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I. La Cosechadora de los Lamentos

Año 1988. El auge del thrash metal está agonizando, y el glam ha pasado a ser historia. Pero Metallica aún tendrá una última baza: and Justice for all. Dentro de las canciones, el grupo californiano ha optado por incluir una polémica canción: Harvester of Sorrow, la cosechadora de la tristeza. La letra no tiene desperdicio alguno:

Mi vida se ahoga

Sembrando semillas de odio

Yo amé, ahora solo hay odio

Atrapado más allá de mi destino

La Cosechadora de los lamentos.

Investigando un poco, uno puede sacar a la luz que la idea de la canción la sacaron de un libro reciente, de apenas dos años antes, y con título similar. Harvest of Sorrow, de Robert Conquest. Citar este libro hará las delicias de todos los que odian el tema: ¡ya lo hizo! ¡ya lo nombró! Pero me temo que las fuentes son tantas y tan obscenamente claras, que reducir el artículo a una sola raíz sería como ponerle puertas al campo (aunque algunos, por desgracia, lo intentaran).

II. El origen de la tragedia

Genocidio: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad.

Puede que para algunos sea una obviedad, pero es mejor dejar clara la definición desde un principio. Si alguno piensa en la palabra “genocidio”, probablemente se le venga a la cabeza el nefasto caso del genocidio judío en la Alemania nacionalsocialista. Pero resulta que el motivo por el que se masacra a una parte de la población puede ser variado. Por desgracia, la imaginación de los tiranos es más amplia de lo que muchos piensan. Apenas diez años antes de que la “Solución Final” del psicópata del bigote se pusiera en marcha, el Holodomor ya se había cobrado la vida de millones de ucranianos.

¿En qué consistió el Holodomor? Antes de esto, veamos un poco de Historia:
A finales de los años veinte, en la URSS, se comenzó el primer plan quinquenal. El objetivo era convertir al país en autosuficiente, centrándose en la industria pesada y en el asentamiento de las granjas colectivas.

Una de las prácticas más comunes de la época era secuestrar de facto tomar por la fuerza a campesinos y llevarlos a granjas colectivas, donde trabajaban de sol a sol por el “bien de la comunidad”.

La pregunta era la siguiente: ¿cómo mantener a la creciente mano de obra que llevará acabo la deseada Revolución Industrial en Rusia? La respuesta fue: producir hacer más grano, explotar aún más el sector agrícola. Rusia contaba con abundantes recursos naturales y fuerza de trabajo, pero carecía de capital.

Y si hablamos de explotación agrícola, no podemos pasar de lado la situación ucraniana. Hasta aquel momento, Ucrania era llamada el “granero de Europa”. Ninguna otra tierra al este de Berlín contaba con tantas tierras fértiles como aquel país, vecino de Rusia. A sabiendas de esto, Stalin no podía dejar pasar la oportunidad de convertir la URSS a su país en la gran potencia que Lenin había soñado, aunque para ello hubiera que partir un par de huevos…

III. Para hacer una tortilla…

Un supuesto con el que no habían contado los bolcheviques era el siguiente: ¿qué ocurre si el grano producido no es suficiente? ¿Y si los malvados kulaks no están conformes con darle la producción de grano al Partido para que lo distribuya sabiamente?
El recelo era palpable. Muchos campesinos se rehusaban a darle toda la cosecha a los oficiales del Comité Central, otros escondían parte de las cosechas con tal de que no se lo llevaran todo. Al fin y al cabo, el grano era el producto de su trabajo. Miles de caballos fueron sacrificados, con tal de que el gobierno de Moscú no se apropiara de ellos. También ellos habían alimentado y cuidado a sus caballos. Para personas de gran poder, como Lazar Kaganovich, el hambre no era más que otra forma histórica de favorecer la lucha de clases. En resumidas cuentas: Bla, bla, bla…

Requisa de cereales en Donetsk (Ucrania)

Pero, ¿por qué Ucrania? Más allá de su favorable clima y de sus grandes extensiones de tierra rica… ¿por qué provocar el hambre de forma deliberada?

En palabras de Martin Amis: “Stalin tenía dos motivos para atacar a los campesinos ucranianos; eran campesinos, y eran ucranianos”.

Parece una obviedad, pero desde la guerra civil rusa, el nacionalismo y el anarquismo ucranianos (representado por Néstor Majnó) se opusieron a la colectivización forzosa y centralizada de los bolcheviques (típico robo de bienes y trabajo por parte del Estado). Ya para finales de los años veinte, muchos kobzari (poetas, la mayoría ciegos, que iban de pueblo en pueblo cantando anécdotas ucranianas) habían sido asesinados. ¿Por qué? A muchos se les atribuía etiquetas como “elementos desfasados”. No es de extrañar que muchos acabaran fusilados. En palabras de Robert Conquest: “No valía la pena alimentar a un ciego en el gulag” (ni siquiera con el trabajo y el grano robado a su mismo pueblo).

Las requisas continuaron, y el hambre de Ucrania dio comienzo. La tortilla estaba preparada.

IV. Tsachtó?

Años antes, la intelligentsia rusa “mermó” a gran parte de los intelectuales y posibles opositores ucranianos. Fue a inicios de los años 30 cuando, en la propia Rusia, a algunos artistas les daba por saltar de los balcones. “Los ingenieros del alma” (nombre atribuido por el mismo Iosif) eran futuros problemas, y había que arrancarlos de raíz. Una precuela de Katyn estaba por comenzar.

Sin el núcleo duro de la intelligentsia como opositor a las medidas soviéticas, la desnacionalización de Ucrania daba comienzo. La época más dura del Hambre, lo que años más tarde se llamaría como Holodomor (traducción literal de “Matar de Hambre”). Durante estos años, la mitad de la producción del grano ucraniano era requisado y redistribuido por el resto de la Unión Soviética. Una parte notable de ese grano que no se comieron los niños de Ucrania acabó exportado a los “países capitalistas” por el mismo Estado que lo había robado y necesitaba divisas para sus proyectos industrializadores.

¿Fue el Holodomor provocado? ¡Oh! Muchos podrían pensar: bueno, es normal que se den hambrunas por malas cosechas. Era algo particularmente común en la Edad Media y aún a día de hoy en ciertas zonas del mundo. Pero ese no era el caso. El motivo de la hambruna no era la mala cosecha, sino el aumento progresivo de la cuota de producción de alimentos que exigía el PCUS. A nivel micro, los campesinos podían enfrentarse a diez años de trabajos forzados en el gulag o incluso a la pena de muerte en el caso de que escondieran parte de la cosecha. El número de muertes no tardó en crecer, a la par que las exportaciones. Llegó un momento en el que el propio Stalin decidió vender en el mercado parte del trigo y de las cosechas por debajo del precio del mercado. Tsachtó? decían los campesinos ucranianos. ¿Para qué? ¿Por qué?

El proyecto de desapego nacionalista ucraniano estaba siendo un éxito. Pero los ucranianos se desapegaban de su país, no del pan que escondían (que era suyo) o de las cosechas que quemaban (que eran suyas) con tal de que no cayera en manos soviéticas. Muchos, desesperados por el hambre, recurrieron al canibalismo. El mercado negro, acostumbrado a las medicinas adulteradas y algunos productos de primera necesidad, recibía con los brazos abiertos a la raza humana, no como consumidor, sino como producto.

Viendo los datos de la época, se puede ver que entre los años 1932 y 1934 hubo un pico de mortalidad abismal, seguida de una caída en picado de los nacimientos. Sin tener unas condiciones materiales apropiadas, nadie en su sano juicio se plantearía tener hijos. Con mayor motivo cuando no puedes alimentarte ni tú mismo.

Hablar de números me parece superficial. No son las consecuencias lo que debe escandalizar, sino el método, la forma. Las razones criminales esgrimidas. ¿Acaso hubiera sido menos nocivo el Holocausto judío de haber matado a un millón menos? Incluso si la Solución Final se hubiera quedado en un mero papel mojado, firmado por unos cuantos jerarcas nazis antes de que los soviéticos entraran por Berlín, hubiera seguido siendo algo criminal, fruto de unos líderes con ideas podridas.

Haciendo el inevitable paralelismo, si el Holodomor se hubiera quedado en un simple plan, con su estructura y procedimientos intactos, seguiría formando parte del estercolero de la Humanidad. Si un solo ucraniano hubiera muerto a causa de ello, no dejaría de ser un plan genocida y, por tanto, criminal. Es más, si el plan se hubiera quedado en el escritorio del Número Uno, también lo seguiría siendo.

De tener dudas acerca de ello, haceos la pregunta: ¿qué clase de gobierno planearía algo así de forma premeditada? Los asesinos cuentan para tranquilizar su conciencia con las ideas. Son sus pastillas del sueño. La racionalidad puesta al servicio del campo de exterminio, del Hambre planificado. La banalidad del mal.

El plan era todo un éxito. El granero de Europa se vaciaba, mientras los planes quinquenales (a golpe de martillo y yunque) se estrellaban en un éxito ensordecedor. Sobre el papel. Deja desplumada y golpeada a la gallina, y comerá de tu mano.

V. Todo lo que flota, acaba saliendo a la luz

Durante décadas, la URSS negó todo lo ocurrido. Sus defensores y admiradores también. Como hubieran hecho los nazis y sus simpatizantes, de haber ganado la guerra. Al principio como “propaganda capitalista y reaccionaria”, y posteriormente como bulos que soltaban periódicos sensacionalistas. Y si bien, las cifras eran inexactas, el fondo era correcto. Las hambrunas se estaban dando, y no por generación (o degeneración) espontánea.

Autores de la talla de Vasili Grossman escribieron sobre ello:

Toda persona que pasa Hambre es semejante a un caníbal. Consume su propia carne, hasta no dejar más que los huesos. Luego se oscurece su mente, porque también la ha consumido. Al final, el hambriento se ha devorado todo.

En la época, la información que salía de la Unión Soviética era escasa y a trompicones. El filtro del NKVD y de la censura soviética retrasó muchas de las fotografías que a posteriori reflejarían el terror del Hambre de Ucrania. Si a día de hoy tenemos un registro fotográfico del Holocausto Ucraniano es gracias al químico Alexander Wienerberger, cuyas evidencias fotográficas fueron cruciales para mostrar al mundo lo que fue una de las mayores Hambrunas del siglo XX.

Aún a día de hoy, casi noventa años después, contamos con una gran cantidad de negacionistas del Holodomor (como aún existen los que denominan al Holocausto judío como “Holocuento”). La capacidad del ser humano de mirar a otro lado nunca dejará de sorprenderme. A otros en cambio, no se los ve ya, pero se les escucha. Demasiadas semillas arrancadas del camino, demasiados lamentos como para no oír. La Cosechadora ya ha partido.

Descansen en paz

Carlos Almira Pérez

Referencias

Martin Amis. (2015). Koba, el Temible. España: Anagrama.

Mark B. Tauger. (2001). Natural Disaster and Human Actions in the Soviet Famine of 1931-1933. Virginia, EE.UU: The Carl Beck Papers In Russian And East European Studies.

Miguel de Lys. (2019). Metallica – Harvester Of Sorrow (Explicación histórica). 01/09/2021, de Youtube Sitio web: https://www.youtube.com/watch?v=DHeSfesnZ6U&t=554s

Robert Conquest. (1986). The Harvest of Sorrow. Inglaterra: Oxford University Press.

Timothy D. Snyder. (2010). Terres de sang: l’Europe entre Hitler et Staline. EE.UU.: Folio Histoire.

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