El 12 de agosto de 1999 el diario El Mundo publicaba una noticia que no deja de ser sorprendente aun en la actualidad cuyo titular era “La teoría de la evolución desaparece de las escuelas de Kansas”. Debido a la presión de grupos ultrareligiosos del Estado norteamericano habían conseguido una importante victoria, consideraban que las teorías de Darwin chocaban frontalmente con las enseñanzas de la Biblia y por lo tanto no podían ser fruto de estudio por los menores en edad escolar.

Desechar una teoría profundamente demostrada y admitida por toda la comunidad científica, lo que a día de hoy se considera una verdad absoluta, porque contradice tus mitos, leyendas y creencias, donde los principales damnificados fueron los niños y niñas de Kansas que vieron su derecho a la educación mermado, sustituyendo la ciencia por los mitos.

No deja de ser sorprendente que la primera potencia mundial, a nivel económico y militar, permita que sus ciudadanos no sean instruidos de la manera más completa posible.

Cualquier persona en pleno uso de sus facultades entiende que la teoría de la evolución debe ser enseñada en las escuelas, que el creacionismo es un mito que entra dentro de las metáforas que componen las creencias religiosas y que por lo tanto la ciencia debe predominar en el sistema educativo obligatorio, con el objetivo de formar ciudadanos con un conocimiento básico para afrontar su vida adulta.

Otro ejemplo, esta vez menos sorprendente, es las materias a estudiar en las escuelas coránicas, donde únicamente se lee y se estudia el Corán (libro sagrado que no se diferencia mucho de la Biblia). Estos alumnos desconocen la inmensidad del mundo y en ningún caso cuestionarán aquello que ha sido escrito por “Dios”.

Turquía, un país que se sitúa a caballo entre oriente y occidente en 2017 anunció que volvería a introducir las teorías creacionistas en las escuelas.

Negar la realidad lo único que conseguirá es tener una ciudadanía inculta, intolerante, incapaz… En todos estos casos, el Estado hace dejación de funciones, permitiendo que grupos de presión manipulen la realidad en busca de su propio beneficio.

Vivimos en una sociedad diversa, donde los parámetros culturales se han ensanchado de manera vertiginosa en las últimas décadas, donde multitud de colores de piel pasean por nuestras calles, donde tenemos la oportunidad de conocer otras culturas, otras formas de entender el mundo sin salir de nuestro hogar y otras formas de amar y varias tipologías de familia.

Esta realidad también debe ser llevada a nuestras escuelas, conocer la realidad es el antídoto contra la intolerancia.

El “pin parental” no es más que otra estrategia de la extrema derecha para atacar el sistema público de educación, meter sus manos en nuestros niños y al igual que los intolerantes que han sido nombrados anteriormente negar la realidad para beneficiar sus propios intereses.

“Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”

Isaac Asimov

Manuel Carmona

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