El fuerte choque cultural originado con la “conquista” de América, provocó la reacción inmediata tanto de los indígenas como de los castellanos. El problema, es que tradicionalmente se ha analizado la visión de los vencedores y no la de los vencidos.

A pesar de que los mayas, incas, aztecas… también registraron como vivieron y sufrieron este hecho histórico, durante mucho tiempo se obvió su enfoque y no fue hasta mediados del siglo XX cuando los historiadores comenzaron a darle importancia y a desarrollar esa parte de la historia desde otro prisma.

Así pues, mi objetivo con este artículo es plasmar la visión de “los otros” (los aztecas) ante la llegada de individuos totalmente ajenos que fragmentaron su universo.

Un breve repaso a las fuentes /códices aztecas que nos hablan de la llegada de los castellanos

Los documentos aztecas más antiguos que conservamos acerca de la conquista son varios cantares compuestos por algunos indígenas supervivientes inmediatamente después de la “conquista”, en torno a 1523-1524.

El más importante de ellos es el Lienzo de Tlaxcala (mediados del siglo XVI) en el que los tlaxcaltecas, aliados de los españoles y enemigos del Imperio Azteca, conmemoran su participación en la conquista.

También hay que destacar las ilustraciones correspondientes al texto en náhuatl[1] de los informantes indígenas de Fray Bernardino de Sahagún[2], incluidas en el Códice Florentino o Historia general de las cosas de Nueva España. Se trata de una obra cuyo objetivo era dar a conocer a los futuros misioneros las costumbres, la religión, la cultura y la historia de los pueblos que poblaban el altiplano central del actual México.

Esta obra se compone de doce volúmenes y, precisamente, el último es el que nos habla de la llegada de los castellanos, en concreto, de la conquista de la ciudad de México o Tenochtitlan. La cual, sería asumida por los aztecas desde la perspectiva de los presagios[3] y a través de la esfera sobrenatural. Siendo los castellanos tomados como dioses.

Para cuando los aztecas fueron conscientes de la realidad de la situación, que no eran dioses, fue demasiado tarde. El avance castellano ya se había consolidado.

Tampoco hay que dejar de lado el Manuscrito o los Anales de Tlatelolco (1528),el cual nos narra de la “conquista” de México a cargo de Hernán Cortes. Este relato anónimo, escrito en náhualt, destaca porque es una obra que estaba destinada a los indígenas; porque nos muestra la visión de los vencidos y porque constituye el testimonio más amplio dejado por los antiguos mexicanos acerca de la “conquista”, incluyendo presagios, discursos… “ … Nos atacaron, nos masacraron durante tres horas, masacraron a las gentes en el patio del templo. Enseguida, entonces, penetraron en el edificio para matar a todo el mundo…”

Por otro lado, también tenemos El Libro de los Coloquios, en el que se recogió la última actuación pública de algunos sabios y sacerdotes indígenas que defendieron sus creencias y formas de vida frente a los doce primeros franciscanos llegados a Nueva España en 1524.

A parte de estas obras, contamos con otras obras, como: el Códice Aubin o los Anales de Azcapotzaico (en náhualt), La Crónica Mexicana de Tezozómoc (de la que sólo se conserva la copia castellana)….

El impacto ante la llegada, ¿Dioses u hombres?

En toda América se había extendido el mito del dios civilizador que, después de reinar benéficamente, desapareció de modo misterioso prometiendo a los hombres su retorno. En cada civilización tenía unas características y un nombre propio. En México era Quetzalcoatl[4], que partió en dirección a Oriente y que debía volver en un año ce-acatl. Es decir, un año “uno-caña”; fecha que llegaba al término de un ciclo de cincuenta y dos años.

Al respecto, la casualidad quiso que los castellanos llegaran a México por el Este y coincidiendo con un año ce-acatl. Así, se entiende la reacción de los aztecas y el porqué interpretaron la conquista desde la óptica del mito, concibiendo la llegada de los castellanos como un retorno de los dioses. Pero, hay que señalar, que no todas las civilizaciones lo entendieron de la misma manera, por lo que convendría hacer un análisis más en detalle.

De esta forma, en el caso azteca, tenemos que tanto cronistas españoles como aztecas[5], se refieren puntualmente a los acontecimientos que tuvieron lugar durante la conquista del Imperio Azteca. En los textos indígenas destaca el relato del encuentro en la Calzada de Iztapalapa entre Cortés y Moctezuma II (Tlatoani/gobernante de los mexicas o aztecas). Desde un primer momento, Moctezuma II pensó que se trataba del retorno de Quetzalcóalt y de los dioses que lo acompañaban.

Las primeras noticias acerca de los castellanos llegaron de la mano de una persona de la costa oriental, que aseguraba haber visto un cerro grande que andaba por el mar de un lado a otro: “…vide andar en medio de la mar una sierra o cerro grande, que andaba de una parte a otra y no llega a las orillas, y esto jamás lo hemos visto…”[6]

Posteriormente, los emisarios de Moctezuma comprobaron que esa torre que flotaba por el mar llevaba seres desconocidos, e inmediatamente éste decidió enviarles embajadores cargados de regalos divinos: los aderezos de Quetzalcoalt. Según los informantes de Sahagún, los embajadores de Moctezuma revistieron a Cortés con los adornos del dios: máscara incrustada de turquesas, collar adornado por un disco de oro, espejo dorsal, brazaletes de jade, cascabeles de oro, escudo con bandas de nácar y oro, rodeado de plumas de quetzal, y sandalias de obsidiana. En respuesta, los españoles ataron a los aztecas y dispararon el cañón, para sorpresa y temor de éstos; luego les reconfortaron con vino y alimentos. Esta es la primera visión que tuvieron de los castellanos, extraída del relato de los embajadores:

Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también amarilla; el bigote también tienen amarillo…

Los soportan en sus lomos sus “venados”. Tal altos están como los techos… Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.

…Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de él sale, es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el cerebro causando molestia.

Pues si va a dar contra un cerro, como que lo hiende, lo resquebraja, y si da contra un árbol, lo destroza hecho astillas, como si fuera algo admirable, cual si alguien le hubiera soplado desde el interior.

Cuando hubo oído todo esto Moctezuma se llenó de grande temor y como que se le amorteció el corazón, se le encogió el corazón, se le abatió con la angustia”[7]

Para contentar a los dioses, Moctezuma les envió frutos, tortillas, huevos y aves, salpicando estas ofrendas con la sangre de dos prisioneros sacrificados. Incluso envió a sus brujos para intentar echarles con su magia, pero todo era en vano, y Moctezuma sintió miedo ante la extraordinaria potencia de esos “seres barbudos”.

El temor se extendió entre los aztecas, pero no todos los pueblos reaccionan de la misma manera ni todos tienen las mismas opiniones. Mientras que unos consideraban que lo mejor era acoger a los desconocidos con honores, otros expresaban escepticismo y temor; los tlaxcaltecas se aliaron con los españoles, mientras que los habitantes de Cholula los consideraron bárbaros. A pesar de las dudas de algunos de sus consejeros, Moctezuma decidió recibir a esos seres desconocidos como si fuesen dioses, como atestigua se discurso recogido por los informantes de Sahagún:“Señor… has arribado a tu ciudad: México. Aquí has venido a sentarte en tu solio, en tu trono… No, no es que yo sueño, no me levanto del sueño adormilado: no lo veo en sueños, no estoy soñando… ¡Es que ya te he visto, es que ya he puesto mis ojos en tu rostro!”[8]

Mientras tanto, los castellanos saquearon el tesoro de Moctezuma y se lo repartieron. Para más tarde, tener lugar la matanza acaecida en el Templo Mayor, durante la fiesta en honor a Toaxcatl.[9] Precisamente, tras este hecho los aztecas cambiaron su postura; se rebelaron, mataron a Moctezuma y pusieron cerco a los castellanos.

La población, en general, había creído que sí eran dioses. Concepto que cambió radicalmente cuando vieron la furia y la codicia con la que se comportaron en la matanza del templo, considerándolos entonces “popolocas” o bárbaros que habían venido a destruir su ciudad y la antigua forma de vida.

¿Cómo interpretar la reacción azteca ante la llegada de los castellanos?

Todas las sociedades tienen una visión particular del mundo, una estructura mental regida por una lógica particular. Los acontecimientos de la historia se ubican en el orden explicativo de los mitos y cosmogonías correspondientes a cada cultura. Todo aquello que represente una excepción a este orden racional significa la irrupción de fuerzas sobrenaturales o divinas en el mundo profano, quedando la racionalidad cotidiana destruida y naciendo la angustia por el contacto con lo desconocido.

Por tanto, la llegada de los castellanos fue algo que rompió la racionalidad cotidiana. Supuso un fuerte trauma y conmoción que provocó miedo, duda…Todo su universo e ideario saltó por los aires.

Así, si acudimos a la perspectiva de los vencidos, dicha llegada significó un final: la ruina de su civilización. En los documentos del siglo XVI, hallamos presagios y profecías que anuncian el fin de los tiempos, la aparición de monstruos de cuatro patas cabalgados por seres blancos de apariencia humana, violencia, muerte…

La “conquista” supuso la muerte de los dioses y el hundimiento del universo tradicional. Supone un fin sangriento, definido por saqueos, masacres e incendios. Los propios textos indígenas relatan los hechos con un gran dramatismo:

“En los caminos yacen dardos rotos,

Los cabellos están esparcidos.

Destechadas están las casas,

Enrojecidos tienen sus muros.

Gusanos pululan por calles y plazas,

Y en las paredes están salpicados sus sesos.

Rojas están las aguas, están como teñidas,

Y cuando las bebimos,

Es como si bebiéramos agua de salitre”[10]

 

Para los aztecas, la caída de México implicó algo más que derrota militar (también en la esfera religiosa), con ella se cierra el reino del Sol. A partir de entonces la vida terrestre pierde todo sentido, ya que los dioses están muertos, sólo les queda morir:

“¡Déjennos pues ya morir,

Déjennos ya perecer,

Puesto que ya nuestros dioses han muerto!”[11]

Los castellanos, por su parte predicaban sobre un Dios hasta entonces desconocido para ellos, destruyendo templos y revelando a los vencidos que hasta entonces habían estado adorando a falsos ídolos. De ahí, también derivó un sentimiento de confusión y perturbación.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que los aztecas eran seguidores del dios de la guerra, Huitzilopochtli, y que se consideraban a sí mismos escogidos del sol. Ellos, que se tenían por invencibles, fueron un pueblo que tras resistir con armas desiguales se contemplaron a sí mismos vencidos.

Para finalizar con este artículo y, a modo de conclusión, recojo en las siguientes líneas un cantar compuesto en 1523 que resume claramente el sentimiento de tristeza de los aztecas ante la pérdida de su mundo y nación:

“El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco.

Por agua se fueron ya los mexicanos;

Semejan mujeres la huida es general.

¿A dónde vamos? ¡oh amigos! Luego ¿fue verdad?

Ya abandonan la ciudad de Mexico;

El humo se está levantando; la niebla se está extendiendo…

Con llanto se saludan el Huiznahuácatl Motelhuihtzin,

El Tlailotlácatl Tlacotzin,

El Tlacatecuhtli Oquihtzin…

Llorad, amigos mios,

Tened entendido que con estos hechos

Hemos perdido la nación mexicana.

¡El agua se ha acedado, se acedó la comida!

Esto es lo que ha hecho el Dador de la vida en Tlatelolco.

Sin recato son llevados Motelhuihtzin y Tlacotzin.

Con cantos se animaban unos a otros en Acachinanco,

Ah, cuando fueron a ser puestos a prueba allá en Coyoacan…”[12]

 

 

Rocío Rivas Martínez

Referencias

León-Portilla, Miguel. CODICES. Los antiguos libros del Nuevo Mundo. Aguilar. México, 2003.

León Portilla,M.  Crónicas Indígenas.Visión de los vencidos, Historia 16, 1985.

León-Portilla, Miguel. El Reverso de la Conquista. Ed. Joaquín Mortiz. Mexico 1974

Bethel, L. Historia de América Latina Vol. 1, ED Crítica, 1990

Wachtel, Nathan. Los Vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570). Alianza Universidad, Madrid, 1976.

https://www.anthropologies.es/la-llegada-los-espanoles-america-vista-desde-los-presagios-precolombinos/

Portada extraída de: https://news.culturacolectiva.com/mexico/causas-de-la-conquista-de-tenochtitlan/

[1] Lengua de los aztecas o mexicas.

[2] Fue un misionero franciscano, autor de varias obras en náhuatl y en castellano, consideradas hoy entre los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo antes de la llegada de los castellanos.www.wikipedia.org

[3] Para más información sobre los presagios: https://www.anthropologies.es/la-llegada-los-espanoles-america-vista-desde-los-presagios-precolombinos/

[4] Principal deidad del panteón que es representada como una serpiente emplumada.

[5] Principalmente Alvarado Tezozómoc, cronista mexicano, según él mismo descendiente de la realeza mexica, se declaraba nieto de Motecuhzoma II. Es conocido sobre todo por su obra,  Crónica Mexicayotl, una historia de los mexica desde Acamapichtli hasta la llegada de Cortés, escrito en nahuatl alrededor de 1609

[6] León Portilla:El reverso de la conquista. P.23

[7] Wachtel, Nathan: Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española. P. 43

[8] Wachtel, Nathan: Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española. Pag. 45

[9] Quinto mes del calendario mexica, fiesta de la sequía.

[10] Manuscrito anónimo de Tlatelolco

[11] Libros de los Coloquios de los Doce

[12] León Portilla, Miguel: El Reverso de la Conquista. P. 62

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