A colación del especial de series del que hablamos el pasado mes de Septiembre en el Museo Nacional de Antropología, nos percatamos de que no habíamos hablado de un formato tan popular como el anime. Es por eso que os hablamos de “JoJo’s Bizarre Adventure”, la reciente adaptación animada del manga de los años 80.

Mientras Goku buscaba las siete bolas del Dragón, Fly y Pop abandonaban su isla para vengar la muerte del maestro Abán. Seiya y sus compañeros luchaban por proteger la Tierra, y el Puño de la Estrella del Norte devolvía la paz a los supervivientes del holocausto nuclear que lo había asolado todo. Eran tiempos de aventuras para quien decidía sumergirse en el fascinante mundo del manga y el anime. Eran tiempos de shonen*, el género de estas apasionantes publicaciones dirigido a los jóvenes; un género en el que la acción y el humor hacen las delicias de todo el que busca embarcarse en una entretenida cruzada.

En aquellos estupendos años, que no eran otros que los ochenta, las historias sobre héroes que destinaban sus esfuerzos a convertirse en los mejores guerreros para defender a la humanidad de terribles peligros conquistaron sendos televisores a lo largo y ancho del mundo. Muchos hijos de esa dorada época recordamos la emisión y las reposiciones de distintas series, cuyo visionado formaba parte de nuestro ritual matutino del fin de semana o de nuestro descanso a la hora de la merienda. Mientras sosteníamos una cuchara llena de cereales que tardaba milenios en llegar a nuestra boca y más de una vez terminaba desparramada sobre la mesa, soportábamos una indescriptible tensión mientras los interminables primeros planos de los protagonistas se intercalaban con los de sus enemigos. Escuchábamos sin perder detalle los intensos diálogos entre musculados personajes que revelaban sus propósitos antes de intensas batallas, nos quedábamos sin aliento cuando lo dábamos todo por perdido para nuestro campeón y lo recuperábamos para aclamar su sorprendente victoria aunque siempre o casi siempre ganara. También emulábamos sus complejas poses de combate, aprendíamos los nombres de sus sofisticadas técnicas de lucha y cantábamos con absoluto convencimiento el tema de apertura de la serie.

Por supuesto, las obras del género shonen que llegaban –y llegan– a España eran pocas si las comparamos con la gran cantidad de publicaciones presentes en las revistas japonesas. A día de hoy es común leer manga y ver anime en Internet, pero la escasez de títulos editados en nuestro país en los años ochenta era más que notable. Por ello tardamos en oír hablar de “JoJo’s Bizarre Adventure”, una historia que arrancó en 1987 de la mano de Hirohiko Araki con una premisa aparentemente sencilla: en la Inglaterra victoriana, el joven aristócrata Jonathan Joestar –apodado JoJo por la primera sílaba de su nombre y de su apellido– verá peligrar su apacible vida cuando su padre decida acoger a Dio Brando, un muchacho procedente de los barrios bajos que hace todo lo posible por minar la moral del primero. A juzgar por esta ligera sinopsis, bien podríamos pensar que nos encontramos ante una de tantas historias de rivalidad entre dos personajes condenados a intentar entenderse, pero el título no deja lugar a dudas; nos encontramos ante una aventura realmente extraña, cosa que sabremos cuando la ambición de Dio vaya más allá de la fortuna familiar al descubrir una máscara que puede conceder la vida eterna. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas, y por eso el bondadoso JoJo tendrá que aprender un arte marcial ancestral –Sendo o Hamon– para hacer frente a su terrible enemigo gracias a las enseñanzas de su maestro Will. A. Zeppeli.  Sin embargo, esta historia es sólo el comienzo de toda una saga.

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 “JoJo’s Bizarre Adventure” fue publicado en la revista semanal Shonen Jump desde 1987 hasta 2004 y está dividido en siete arcos argumentales que transcurren en distintos períodos temporales. En 2011, años después del traspaso de la serie a la revista Ultra Jump, se comenzó a publicar la octava parte, aún en proceso. Además de su curiosa estructura, destaca el gran desarrollo muscular de sus personajes masculinos y su tendencia a adoptar poses complejas y artificiales, exagerando la costumbre de posar de forma incómoda que tienen los protagonistas de todo shonen que se precie. La exageración hasta lo cómico será una constante a lo largo de la saga, sin caer por ello en el humor absurdo en ningún momento: los instantes de distensión y humor se intercalan perfectamente con grandes dosis de acción y drama. También resultan peculiares sus constantes referencias al rock, siendo el propio título un ejemplo de ello al estar basado en la canción “Get back” de The Beatles. Sin embargo, esta historia fue una gran desconocida para Occidente hasta que, tras varias OVAs fallidas, el estudio David Production lanzó una nueva serie de animación de 26 capítulos en 2012. Los nueve primeros episodios desarrollan el primer arco del manga, “Phantom Blood”, brevemente comentado en el párrafo anterior. Con un opening poderoso y una animación rebosante de color, comienza una fidedigna adaptación de las viñetas.

El siguiente arco, “Battle Tendency”,  nos lleva a 1938 y está protagonizado por Joseph Joestar, nieto de Jonathan. Este nuevo JoJo que tiene poco de caballero victoriano y en cambio tiene mucho de granuja, vive todo tipo de peripecias cuando parte en busca de Speedwagon, un viejo amigo de sus abuelos que se encuentra desaparecido. De esta forma, Joseph descubre que los nazis han despertado a unos poderosos seres conocidos como “Los hombres del pilar”, quienes habían dormido durante 2000 años y guardan una estrecha relación con la máscara que Dio utilizó en la primera temporada. Joseph viaja a Roma, lugar en el que se encuentra el pilar, y allí conoce a Caesar Zeppeli, nieto del maestro del primer JoJo. Junto a Lisa Lisa, maestra de Caesar, perfeccionarán su uso del Hamon para hacer frente a tan temibles enemigos.

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A lo largo de los 17 episodios de “Battle Tendency”, comprobamos que el desarrollo de los personajes es mayor y podemos conocer mejor a este JoJo. Joseph es un estadounidense muy habituado al modo de vida en su país y bastante alejado de los refinados modales británicos de sus antepasados. Su viaje a Roma constituye un divertido choque cultural en el que apreciaremos la también estereotipada figura de Caesar, presentado como un encantador y mujeriego muchacho. No obstante, la rivalidad inicial entre ambos no nos recordará en absoluto a la de Jonathan y Dio en “Phantom Blood”; Joseph y Caesar llegan a un grado de compenetración y respeto mutuo de gran peso a lo largo de la temporada.

Otro matiz digno de ser comentado en “Battle Tendency” es que los antagonistas de JoJo no resultan en absoluto incomprensibles a pesar de tratarse de individuos de poderío difícilmente igualable. Estos personajes capaces de derretir seres humanos a su paso tienen, en mayor o menor medida, un profundo respeto por sus adversarios. Uno de ellos, Wham, dará claras muestras de ello cuando rechace combatir con Joseph por considerarle débil, concediéndole de este modo 33 días para fortalecerse y ser así capaz de hacerle frente. Si en “Phantom Blood” pudimos atisbar la importancia de la camaradería y el honor en el breve tiempo de duración de este arco, en “Battle Tendency” podremos observar detenidamente que este detalle se mantiene y se desarrolla con momentos emotivos y frases para el recuerdo.

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Tras el éxito de esta serie, llegó en 2014 la primera parte del anime del tercer arco, “Stardust Crusaders”, ambientada precisamente en la década de los ochenta. A lo largo de 24 episodios, seguiremos los pasos de un ya anciano Joseph Joestar y su nieto, Jotaro Kujo, en su viaje desde Japón hasta Egipto en busca de la cura al terrible mal que aqueja a la hija de Joseph y madre de Jotaro, Holy. Este mal se presenta en forma de Stand, que viene a ser la manifestación del espíritu de un individuo. Como se nos explica en los primeros capítulos, no todas las personas poseen un Stand ya que su existencia deriva de la fuerza espiritual de cada uno; sin embargo, tener un Stand no implica poder controlarlo. Así, mientras que Joseph y Jotaro son capaces de utilizar sus Stands como una extensión de sí mismos, el de la madre de Holy le provoca una enfermedad de la que no sanará hasta que quede adormecido, para lo que es necesario acabar con el mismísimo Dio antes de que pasen 50 días; de lo contrario, Holy morirá. En este éxodo les acompañarán el adivino de origen egipcio Mohammed Avdol, quien huyó de su país cuando Dio intentó tentarle; el estudiante japonés Noriaki Kakyoin, que fue poseído por Dio y desea ahora derrotarle para salvar a la amable madre de Jotaro; y por el camino se encontrarán con el francés Jean Pierre Polnareff, cuyos deseos de venganza le mueven a buscar al asesino de su hermana, relacionado también con el enemigo de los personajes anteriores. De este modo, los miembros del variopinto grupo tienen en común su deseo de derrotar a Dio y el hecho de que cada uno de ellos sabe utilizar su propio Stand.

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En esta primera parte, descubriremos que los Stands de los protagonistas representan cartas del tarot, pero Joseph y compañía no son los únicos cuya energía espiritual puede manifestarse: Dio dispone de todo un ejército para vencerles  antes de que lleguen hasta él. Veremos algunas de las cartas simbolizadas de forma curiosa e inesperada, como la del Emperador, en forma de una pistola llamada Emperor; o la de la Luna, vista como el monstruo marino Dark Blue Moon. Cada episodio supondrá una nueva traba para los personajes, y viviremos momentos realmente tensos que rozan lo terrorífico, así como períodos de relax en los que nos divertiremos con las ocurrencias de los hombres a los que estamos acompañando.

El episodio 24 culmina con la llegada del grupo a Egipto tras aventuras y desventuras en las que comprobaremos que es peligroso dejar pilotar a Joseph o que el escrupuloso Polnareff no puede hacer sus necesidades en cualquier sitio. A esas alturas nos habrá quedado claro también que si bien el nuevo JoJo es Jotaro –Kujo Jotaro, al situar el apellido antes que el nombre en el orden nipón –, Joseph conserva el carisma con el que nos deslumbró antaño, por lo que disfrutaremos de una temporada con dos Joestar en pantalla. Sin embargo, la aventura está lejos de terminar. Este mismo año se estrenó la segunda parte de “Stardust Crusaders”, con otros 24 capítulos de periplo por Egipto. Cuando creíamos que sólo las cartas del tarot representaban Stands, nos encontramos con que existen nueve individuos más con este poder especial, encarnando así a los dioses egipcios. A nuestros viajeros se unirá un nuevo usuario de Stand que nos dejará boquiabiertos desde su llegada y que no es otro que el incontrolable Iggy. Desde el opening de esta segunda parte, sentiremos que la odisea se torna más y más oscura y que cada paso que dan los personajes les acerca irremediablemente a Dio. Aun así, no faltan los momentos absolutamente cómicos que contribuyen a hacernos partícipes de su travesía.

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Con un total de 48 episodios, “Stardust Crusaders” es el arco de la saga más largo en su adaptación al anime. Por ello es también el mejor desarrollado y el que permite profundizar en los aspectos que “Phantom Blood” y “Battle Tendency” ya presentaban. Vemos a personajes muy distintos entre sí discutiendo y colaborando, huyendo y luchando, riendo y llorando. Vemos claramente que a pesar de poseer un poder espiritual capaz de hacerse tangible, son personas conscientes de sus debilidades y de su mortalidad, que reflexionan sobre sus actos y cuyas marcadas personalidades determinan las decisiones que toman. El hecho de que les veamos mostrar sus emociones es una seña de identidad de la saga en sí, pues “JoJo’s Bizarre Adventure” muestra abiertamente que el llanto no es una señal de debilidad ni algo inherente únicamente a la mujer: los hombres también lloran, porque los sentimientos no entienden de sexos, y mostrarlos no implica entrar en conflicto con la identidad de género aprehendida socialmente.

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En relación a las mujeres, no podemos olvidar que a pesar de las escasas apariciones de personajes femeninos a lo largo de la saga, la presencia de los mismos es vital para el desarrollo de los acontecimientos. En “Phantom Blood”, Jonathan no podría haberse recuperado de los muchos daños que le provoca Dio de no ser por su amada Erina, a quien debemos también que Joseph vaya a buscar a Speedwagon en “Battle Tendency”, dando lugar a toda la trama de este arco. Un arco en el que encontramos también a Lisa Lisa, la única mujer maestra de Hamon que conoceremos en el anime. Lisa Lisa goza de un importante protagonismo y deslumbra con su fuerte carácter, su astucia y su arrojo en situaciones límite. Por último, en “Stardust Crusaders” tenemos a Holy, la encantadora madre de Jotaro, que se esfuerza por aparentar un bienestar perpetuo incluso en sus peores momentos, ocultando su aflicción por la situación con su hijo para evitar preocupar a nadie.

A propósito de “Stardust Crusaders”, este arco contiene, al igual que los anteriores, unos curiosos estereotipos de las distintas nacionalidades según la mirada del autor japonés. Si ya en “Battle Tendency” conocimos al orgulloso Mayor Rudolf Von Stroheim, defensor nato de la supremacía alemana en una clara parodia del ideal nacionalsocialista de los años 30, aquí podemos ver que Joseph no sólo no ha dejado atrás sus claras preferencias por todo lo estadounidense, sino que han ido a peor con la edad. No concibe que su hija Holly se haya casado con un japonés y no duerma sobre un colchón, como tampoco soporta el bullicio de la India. Sin embargo, Avdol siente una profunda comprensión hacia el modo de vida de distintos lugares de Oriente y lejos de la picardía de Joseph, es muy riguroso en el cumplimiento de las obligaciones sociales. Por otra parte, Kakyoin es un disciplinado estudiante de instituto con conocimientos teóricos sobre el resto de países, mostrando siempre una cuidadosa educación en sus gestos; mientras que Jotaro, también estudiante, atraviesa una época de rebeldía y acostumbra a mostrar malas formas hacia sus mayores y un constante estado de apatía que refleja su carácter calmado, aunque a lo largo de la serie comprobaremos que para sus adentros aprecia muchísimo a sus compañeros de viaje. Por último, Polnareff muestra una clara preferencia por la vida de la nación gala –y por sus urinarios– y es una persona entusiasta, muy emocional y desenvuelta, encontrando ciertos problemas para congeniar con Iggy, quien tampoco muestra vergüenza alguna.

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Después de ver “Stardust Crusaders”, uno tiene la sensación de haber vivido intensamente cada uno de los 50 días de viaje, de haber empatizado con los protagonistas y de tener serias dificultades para reponerse de tan largo trayecto. Un trayecto hacia la épica y hacia las emociones, desarrollado de forma magistral y acompañado de una magnífica banda sonora que va desde el twist y el rock hasta melodías cercanas al dubstep como las que ya escuchamos en “Battle Tendency”. Un shonen que se ríe del shonen y a su vez cuenta una historia con todos los componentes para ser considerada un referente dentro de su género. Una aventura para adolescentes y adultos que quieran embarcarse en un anime que deja un sabor de boca dulce y muchas ganas de ver más. Mientras tanto, nos queda el resto del manga para seguir disfrutando, no sin antes despedirnos como es debido de los viejos compañeros junto a los que caminamos hacia y por Egipto.

Hasta siempre, crusaders.

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*Nota de la autora: “el Puño de la Estrella del Norte” (Hokuto no Ken) está englobado dentro del género para adultos seinen dadas sus altas dosis de violencia, pero la temática es puramente shonen.

María Valhallen

Referencias

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