Inés estos días vive en un globo.

Globo cautivo. Inseguro.  CONFINADO.

Su casa, una bolsa de material impermeable y seguro.

Baila en una superficie curva, cuyos puntos equidistan del centro. Hoy puntos lejanos, muy lejanos entre sí.

Respira MIEDO.

En este aislamiento continuo se sujeta a la tierra por un cable recubierto de una armadura que la protege de la posible agresión de un bichito intolerable.

A veces, su alma se apaga como una llama de una vela sin oxígeno.

– Está bien, abriré la VENTANA, abriré la ventana…

Es entonces, cuando el nuevo aire entra temeroso, no quiere hacer daño a nadie.

– ¡Ven no puedo vivir sin ti! susurra Inés.

Su ánimo sólo se renueva en el BALCON de los sueños soleados, las risas inocentes de su niña o las palabras exactas de amigos repletos de buena luz.

Sí, hoy es el primer miércoles sin taller de escritura y por la tarde Inés decide responder a la invitación no de boda si no de escribir todas juntas.

– Todo es “como si…” escribe

Por la mañana el despertador me llama como si tuviera que salir a trabajar.

Miro por mi ventana. No veo personas. Solo oigo alegres cantos de primaverales pajarillos sin nombre que se apresuran a construir su querida morada. QUIETUD

Calma, al mismo tiempo, como si fuera…solo como si fuera la segunda quincena de agosto en un pueblo no turístico del interior.

Ayudo a mi retoño a atarse los cordones bien fuerte como si hoy tuviera que correr grandes aventuras.

El ordenador me reclama con proyectos virtuales como si fuera una profesora on-line.

Cocino las alubias bien tempranito como si le faltaran minutos a ese reloj.

Los deberes de mi hija me rasgan la paciencia como si nunca hubiera sido maestra.

Me comunico con mis amigas como si estuviéramos en la plaza del pueblo.

Los viernes saco mi pantalón vaquero favorito como si fuera a cenar con mi mejor amiga.

No sé…quizás estos días recuerdo aún más las palabras de mi madre. En más de una ocasión le oí decir:

– Cuando hagan cualquier trabajo háganlo de todo corazón, como si estuvieran trabajando para el Señor y no para los hombres

Mari Berrizbeitia Maiztegi

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