En la actual sociedad occidental, no es extraño ver a alguien que tenga un tatuaje. Algo, que para muchos obedece a una moda efímera, creada por una minoría de la sociedad que influye a una mayoría, resultado del incremento del culto al cuerpo, del hedonismo o de la estética…Convirtiéndose así en un artículo de consumo y un fenómeno social.

Y, aunque esta idea tiene parte de verdad, realmente la relación del tatuaje con el cuerpo va más allá. Ya que, continuamente se relaciona con las normas socioculturales que una cultura en cuestión impone sobre el cuerpo (así como el concepto del mismo), porque este está sujeto a un simbolismo y un significado.

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De esta forma, a lo largo de la historia observamos que las diferentes culturas han aceptado/estigmatizado o han tenido diferentes motivos para realizar esta práctica[1]: necesidad de marcar el cuerpo, rituales de paso, forma de autorepresentación, agradar al entorno social, inclusión/exclusión social, rebelarse, trasmitir un mensaje… En definitiva, que sea como algo estético o no, siempre posee una simbología.

Posiblemente ese es el motivo, por el que el tatuaje es una de las prácticas más longevas, pues comenzó a desarrollarse en la Prehistoria de forma independiente en diferentes culturas. Como así lo atestiguan varios ejemplos que han perdurado hasta nuestros días, entre los que destacan:

  • Ötzi en Suiza (3300 a.C.): quizás el caso del “el hombre de hielo” es el más conocido. Este cazador, tiene en su cuerpo aproximadamente 60 tatuajes geométricos (puntos, líneas paralelas y cruces), cuyo motivo todavía no se tiene claro. Algunos señalan a un posible tratamiento mágico-religioso para aliviar el dolor, puesto que en muchas de las zonas en las que están los tatuajes se han hallado indicios de artritis.
  • Sacerdotisas de Hathor en Egipto: el culto a la diosa de la fertilidad/femineidad estuvo muy arraigado entre las mujeres egipcias, de hecho se han encontrado varias momias de sacerdotisas de Hathor que portan tatuajes relacionados con dicho culto, y, por tanto, realizados por motivos religiosos.

La más famosas de estas momias es la sacerdotisa Amunet (2000 a.C.),que tenía tatuados motivos geométricos por todo el cuerpo y ,hace poco, se halló otra momia (1300-1700 a.C.) de una sacerdotisa con unos 30 tatuajes mucho más elaborados: flores de loto en las caderas, vacas (Hathor) en los brazos, ojo de Horus y babuinos en el cuello…

  • Princesa de Ukok en la Estepa Siberiana (Cultura Escita, S V. a. C.): una mujer de entre 25-28 ricamente enterrada, con tatuajes muy elaborados en manos, brazos y piernas. Entre los que destaca lo que parece ser un animal mitológico en el hombro izquierdo, que ha sido llamado “Capricornio.

Según el Dr. Polosmak, el tatuaje en esta cultura era utilizado como forma de identificación/pasaporte para el Más Allá y signo de estatus.

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Por otro lado, la historia también nos habla de las diferentes etapas en las que el tatuaje ha sido concebido como un estigma, símbolo de marginalidad o exclusión social. Una idea, principalmente dada en Occidente, a través del concepto heredado del mundo clásico (se marcaba a los esclavos con tatuajes) y de la tradición judeo-cristiana “…No os haréis cortes en la carne por un muerto ni os haréis tatuajes: yo, el Señor…” (Levítico, 19:28). Pues, no olvidemos que hasta los S.XIX-XX el tatuaje era una forma de estigma[2] y que estaba asociado a marineros, prisioneros, criminales…

Aún así, de forma aislada, durante el S.XIX también se convirtió en una diferenciación voluntaria, pues comenzaron a verse en los circos americanos ambulantes, en los que hombres y mujeres  exhibían sus tatuajes. De hecho, en 1891 Samuel O ´Reilly (U.S.A.) creó la primera máquina de tatuar eléctrica.

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Ya en los años 60-70 del S.XX, el tatuaje comenzó a perfilarse como un símbolo de identidad grupal en distintas subculturas. Surge como idea de pertenencia al grupo, diferenciación del resto de la sociedad y se genera un sentimiento tribal del tatuaje.

Pero, el Foto 4verdadero redescubrimiento y comienzo de aceptación en Occidente, se puede fijar en los 90, cuando los jóvenes[3] recuperan esta práctica de forma más extensa. En la actualidad, se sigue manteniendo la idea grupal del tatuaje en subculturas, pero cada vez más se introduce la idea individualizada (el “yo” sobre el “nosotros). Es por tanto, un elemento que evoluciona con la sociedad y que se homogeniza con la globalización, sin olvidar que sigue existiendo discriminación y segregación en ciertos ámbitos laborales. No es el caso de otras culturas que en términos generales es concebido como un elemento integrador (es más, la palabra tatuaje proviene del polinesio tatau que significa marcar/golpear dos veces).

Tatuaje y corporalidad en la sociedad occidental

En occidente, aunque a priori no se vea, lo que observamos a través del tatuaje  es que el cuerpo tiene un concepto social e individual Como así  ha ido señalando desde la antropología, sociología o psicología:

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Si estas afirmaciones las aplicamos al tatuaje en la cultura occidental, podemos plantearnos dos cuestiones a analizar:

1) El tatuaje cómo elemento en el cuerpo social/cuerpo individual:

Bourdie, Foucault y Guattari, aplican diferentes dicotomías sobre el cuerpo (cuerpo ideal/real, cuerpo disciplinado/indisciplinado y cuerpo objeto/sujeto): un cuerpo social creado por la sociedad bajo sus normas y un cuerpo individual fuera de las normas, creado por uno mismo.

Al respecto, el tatuaje en la sociedad occidental se encuadra dentro del cuerpo revelado-individual (a pesar de que poco a poco se han ido aceptando), el que no se adapta a la normalidad porque se altera. Entrando así en juego, un proceso de desintegración/integración y exclusión/inclusión del grupo hegemónico.

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Cuando una persona se tatúa, establece una modificación corporal conscientemente. Una marca personal que le diferencia y, en cierta forma, crea un “autoestigma” y una autorepresentación con unos códigos concretos. De forma, que dicha metamorfosis provoca la salida de un grupo (desintegración/exclusión) y la entrada en otro grupo nuevo (integración/inclusión), minoritario y revelado.

Surgen así, dos grupos el de los tatuados y el de los no tatuados, con valores diferentes y  con un nosotros/otros. Es decir, que lo que a priori es un estigma, se convierte en un elemento integrador que crea un nosotros.

2) Tatuaje cómo lenguaje corporal:

Aunque el tatuaje es una forma de reafirmación del dominio corporal a nivel individual, éste sigue estando ligado al nivel social. Ya que, a través de él: expresamos, representamos y transmitimos información a los demás.

De forma, que el cuerpo se convierte en una hoja en la que dibujamos un mensaje con el que mostramos al exterior nuestro interior. Como así señala Laura Pozzio: “…Con los tatuajes inscribimos nuestros recuerdos a través de símbolos gráficos (…).Expresan lo que sentimos, identidad…”Foto 6

Es decir, que ese lienzo (cuerpo), es el mediador a través del cual exporto un mensaje con un significado (lenguaje corporal) y una función simbólica, porque tiene una interpretación (expresa actitudes, sentimientos, vivencias… ) que a nivel individual nosotros mismos hemos producido y deseamos transmitir.

Precisamente, porque es una modificación voluntaria y no impuesta, muchas son las motivaciones y los mensajes que buscamos mostrar. Así A.F. Walzer Moskovic en  “Tatuaje y significado: en torno al tatuaje”, recoge varios:

  • Expresión de transformación y advertencia contra el olvido: un testimonio de superación y recuerdo de hechos vividos.
  • El tatuaje como memoria gozosa: expresar buenos momentos.
  • Como elemento estético y comercial: se reduce a imitar y decorar el cuerpo (por lo general suele ser el primer tatuaje).
  • Provocación o reivindicación (rebeldía deliberada): mostrar el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo.
  • Tatuaje como elemento de protección, fuerza, terapia o problemas de salud.
  • Expresión de personalidad de uno mismo.
  • Como señal de pertenencia a un grupo (tribus urbanas, ejército…).

Por otro lado, en torno al tatuaje como lenguaje corporal, también entran en juego tres variables:

  • Género: la sociedad influye de forma diferente sobre el concepto del cuerpo entre hombres y mujeres, haciéndose una distinción entre lo femenino (belleza, seducción…) /lo masculino (fuerza, poder…).Y, según un estudio realizado en una clínica de tatuajes y perforaciones de Granada (2009)[4], esta diferencia de género es visible en los tatuajes.

Tras realizar entrevistas a doce personas de entre 18-30 años (6 hombres/6 mujeres), se llegó a la conclusión de que hay diferencias entre diseños, significados y zonas. Los hombres, prefieren tatuarse en lugares más visibles y diseños relacionados con la fuerza (serpientes, armas, dragones…). Mientras, que las mujeres eligen zonas menos expuestas y diseños relacionados con la delicadeza (hadas, flores, lunas, enredaderas, mariposas…).

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  • Edad: la edad es otra variable a tener en cuenta, puesto que los adolescentes están en pleno proceso de transformación y desarrollo identitario, mientras que los adultos no. Lo que implica que existan diferencias a la hora de realizar dicha práctica entre unos y otros, pues se ha observado que los jóvenes son los que se realizan los tatuajes de forma más impulsiva, de forma más imitativa, por rebeldía y con carencia de mensaje/sentido.
  • Localización: la zona en la que localizamos el tatuaje también forma parte del mensaje que queremos transmitir y en cómo concebimos nuestra corporalidad. De hecho, se pueden diferenciar entre zonas públicas (brazos, antebrazos, pantorrillas, cuello, manos…) y zonas privadas (hombros, costados, tobillos…).Como su nombre indica, la diferencia reside en lo que queremos mostrar al exterior o no, es decir, la zona privada obedece más a la intimidad, al no querer exponer a los demás y posiblemente a un mensaje para uno mismo.

Igualmente, también se observa la tendencia de que los primeros tatuajes se suelen realizar en zonas privadas y que a medida que esta práctica se extiende en el tiempo, se tiende a localizarlos en zonas más públicas. Posiblemente, se deba a la autoaceptación y al querer mostrar al resto del grupo.

En definitiva, el tatuaje muestra al individuo y una práctica social, desde el momento en que el queremos expresar algo con él. Llegando a convertirse en muchos casos en el libro de nuestra vida.

Rocío Rivas Martínez

Referencias

Álvarez Licona, N.E., Sevilla González, Mª .L., “Semiótica de una práctica cultural: el tatuaje”. Cuicuilco, vol.9, 25. 2002

González García, A., “El tatuaje y la perforación en la construcción de la corporeidad”. Cultura de los Cuidados 37. 2013

Piña Mendoza, C., “El cuerpo un  campo de batalla. Tecnologías de sometimiento en el cuerpo modificado”. El Cotidiano, vol.20, 126. 2004

Walzer Moskovic, A.F., “Tatuaje y significado: en torno al tatuaje” Revista de Humanidades 24. 2015

http://www.proarhep.com.ar/wp-content/uploads/Torres_Mirada-antropologica-del-tatuaje_2007.pdf

[1] Según Nelson Eduardo Álvarez Licona, se dan etapas de activación/desactivación temporal.

[2]  Tenemos ejemplos, como: Código Negro de Colbert, que ordenaba tatuar a los criminales y prostituas de las colonias francesas del S.XVII . Y, posteriormente, utilizado como marca en los campos de concentración de la Alemania Nazi.

[3] El hecho de que fuera una práctica desarrollada mayoritariamente entre los jóvenes, se puede deber a que son los que están desarrollando su construcción identitaria.

[4]  Alberto González García, “El tatuaje y la perforación en la construcción de la corporeidad”. 2013.

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