Aquellos barros: en 2013, M punto Rajoy creó el marco de reestructuración bancaria y SAREB que recibió más de 50.000 millones de euros en activos. Ignacio González vendió 2.935 viviendas del IVIMA a Azora/Goldman Sach y Ana Botella hizo lo propio con 1.860 viviendas de la EMVS, que fueron a parar Fidere/Blackstone.
A veces, me da la impresión de que la democracia a la que esta sociedad ha llegado lo único que democratiza es la miseria (también la moral). Pagamos justos por pecadores y las peores acciones son aplaudidas.
Hace unos años aún mirabas al presente (incluso al futuro) y veías un rayo de luz, un atisbo de prosperidad, unos derechos adquiridos e inamovibles, una calle con comercios de barrio y, además, llamabas a tu centro de salud y te daban cita para el día siguiente. Hoy, 06 de octubre de 2026, desayunas con la imagen viral de una mujer llamando «gentuza» al grupo de personas que intentan frenar el desahucio de una vecina de 87 años. Un fondo buitre ha comprado el edificio donde vive y le pide 2.650€ de alquiler.
La señora a la que le molesta que se defienda el derecho a la vivienda es una vecina del barrio, una persona «normal» a la que esta nueva democracia le ha arrancado el corazón. Es un monigote que no siente ni padece, su empatía está bajo cero y los problemas humanos de cualquier índole le traen al fresco. Sobre todo, si los tienen personas con menor poder adquisitivo que ella. Lo único que pide esta analfabeta política es poder tomarse una cerveza tranquila en una terraza de su ciudad y comprarse un bolso caro para presumir ante su grupo de amigas sin corazón. Piensa que el resto le viene dado por ser ella quién es. Bueno, en realidad, cree que piensa.

Esta señora, este muñeco relleno de paja, no está sola en sus increpaciones, está respaldada por varios partidos políticos y acompañada por muchos otros monigotes que, como ella, han sido fagotizados por el ideario del fascismo moderno. Una ideología que se aprovechó del miedo en el periodo de entreguerras y que ha despertado con fuerza para comerse nuestra debilitada democracia. 
Ya lo vimos venir en 2011, cuando pedíamos una democracia real y acampamos en las plazas. Salimos a las calles y rodeamos el Congreso. Descubrimos las vergüenzas del sistema y le lanzamos a la cara su expolio. Sacamos a la luz los nombres y apellidos de los malos (sí, claro que hay malos) y nos organizamos para crear redes de ayuda comunitaria. No era una victoria, pero fue un comienzo. Había esperanza, había energía, había ilusión por cambiar las cosas. Había sentido crítico y sentido de lo común. No había ley mordaza.
Actualmente tenemos un paro por debajo del 10% y los sueldos se han ido recuperando, pero el acceso a la vivienda ha sido cercenado por un modelo económico que favorece la especulación y protege el rentismo. Todo en connivencia con unos dirigentes políticos que no son capaces de gobernar para la mayoría y permiten que una empresa pueda cobrar 2.600€ al mes por el alquiler de un piso. Y es aburrido escribir sobre esto una y otra vez, y desesperante. Y muy triste. ¿De dónde vamos a sacar las fuerzas para soportar los golpes de los fondos buitre y los fascistas? ¿Por qué hay tanta gente que se pone del lado de los malos? ¿Siempre estuvieron ahí? ¿Son las redes sociales quienes han posibilitado la expansión de la estulticia y la violencia?
Me cuentan que hay que recuperar la esperanza y no ceder a la desesperación, que hay que seguir organizándose, luchando, cuidando y haciendo viral lo importante y lo bonito. Eso es lo que nos queda y no es poco. Por eso volvemos a las plazas y a las calles, no sé si con la misma esperanza que entonces, pero sí con la misma responsabilidad y el compromiso de no dejarnos vencer tan fácilmente. Con alegría, pero sin concesiones. Se lo volvemos a poner difícil a los mismos de siempre, que vuelven a llamarnos perroflautas y filoetarras.
Siempre fuimos semilla y la tierra sigue siendo fértil. Nos querían convencer de que no hay nada que hacer, pero una nueva generación se ha plantado frente a los que creen que la ciudad es suya, así que me dicen que tenemos la responsabilidad de tener esperanza.
Pase lo que pase, ahí estaremos.
Susana R. Sousa
