1. 11-S: EL RELATO DE LOS GRANDES MEDIOS DE COMUNICACIÓN

«…aún creo que estamos tan de su parte, que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere»

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.

A partir de las 8:46 horas (hora de Nueva York) del 11 de septiembre de 2001 ya nada sería igual en nuestro ya de por sí afectado planeta. Una importantísima parte de nuestro mundo se vino abajo, para seguidamente erigirse otra como contestación. El ataque contra las Torres Gemelas del World Trade Center y su posterior espectacular derrumbe, así como el cometido en el inviolable Pentágono, se convirtieron en el fatídico y sangriento punto de inflexión de nuestra historia contemporánea.

https://www.youtube.com/watch?v=FgSbwWsjqqg – “11-S contado por Antena 3 y La 1”

La gran guerra contra el terrorismo estaba diáfana y razonadamente servida: los “buenos”, claro está que EE. UU., así como todos sus países aliados, tenían ahora todo el derecho del mundo a responder a los “malos”, obviamente, los más fanáticos y radicalizados islámicos, los llamados yihadistas, ante todo la temible organización de Al Qaeda, en cuya cabeza -y como fundador de dicho grupo- se hallaba un tal Usāma bin Muhammad bin `Awad bin Lādin, o lo que es lo mismo: Osama bin Laden. Porque no había ninguna duda de que había sido Al Qaeda quien había osado atentar contra la gran Babilonia que, en nuestro tiempo, es EE. UU. El FBI, el Departamento de Justicia, así como el Gobierno británico, no tardaron demasiado en resolver el histórico y decisivo caso: diecinueve descerebrados islamistas habían sido los elegidos para la salvaje masacre contra el pueblo norteamericano, para apresar en sus manos y hacer explotar el mismo corazón de los intocables EE. UU. Las armas usadas para ello, como todo terrícola sabe, fueron cuatro aviones comerciales que habrían de acabar siendo estrellados contra las Torres Gemelas (Nueva York), el Pentágono (Virginia) y el Capitolio (Washington D. C.), único objetivo este último que se libró del ataque. El plan estaba tan claro como, al parecer, fácil les resultó a los enajenados de Alá llevarlo a cabo: secuestrar cada uno de los aviones, haciéndose con el mando de los mismos para, seguidamente, convertirlos en precisos y devastadores dardos a impactar en los mismos centros de las más importantes dianas norteamericanas.

Así fue cómo el vuelo 11 de American Airlines, a esas 8:46 horas, se clavó en la torre norte. Como lo hizo, a las 9:02 horas, el vuelo 175 de United Airlines en la torre sur. Unos cuarenta minutos después, a las 9:39 horas, contra una de las fachadas del gran santuario de la defensa norteamericana, el Pentágono, arremete el vuelo 77 de la primera compañía citada. Finalmente, el vuelo 93 de la segunda falla en su intento de estrellarse contra el Capitolio: la resistencia de tripulantes y pasajeros -encumbrada por los medios oficiales del país a la categoría de heróica y casi mítica- contra los terroristas secuestradores provocaría la pérdida del control del avión y su posterior precipitación sobre una zona despoblada de Pensilvania.

La trágica y devastadora conclusión de aquel día, aparte del propio desastre material, sobre todo por el impresionante desplome -en las siguientes dos horas tras los ataques- de las Torres Gemelas, arrojó casi 3 000 muertos, 6 000 heridos y 24 desaparecidos. La sangre vertida por EE. UU. había sido demasiada, el golpe terriblemente profundo e intenso: la Administración Bush, con el esperado apoyo de varios miembros de la OTAN y otros aliados, tenía toda la justicia a su favor para proclamar la llamada “guerra contra el terrorismo”, y que llega hasta nuestros días.

https://www.youtube.com/watch?v=7uODYQKAVDg – “Discurso de George W. Bush 20-09-01”

Pero…, ¿y si esa lógica y clara justicia para el pueblo norteamericano en que se sustentó la vengativa respuesta del Gobierno de Bush no fuese tan justa?: ¿y si el relato de los hechos del 11-S tal y como lo contaron los grandes medios de comunicación estuviese faltando a la realidad? ¿Y si esa realidad estuviese contenida en otro relato, uno al que, sin duda, a la mayoría de las personas, adoctrinada por dichos grandes medios, le costaría bastante creer?

Por el momento, hagamos un poco de historia.

Francisco J. Sánchez y Rubén Blasco

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