Tanto por su historia y compromiso, como por la relevancia e influencia de sus investigaciones, la ciencia social, con toda la razón del mundo, tiene en un pedestal la primera época de la revista L’Année Sociologique. El trabajo de Marcel Mauss Ensayo sobre el don (1924) es uno de los más célebres que publicó. Influido por la distinción de Durkheim entre solidaridad mecánica (propia de sociedades homogéneas) y solidaridad orgánica (sociedades complejas) describe el don, la acción de dar (regalar, obsequiar, comprometer…), como la manera en que las primeras estructuraban sus comunidades. Para Mauss el don no es voluntario e identifica tres acciones que obligan: la de dar, la de aceptar y la de reciprocidad. Todo vínculo en estas sociedades se articula en formas de dar y recibir dones y en dicha acción estaban implicados todos los ámbitos significativos de la comunidad (político, económico, religioso, parentesco…). Por eso lo definió como un fenómeno social total. Mauss no sostenía que, en las sociedades complejas, con solidaridad orgánica, no operara este fenómeno, pero en ellas era más sencillo evitar la obligatoriedad o circunscribirla sin necesidad de implicar a toda la comunidad. El desarrollo de las ideas de Mauss ha sido muy productivo, aunque ya no etiquetemos las sociedades en esos términos. Las dinámicas sociales son sistemas complejos y volubles, incluso en las comunidades aparentemente más sencillas. Aun así, su trabajo nos sugiere mirar siempre la interrelación e interdependencia de los fenómenos sociales y culturales. Dar, aceptar y devolver, bien sean objetos, gestos, ayuda, mostrar afecto, etc. articula las sociedades humanas.

Pero las reflexiones sistemáticas sobre el don son mucho más antiguas. En el Maha-Prajñaparamitasástra, tratado filosófico atribuido a Nagarjuna (siglo II d.C.) hay un capítulo sobre la dana-paramita (literalmente la perfección, o virtud, del don o de dar). En él, Nagarjuna acuña el concepto trimandala-parisuddha que significa algo así como la pureza de los tres ámbitos, que no corresponden con las tres obligaciones del don de Mauss pero que aportan otro punto de vista que podríamos ver como complementario. Para Nagarjuna estos tres mandalas (aquí mandala se suele traducir como perspectiva, marco, ámbito) son el del que da (sujeto), el de lo dado (o la acción misma de dar) y el del receptor (objeto). Nagarjuna es un pensador budista, fundador de la escuela Madhyamaka (camino medio), así que su propuesta filosófica siempre busca pensar para liberar. No busca solo analizar el don, trata además de enseñar cómo dar y aceptar sin provocar sufrimiento; ni a los demás ni a uno mismo. Todos sabemos que tanto ofrecer como aceptar un regalo pone en marcha una serie de dinámicas sociales, económicas y emocionales que son a menudo difíciles de llevar. El propósito de Nagarjuna se alinea con las intenciones éticas nada disimuladas de Mauss que en las conclusiones de su ensayo sostiene que “tenemos otras morales además de las del mercader”, proponiendo crear una sociedad mejor a través de la práctica de la reciprocidad.
En su tratado, Nagarjuna, enseña que la generosidad verdadera sólo es posible si estos tres mandalas (el que da, la acción de dar y quien lo recibe) se purifican. Y para un budista esto pasa por entender que ninguno de los tres existe esencialmente: nada existe por sí mismo ni para sí mismo. Nagarjuna es el gran teórico de la vacuidad, que es la verdadera naturaleza de todo, el único estado en el que es posible la no-dualidad y donde se desvanecen las apariencias del yo y del otro. El que da, lo que se da y quien recibe no pueden ser entidades sustanciales ya que son interdependientes, no pueden existir por sí mismas, co-emergen. En la lógica budista esto nos lleva a deshacer la causalidad lineal (alguien da algo que posteriormente otro lo acepta). Para Nagarjuna, en cambio, los tres son a la vez causa y consecuencia de los otros, el sujeto y el objeto se subsumen el uno en el otro porque su verdadera naturaleza es la potencialidad infinita de la vacuidad reconociendo que todos pueden ser a la vez el que da, el propio don y el que lo recibe. Ahora que el que da sabe que no tiene existencia propia como dador, que no hay nadie que pueda sentirse hinchado por el orgullo de su generosidad, o sufrir de avaricia al desprenderse de algo que le pertenecía y que tampoco hay nadie que pueda sentirse comprometido por la deuda o importante por ser agasajado, es posible la verdadera generosidad, una sin condiciones, sin buscar más propósito que la generosidad misma.
Marcel Mauss hace cien años nos enseñó cómo el don puede estructurar los vínculos de una comunidad y nos animó a buscar las formas que contribuyeran a construir una sociedad más justa. Nagarjuna, mucho antes, nos propuso una manera de entender la realidad que hacía posible una generosidad genuina y liberadora. Son buenos regalos, pero recordad que en el budismo en toda aceptación hay una renuncia y en una renuncia una aceptación.
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