RESUMEN: El pasado día 27 de Abril del 2016 tuvo lugar una interesante mesa redonda en el Museo Nacional de Antropología de la mano de Raquel Letón Ruiz  (Jefa de conservación del Archivo Histórico Ferroviario, Museo del Ferrocarril y Cristina Sánchez-Carretero (investigadoradel CSIC) en la que las ponentes nos acercaron a conocer el archivo surgido del convenio entre RENFE  y el CSIC.

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Fernando Sáez Lara (Director del Museo) abrió la charla y nos comentó el motivo por el que este proyecto estaba teniendo cabida en este espacio concreto. Dentro de las actividades dedicas al 11M que el Museo ha preparado este año, era muy relevante que existiera uno de antropología aplicada, exhibiendo las piezas que recoge dicho archivo y dándole una respuesta antropológica.
Así, el Museo se convierte en un espacio retroactivo, teniendo una participación real y activa en los retos sociales del momento. Se crean así, exposiciones interactivas, donde el visitante deja de ser un sujeto pasivo y pasa a formar parte activa de las actividades. Un buen ejemplo de ello es la instalación de la valla exterior del museo, en el que se muestran las iniciales de las víctimas del atentado. Con ello, se ha conseguido establecer un diálogo con la calle, supone un contacto directo con la ciudadanía y una expresión externa de lo que sucede dentro del museo. Además, se ha recogido un cierto feedback de algunos ciudadanos.
Desde el Museo, han sabido ver que desde los altares espontáneos que surgieron a lo largo del país tras el 11M, surgen ideas relacionadas con la tolerancia y la aceptación del otro,subrayando así la importancia de la interculturalidad, y poniéndonos ante el reto de reducir los brotes de xenofobia y antiislamismo que puedan surgir.
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Tras estas interesantes reflexiones tomó la palabra Raquel Letón, quien nos condujo por el recorrido llevado por los objetos y su complicada conservación. La dificultad de la limpieza de los objetos, la gran cantidad (70.000 piezas) e idiosincrasia de los mismos y la poca experiencia en un caso similar.
Desde el mismo día del 11M se concentran objetos en las estaciones, algunos espontáneos y otros creados para la ocasión. Estos objetos no sólo iban dirigidos a las víctimas, se recogen objetos para el personal del SAMUR, la policía y los ferroviarios.
Pocos días después, desde el CSIC se lanzan llamadas para hacer un trabajo interdisciplinar, recogiendo testimonios de lo que las personas iban dejando en aquellos altares. Se entiende así, que deben dar una respuesta a lo que los ciudadanos demandaban: construir memoria. Es por ello que sea crea un archivo etnográfico del que surgieron numerosas líneas de investigación y difusión. Esto hace que el archivo tenga un valor y que no sea un archivo oculto sin repercusión social.
El 30 de Diciembre del 2010 surge por tanto un convenio entre RENFE y el CSIC, lo que supone un punto de inflexión para que todo lo que se recoja se ceda al CSIC,en el que se crea un foro multidisciplinar y da lugar a las 5 Jornadas del Archivo del Duelo.
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Analizada la parte técnica, Cristina Sánchez-Carretero aportó el enfoque antropológico del proyecto.
La ponente, nos cuenta cómo el proyecto nace como una etnografía de emergencia, en ese momento dice, necesitábamos enterder(nos), entender la dinámica social que estaba surgiendo en un momento de crisis total. No se trataba de dar explicaciones, si no de comprender lo que estaba ocurriendo, que es el papel que debe cumplir la antropología.
Lo más relevante era la importancia de la documentación de lo efímero para que la narrativa hegemónica no sea la única. Es trabajo de la antropología naturalizar las narrativas y dar voz a las narrativas consensuadas y espontáneas que surgieron después de los actos terroristas.
El punto clave de la investigación era la manifestación del duelo de segunda generación, aquel que surge cuando las muertes no son directas pero se sienten como propias.En este caso, el duelo se manifestó mediante un patrón de toma de los espacios públicos, hasta ese momento no era algo esperable, pero poco a poco se ha convertido en repetible, gracias quizá a los medios de comunicación de masas.
Los investigadores se dieron cuenta de que había una gran necesidad de hacer generalizada,una acción performativa, por lo que el objetivo del proyecto se convirtió en la contextualización y análisis material de esta toma del espacio público como visualización del duelo.Así surgieron algunas líneas de investigación como los usos de los espacios públicos no institucionalizados, los cibersantuarios (máquinas donde la gente podía teclear sus mensajes),o el papel de la palabra (la vigencia de la escritura en momentos de crisis por la necesidad de comunicarse). En el debato posterior, aparecieron discursos muy enriquecedores, como el valor de que existan elementos para anclar las memorias sociales.La investigación policial y judicial había generado una desunión (incluso enfrentamientos) de los grupos implicados en el desastre. Tras el décimo aniversario se ha creado un consenso en lo básico en casi todos los grupos. El Museo (entre otros espacios) ha jugado ese papel de aglutinador para aunar recuerdos y ponerse de acuerdo en lo importante como colectivo.
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También es importante señalar que, este Archivo del Duelo, ha servido como ejemplo para otros hitos, como el 15M que ha recogido también en archivos de memoria sus objetos y piezas para que se mantengan.
Las manifestaciones sociales y efímeras pasan así a ser un patrimonio conservado, con responsables de su conservación para que perduren.

Referencias

 

 

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