo que dará lugar a las formas tiranas y fascistas imperiales. Y es que Roma y Star Wars tienen mucho en común: la realidad y la ficción muchas veces se dan la mano.

 

Contextualizaciones políticas, sociales y económicas de las Repúblicas

Antes de poder entrar en materia con el juego de analogías e influencias entre Star Wars y Roma, es necesario contextualizar históricamente ambas Repúblicas, galáctica y romana, por lo que analizaremos de forma sintetizada en qué períodos se sitúan estos sistemas de gobiernos dada la proximidad de su caída a favor del Imperio. Advertimos de que, a pesar, no todo será una reminiscencia romana, por lo que se mezclarán, en ocasiones, influencias históricas directas que no tienen en común nada con Roma.

De esta manera, SPQR (Senatus Populusque Romanum, Senado y Pueblo Romano) pudo iniciar su decadencia mucho antes de lo que popularmente se cree. No fueron los problemas acaecidos durante los treinta últimos años de la pasada Era (del 60 al 27 a.C., turbulenta época que trataremos más adelante), sino una serie de procesos seculares, tanto sociales, como políticos y económicos, que llevaban arrastrándose prácticamente desde el s. III a.C., momento en el que se cristaliza el sistema estructural de Roma. También el s. III supone el viraje de la política romana al Imperialismo, las continuas muestras de fuerza militar contra los diádocos greco-macedonios y la eterna enemistad con su némesis: Cartago. No se sabe si SPQR, en un inicio, era consciente de un Imperialismo, por lo menos tácito; no obstante, la situación de política exterior llevó a Roma a expandir sus territorios, pues la Península Itálica se quedaba pequeña, y la ambición y las situaciones bélicas que, en ocasiones forzadas por acciones políticas, acabaron por empujar a Roma a la conquista y a la expansión de los territorios mediterráneos.

Evolución del territorio romano 

Y, es que, a partir del triunfo de la II Guerra Púnica (218 – 201 a.C.), el Senado se engrandece por su toma de decisiones políticas, la firmeza de su actuación y el patriotismo que estilan y que contamina a todo ciudadano romano. Gracias a este nuevo período de prestigio, el Senado se convertirá en el verdadero artífice de todo lo político en SPQR. Como bien señala Le Glay:

«La guerra permitió reforzar sus poderes; tiene ahora vara alta en las finanzas, en las relaciones internacionales, la guerra y la paz, en el gobierno de Italia y las provincias. Controla la actividad de los magistrados, a quienes en realidad designa con frecuencia. Prepara los proyectos de leyes y ratifica las decisiones populares. Finalmente, ejerce una jurisdicción de facto, puesto que los jueces son elegidos de entre sus miembros. En resumen dirige la política romana. […] A mediados del s. III, el Senado romano es decididamente conservador, proviene de las grande familias de terratenientes…»

Roma a su vez basaba su economía en la propiedad territorial más que en el artesanado y el comercio, del cual, a partir del siglo III a.C., comenzará a tener un nivel mayor con la acuñación de monedas romanas y sus cecas provinciales. De hecho, a partir del final de la II Guerra Púnica contra Cartago fue el momento en el que se le dio un verdadero valor como instrumento de cambio. Asimismo hay que destacar el desarrollo tecnológico, el cual avanzó lentamente, desfavorecido por los círculos de poder y los dirigentes para «asegurar los recursos de los artesanos pobres» (Le Glay, 2001), algo que nos confirma Suetonio en su Vespasiano (18).

El propio Marcel Le Glay afirma que el sistema económico romano no se debería caracterizar como el sistema capitalista actual [¿podríamos hablar de un protocapitalismo?] ya que no puede mantenerse con los datos con los que, a día de hoy, contamos. Sabemos que con la lex Claudia (218 a.C.) –momento en el que se inicia la II Guerra Púnica y se “globaliza” el uso numismático– se limitaba el comercio de la familia senatorial (senadores e hijos) en 300 ánforas y el nivel de navíos comerciales para las empresas. Por esto, la orden senatorial tenía que condicionar su propio lucro en la posesión de tierras, absteniéndose de cualquier negocio de carácter capitalista y dedicándose al oficio lucrativo de terrateniente (algo que, ulteriormente, ya en época Imperial de nuestra era, junto a la clientela, serán los precursores del surgimiento de los feudos medievales). Obviamente, esto no pasó desapercibido para la clase política privilegiada la cual, como buena aristocracia, se dedicó a amasar grandes yugadas, lo que permitió acrecentar su patrimonio. Y ya no sólo eso, pues los poderosos de Roma eran muy dados a buscar artimañas legales para engordar su capital con el mismo comercio. Un ejemplo de ello fue Domicio Enobarbo, optimate, perteneciente a la gens Domicia, el cual organizó unos juegos que pasaron a la historia, mientras ejercía como edil, por los que desfilaron cientos de leones traídos desde Numidia.

Cneo Domicio Enobarbo. Denario de plata datado del 41-40 a.C.

La prevaricación era un recurso manido entre las elites más ambiciosas, donde los testaferros también tenían, en ocasiones, un papel protagonista.

También existía unos grupos mercantiles que podían establecerse como una especie de “nuevos ricos”, gente que se benefició económicamente, sin privilegio político, en su mayoría libertos, que se dedicaron a la profesión de banqueros, especuladores, prestamistas y arrendatarios de obras públicas (publicani). A mediados del s. IV a.C. apareció el negocio de los argentarii (los plateros), si bien, hasta el 150 a.C. no cambia su situación en la jerarquía social a pesar de no contar con el poder legal del que disponían los magistrados, ciudadanos y adinerados de Roma. No por ello se desligaron de la res publicae, sino que mantuvieron a través de préstamos y depósitos una estrecha amistad económica con senadores y caballeros, como el ejemplo de M. Pomponio Ático y Cicerón. Los caballeros (équites), a fin de cuentas, debido a la fortuna que acumulaban muy superior al ordo senatorial, servían en el ejército como jinetes. No tenían privilegio político porque no podían acceder de forma directa al poder, como bien se ha confirmado en las líneas superiores; no obstante, votaban con la nobilitas lo que hacía influir la toma de decisiones de los miembros de la cámara y más si se compartían intereses económicos (Roldán Hervas, 1995)

Por ende, nos encontramos con una sociedad totalmente estratificada y dependiente de su estructura económica. Es en el siglo III, como bien señalábamos, se produce una solidificación de estas jerarquías. En los criterios que mantenían este orden social, no sólo actuaba la propiedad de las tierras, sino también «el poder financiero, el origen social, las aptitudes personales, actividades, cultura, poderío político (con sus privilegios) y experiencia; en fin, el derecho de la ciudadanía o la negación de este derecho, la libertad personal o la carencia de libertad, la pertenencia étnica o regional, la actividad económica, ya fuera rural o urbana» (Le Glay, 2001).

Debido a esta ampliación de las conquistas y, en definitiva, de la economía, se acentuó aún más la desigualdad, la complejización social de aquella Roma que había comenzado diferenciándose entre el binomio patricio-plebeyo simplemente. Ahora, dentro del Estado patricio-plebeyo nos encontramos una pirámide capitaneada por la nobilitas (familias que contaban entre sus vástagos miembros con importantes cargos políticos) y a la que le seguían los ya llamados grupos mercantiles, el campesinado, la plebe (ciudadanos libres, sin más, y libertos, aún debidos a su patrono como clientes) y, por último, los esclavos (eran considerados como bien material, un instrumentum vocale).

Por último y no menos importante, tenemos que hablar del Senado: fue la institución encargada de detentar el poder político. A pesar de existir como consejo supremo de asesoría de los magistrados (cónsules, censores, tribunos, pretores…), y compuesto por todos los antiguos magistrados, la existencia de este cuerpo público acabó siendo un órgano muy por encima de lo que jurídicamente implicaba. Es decir, frente a las magistraturas y las asambleas ciudadanas, esta reunión de 300 senadores (hasta el siglo I a.C.) «personificaba la tradición pública romana y toda la experiencia de gobierno y administración de sus componentes […] No es extraño, por tanto, que, a pesar de su función puramente consultiva, el senado se superpusiera, sobre la magistratura y sobre las asambleas populares, como el auténtico gobierno, ante cuya experiencia y prestigio aquéllos se plegaban».

Pirámide de Géza Alföldy y recogida por Marcel Le Glay en su Grandeza y decadencia de la República romana. Refleja la sociedad alto-imperial, aunque apenas se encuentran diferencias.

El contexto político y socioeconómico de la República Galáctica no difiere mucho de la República romana. En este caso, Coruscant es la capital planetaria del gobierno republicano durante 25053 años. Y, es que, a pesar de los paralelismos con Roma, en cuanto a extensión espacio-temporal, tendremos que hablar en años luz, sistemas solares, planetas y milenios.

Quizás algo más complejo por las extensiones espaciales en las que nos movemos, podríamos establecer el sistema político republicano-galáctico como una suerte de “Confederación galáctica” entre una inmensa diversidad de planetas y sistemas solares con sus propias formas de gobierno y sociedad «de acuerdo con las creencias, costumbres y tradiciones locales» (Star Wars Wiki); eso sí, girando en torno a un sistema capitalista y burócrata. Esto podría darnos una reminiscencia a la división territorial ya en época alto-imperial de la Romania o, de forma más actual, a la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania, o bien a la Constitución de los EEUU, tal vez más precisa por proximidad a George Lucas.

Inmensidad del mapa Galáctico. La pequeña elipsis roja señala el planeta Coruscant.

En consecuencia, la República se divide en tres órganos principales de articulación de la confederación: Senado Galáctico (legislativo), Tribunal Supremo (judicial) y Fuerzas Armadas de la República (militar).

El primero y más importante era capitaneado por el Canciller Supremo, elegido entre los integrantes de la cámara, los cuales se sientan en plataformas volantes que representan el sector o sistema solar, que a su vez están representados por individuos de los planetas de estas divisiones “sectoriales” elegidos “democráticamente” (obviamente, no la mayoría, pues muchos de los planetas se rigen por monarquías, como en el caso de Naboo o Alderaan). El Canciller, pues, es una especie de jefe diplomático o presidente con falta de poder ejecutivo y que, con la llegada de Sheev Palpatine al poder, pasará a regir como un primus inter pares con poderes consulares (total poder ejecutivo y militar). Ya no sólo esto, sino que, al igual que ocurría con los equites y los grupos mercantiles, los intereses económicos privados tendrán su propia representación en el Senado en busca de influenciar a los magistrados y orientar sus políticas económicas, paralelismo al creciente capitalismo atroz o, en su defecto, a las distopías anarcocapitalistas muy en consonancia con los intereses económicos de estas megacorporaciones privadas. Así pues, en los tres primeros episodios de la sextalogía veremos cómo la propia Federación de Comercio es un motivo más de desajuste y, como veremos a continuación, una justificación para el desmantelamiento de la República en pos de un Imperio.

En cuanto al segundo, el Tribunal Supremo, como bien indica su nombre, era el órgano judicial donde los tribunos (elegidos también desde los gobiernos de coalición del Senado galáctico) aplicaban las leyes a los encausados. De esta manera, al igual que en SPQR, se trataba de un juego político que se encargaba de controlar todos los órganos de poder con intereses individuales movidos por la ambición de la clase política, causa de la decadencia de la res publicae.

Por último, las Fuerzas Armadas republicanas están desaparecidas, pues es la Orden Jedi (esta suerte de sacerdotes-guerreros semejantes en su código a la clase samurái japonesa) la que se encarga de establecer la paz en la República, actuando como mediadores, embajadores y policías del sistema entre los miembros del mismo junto a los “ejércitos auxiliares” –si es que podemos denominarlos así– que componían la seguridad de cada planeta. Ésta es la organización militar durante los último mil años de la República hasta la creación del Ejército Clon del cual hablaremos más adelante.

Para finalizar, es menester analizar la sociedad de manera muy superficial. Como bien se ha dicho, hay una complejidad patente por la diversidad de sectores, planetas, gobiernos, culturas, sociedades, etc. dentro del mundo de Star Wars, pero algo que se muestra muy fehacientemente en las películas es el manejo de desigualdades sociales en la mayoría de sus planetas: un ejemplo más que claro es la realidad social de Tatooine. En él, la familia Skywalker son colonos humanos, esclavizados, donde el propio Anakin puede conseguir su manumisión gracias a la victoria en su participación en las carreras de Circus maximus (las famosas carreras de vainas). En el mismo planeta nos encontramos a la plebe rural con la representación de la granja del tío Owen –donde Luke se cría tras ser llevado por Obi-Wan– y, ya en la ciudad de Mos Eisley, la cantina donde se reúnen contrabandistas, forajidos y cazarrecompensas al más puro estilo Western. No es el único sitio donde se nos da a conocer, en cuanto al film, estas desigualdades. Sin ir más lejos, Coruscant, la capital de la República Galáctica, tiene una clara estructura piramidal socioeconómica en sus espacios. Se manifiesta, pues, en la escena de Star Wars II: Las Guerras Clon cuando el joven padawan Anakin se deja caer hasta los bajos fondos del planeta. Podemos percibir en la escena qué ocultan las zonas más deprimidas del planeta, donde apenas llega la luz solar y donde la estética cyberpunk, el bar de neón y la pobreza es una constante en el paisaje suburbano.

Como hemos podido ver, ambas Repúblicas no son sino meros gobiernos aristocráticos camuflados en supuestas democracias. Los aparatos de poder juegan desde hace siglos en un tablero en el que la ambición, la codicia y el triunfo político son los verdaderos protagonistas junto a la intriga, la confabulación y el desenlace sangriento, siendo prácticamente la norma lúdica. Desde luego, las decadencias republicanas comienzan ya en edad temprana; sin embargo, es durante el último siglo cuando se garantiza la sustitución de unas rei publicae agónicas por unos Imperia al más puro estilo fascista o tiránico.

La agonía republicana y el auge del Imperio

 

 

To be continued…

 

Álex Negro

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One Comment

  1. Furuisan dice:

    Buena radiografía de la república romana, siempre he pensado que estas comparaciones entre realidad y ficción hay que tomárselas con un granito de sal. No dejan de ser interesantes los paralelismos. Una lectura amena, entretenida y didáctica; Mejoras con cada articulo, palabra de san.

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