El Patrimonio Cultural es el conjunto de bienes muebles, inmuebles e inmateriales, resultado de la obra humana, heredado del pasado y que la propia Sociedad considera que son merecedores de protección y transmisión a las generaciones futuras por haber sido distinguidos con unos valores o estimación especiales. Su importancia no depende solo de cualidades intrínsecas ni de su biografía social, sino que tales objetos se distinguen del resto de enseres por su atribución por parte de una sociedad o colectivo de una serie de valores extrínsecos, que lejos de ser universales, son convencionales, relativos o contingentes.

Las instituciones administrativas que lo rigen serían 3, por un lado, el Ministerio de Cultura encargado de los Bienes culturales y del Patrimonio Nacional, las Comunidades Autónomas encargadas de los Bienes del Patrimonio Cultural ubicados en sus propios territorios y, por último, los Ayuntamientos, quienes se encargan de aquellos Bienes Culturales que no son gestionados directamente ni por las Comunidades Autónomas ni por el Estado.

Sin embargo, a nivel nacional existen una serie de instituciones que rigen todo lo explicado antaño, hay que tener en cuenta que no fue hasta 2008 cuando el Ministerio de Cultura empezó a promover y proteger el Patrimonio Cultural Español. Sorprendente si lo comparamos con otros países europeos donde ésta tiene un gran impacto social.

Por otro lado, en la Autonómica el mayor protagonismo lo tendrán los Bienes Culturales, pero como podemos observar dentro de España, no hay una coordinación como tal, dificultando el trabajo de los conservadores y, por último, tan solo se destina solo el 1’5 % a bienes de interés cultural.

Es indignante que, en un país como España, considerado el tercero más con más Patrimonio Histórico a nivel mundial, tan solo invierta el 1’5 %. Esto tiene consecuencias muy negativas, comenzando por el deterioro o falta de conservación de lugares, como algunos megalitos en las afueras de Antequera donde se ve reflejado no solo la ausencia económica sino vandalismo pudiendo relacionarse con el grafiti que hicieron en 2018 a una de las esculturas de la fachada de Platerías en la catedral de Santiago de Compostela o lo grabados en muchas piedras en las fachadas de monumentos con el nombre dejando constancia de que estuvieron ahí.

A lo que deberíamos añadir el continuo desprestigio de las carreras de Humanidades y a las personas que las estudian porque no son productivas para el sistema capitalista al no generar suficiente dinero.

Así como la mayoría de los trabajos relacionados con el ámbito cultural, están ocupados por personas que no han estudiado nada relacionado con dicho mundo, ni siquiera el ministro de cultura ha estudiado una carrera de dicho ámbito, volviendo una vez más a caer en el error del desprestigio o la poca importancia de dicho sector. Como dijo un profesor de Historia: “si yo no he estudiado ingeniería y no puedo hacer puentes, por qué alguien que no ha estudiado Historia puede escribirla como si fuese historiador, no se nos considera científicos y utilizamos los mismos métodos.”

A parte, es un mundo muy elitista, la cultura debería pertenecer al Pueblo y que todos tuvieran acceso a cualquier ámbito cultural, pero para ello el Estado debería invertir y potenciar dicho ámbito y cambiar la concepción que se tiene de que “lo cultural es algo aburrido” al igual que poder entrar en un teatro, cine o comprar libros y así poder acercarse a dicho mundo y no quedar doblegado en multitud de ocasiones a una élite como puede suceder en el caso de la ópera.

Se quejan de que la juventud o parte de ella no hace actividades culturales, aun sabiendo la cantidad de barreras existentes.

Como solución a esto, tendría que haber más programas de forma didáctica, reducción de los impuestos con respecto a la cultura, fomento a través de las redes sociales para acercar a la población y educarla porque impacta que en ciertos lugares todavía existan carteles donde se diga que no se pueden tocar los objetos expuestos como los carteles del alcázar en Segovia.

También me sorprende mucho las condiciones de los músicos callejos para tocar en las calles tienes que conseguir un permiso para poder hacerlo de forma legal y en muchos casos, si molestas a algún vecino, te echan y tienen que irte hacia otras zonas de la ciudad junto con las condiciones del coronavirus ha sido de las industrias más afectadas llegando incluso a crearse la UMP.

Cierro dicha crítica con una cita:

La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad

Diógenes Laercio

Alicia Bernal

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