En mi trabajo y mi vida personal, me he encontrado demasiadas veces con la situación de tener que ir a distintas administraciones públicas a preguntar, reclamar o  presentar documentación. Y esto siempre  se convertía y sigue convirtiéndose en una odisea de papeles, de errores propios y ajenos, de información mal dada, o mal entendida.  

“Te falta la copia compulsada de éste documento».  – “En las bases no se especifica que haga falta» – «Ya, pero te lo van a pedir, así que tráelo ya, si no, no puedo tramitar el expediente» 

“No especificas en el punto 3.1 tal cosa» – «Bueno, aparece en el punto 3.2» – «No, pero si no lo pones en el 3.1 no vale»

“En el ordenador no me aparece tu baja»-  «Bueno, le traigo el papel sellado» – «No, pero si no aparece en el ordenador, yo no puedo hacer nada»

Y así con todo: Proyectos, subvenciones, solicitud de prestación por desempleo, bajas por maternidad, licencias de apertura,…

 Con la burocracia hemos topado, y contra ella no hay quien luche.  Por más medios que quieran poner, por más personas que quieran hacer su trabajo bien, a día de hoy nos sigue sorprendiendo encontrarnos con un funcionario amable, que nos ayude verdaderamente en nuestra aventura entre administraciones. No así en un comercio o centro comercial, que todos los dependientes son y deben ser amables, serviciales y cuando te toca el dependiente desagradable despotricamos donde se nos presente. Pero la administración es otra cosa, hemos interiorizado que eso es así, al más puro estilo «Vuelva usted mañana» de Mariano José de Larra, un ensayo en el que  parodiaba (o reflejaba fielmente) cómo funcionaba la Administración española de su tiempo. Publicado en 1833, el protagonista, Monsieur Sans-délai, un francés que ha venido a España para reclamar unas propiedades, quiere presentar unas propuestas de negocio y visitar Madrid. Cuando Sans-délai pretende resolver sus asuntos en quince días, Larra, le advierte que va a necesitar unos cuantos meses.

Y  180 años después, no hemos cambiado nada, personas que se encuentran con miles de trabas para abrir su negocio y tardan un mínimo de seis meses en tenerlo todo “casi listo”, valoraciones de discapacidad y dependencia paralizadas a falta que “alguien” firme el papel, que no lo firma, porque no hay dinero, tasas, tasas y más tasas, meses perdidos, buscando las maneras de acelerar el proceso para que su economía no se hunda, todo para “que te aburras” y no sigas peleando por lo que consideras tuyo, porque lamentablemente, casi todos al final nos cansamos del “VUELVA USTED MAÑANA”.

 

Fatima Centenero de Arce

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