El ser humano sigue demostrando ser un depredador, y lo es a todos los niveles: social, económico, político y medioambiental. ¿Estamos preparados para reaccionar de forma inteligente ante situaciones como la que estamos viviendo? El miedo nos hace actuar de forma compulsiva, impulsiva e irracional. Desde saltarse la cuarentena social para tomarse unas vacaciones en el pueblo o en la playa, pasando por el abandono de animales y el asalto de supermercados, hasta convertir en enemigo a aquel que sale de casa o que no sale. Son tiempos de crisis, y esta siempre genera desconfianza. Cualquier motivo es válido para buscar opuestos y establecer alteridades. Cualquiera puede ser considerado sospechoso de portar el virus o de poner en peligro al grupo: de quebrar la interdependencia y la acción colectiva.

Desde hace ya un tiempo, un nuevo depredador se ha apropiado de nuestras vidas. De una forma o de otra, nos hemos acabado contagiando: algunos biológicamente, otros mediáticamente, y todos, socialmente. Ese depredador ha conseguido cambiar nuestra rutina.

La publicidad que se le ha dado al coronavirus ha acaparado tal atención que hasta tiene un icono que lo identifica. El papel higiénico se ha convertido en el símbolo de tamaña alarma en nuestra sociedad. Y no es de extrañar, ya que, de sobra es sabido que, miedo y papel higiénico están íntimamente relacionados. Bromas aparte, la pandemia del pánico nos ha puesto a prueba y, como es habitual, hemos tenido reacciones de lo más variopintas. Me pregunto cómo nos vemos y cómo nos ven, formando largas colas para comprar en los supermercados, arramblando con todo, acaparando productos que ni siquiera necesitamos y desabasteciendo a otros más vulnerables.

El ser humano sigue demostrando ser un depredador, y lo es a todos los niveles: social, económico, político y medioambiental. ¿Estamos preparados para reaccionar de forma inteligente ante situaciones así? El miedo nos hace actuar de forma compulsiva, impulsiva e irracional. Desde saltarse la cuarentena social para tomarse unas vacaciones en el pueblo o en la playa, pasando por el abandono de animales y el asalto de supermercados, hasta convertir en enemigo a aquel que sale de casa o que no sale. Son tiempos de crisis, y esta siempre genera desconfianza. Cualquier motivo es válido para buscar opuestos y establecer alteridades. Cualquiera puede ser considerado sospechoso de portar el virus o de poner en peligro al grupo: de quebrar la interdependencia y la acción colectiva.

La campaña #YoMeQuedoEnCasa trata de solidaridad y responsabilidad colectiva ante la amenaza externa. Pero, al mismo tiempo sirve como instrumento para el ejercicio de poder, control y presión social. Además de responsabilidad y de imagen ante el resto, trata de convencer e imponer. De esta manera, el #YoMeQuedoEnCasa ha derivado en el #QuédateEnCasa: una orden política y social, desde arriba hacia abajo, pero también ejercida en dirección horizontal. El poder de la autoridad se ha trasladado a las casas y a los cuerpos individuales, instalándose en ellos y actuando estos mismos como celosos guardianes en aras de un bien común. Calles y viviendas se han convertido en un gran panóptico desde el que observar si se cumple o no y cómo la cuarentena, mientras las redes sociales sirven de canal para denunciar y condenar públicamente conductas.

Esta campaña también ha supuesto abastecerse desabasteciendo a otros; significa que haya otros que nos abastecen y/o cuidan de nosotros sin poder quedarse en casa, aunque quieran. Esta orden normativa deja igualmente en un segundo plano a aquellos que, a causa de diversas enfermedades, trastornos y/o discapacidades, necesitan salir de casa; a personas mayores que están solas y no tienen a nadie que les ayude, o a quienes sufren violencia doméstica. Otros, de los que apenas nos acordamos, no tienen ninguna casa en la que quedarse. La contraparte es que se han generado redes de solidaridad y ayuda mutua entre vecinos, fabricado y donado mascarillas y batas, realizado donaciones económicas, acogido a personas sin hogar en albergues, escuelas y otros edificios, etc. A consecuencia del confinamiento, se han buscado nuevas formas de socialización o se han potenciado algunas que ya existían, a la vez que se ha convertido en tradición salir a balcones y ventanas a bailar, cantar y aplaudir, aunque también desde algunos a abuchear, increpar e insultar. Hay quienes lo hacen de forma indiscriminada sin atender a que, quien sale, pueda ser precisamente aquel o aquella a quien aplauden. Otros van más allá, instando a que la propia policía registre la compra de los consumidores para verificar que lo que se adquiere son productos de “primera necesidad”, con la ambigüedad que tal denominación conlleva.

Y en cuanto a esos bienes de “primera necesidad”, uno de los aspectos más curiosos de la situación ha sido el hecho de que se haya considerado al tabaco como tal, a la vista del decreto del gobierno. No deja de ser paradójico que, ante una enfermedad que afecta a las vías respiratorias como es la del COVID-19, se dejen abiertos los estancos para continuar fomentando un vicio tan mal visto y tan perjudicial como es el fumar. Pero si se cerraran estos establecimientos, ya no sé a qué punto podríamos llegar. El ser humano está lleno de contradicciones. Y mientras los virus acechan en todas partes aunque parezca que en ninguna, en las cajetillas sigue rezando “Fumar mata” como si nada. El depredador de moda ha quitado protagonismo al resto.

En otro orden de cosas, esta crisis se aprovechará como arma para seguir dividiendo y dividiéndonos, pero también para controlarnos y seguir dominándonos. Los depredadores de la geo y biopolítica tomarán buena nota de los comportamientos de países y poblaciones para la puesta en marcha de acciones futuras inciertas. En lo económico, significará un desplome cuyo eco resonará durante un tiempo indeterminado, probablemente no breve. Y otros, también depredadores, vendrán a sacar provecho de la adversidad. El capitalismo neoliberal como sistema es lo que trae, y lo que tiene. En este mundo globalizado otros virus se expanden con la misma facilidad que el COVID-19, pero para esos no interesan vacunas.

Más allá de nuestro incorregible antropocentrismo, quizá sea momento de hacer autocrítica. Soñamos con volver pronto a nuestra normalidad, pero antes, quizá debiéramos reflexionar acerca de todo lo que estamos haciendo mal e intentar revertirlo. Quizá esta lección haya que tomarla como una inyección de humildad que nos sirva para tomar conciencia social y medioambiental: retornar a lo comunitario desterrando el individualismo, valorar lo público frente a lo privado, regular el turismo masivo, implementar medidas medioambientales con urgencia, empatizar con los demás y comenzar a practicar entre todos el decrecimiento. No sé cuál de todas estas propuestas es más difícil, pero eso no significa que sean imposibles, ya que nuestra capacidad de adaptación ha quedado demostrada a lo largo de la historia.

Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio

 Charles Darwin

Ojalá esta distancia a la que nos estamos viendo sometidos sirviera como inversión para una verdadera unión, y también para demostrarnos a nosotros mismos que podemos vivir con menos y adaptarnos. Como seres antropocéntricos que somos, se nos olvida que la naturaleza puede depredarnos cuando y como quiera en su búsqueda del equilibrio. Al menos, estamos dando un pequeño respiro al planeta en este lapso. El #YoMeQuedoEnCasa es adecuado para frenar la propagación del coronavirus y aplanar la curva, pero… ¿es suficiente?

Susana Callizo Fernández

Referencias

https://www.diariodeburgos.es/noticia/ZF1E724EB-0D92-CF69-1DE269930EF068DB/202003/animan-a-delatar-a-los-vascos-de-puente-en-merindades

https://www.eldiario.es/sociedad/Justicieros-cuarentena-deseado-ventanas-autista_0_1009299529.html

https://www.lavanguardia.com/local/gran-valles/20200325/4891357653/escuela-terrassa-albergue-personas-sin-hogar-confinamiento-coronavirus.html

https://www.archiburgos.es/2020/03/23/seminario-personas-sin-hogar-coronavirus/

https://pamplonaactual.com/el-albergue-de-jesus-y-maria-abre-desde-este-martes-como-centro-para-acoger-a-personas-sin-hogar/

https://www.20minutos.es/noticia/4203131/0/coronavirus-el-albergue-juvenil-de-torremolinos-atiende-a-52-personas-sin-hogar/

Imagen de portada: Alfredo Boto-Hervás

Imagen 2: Angus Olsen

Imagen 3: La viñeta de Idígoras

   Send article as PDF   
anthropologies

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.