Introducción

Hoy día, el feminismo vive una situación contradictoria. Por un lado, cada día son más las personas que se interesan por el tema y se comprometen con el mismo. Por otro lado, cada día son más, también, las personas que se sienten enemigos del feminismo, y que se declaran en contra. Si ladran es porque caminamos, eso es algo que tenemos claro, pero ¿hay alguna estrategia detrás de estas reacciones en contra?

Feminismos

El feminismo no es una corriente homogénea, ni mucho menos. Hay muchos feminismos, y siempre los ha habido. No todas entienden a la mujer del mismo modo y, por tanto, no todas exigen lo mismo para la mujer. Permítanme simplificar en exceso, por motivos de comodidad expositiva. Digamos que hay dos grandes vertientes del feminismo que podrían englobar a todos los movimientos: el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. Sé que no estoy siendo riguroso, pero no es necesario para lo que me propongo exponer. Detrás de cada una de estas posturas, se encuentra una visión de la mujer distinta. Por un lado, tenemos una visión de la mujer como igual al hombre, y por el otro una visión de la mujer como algo distinto del hombre.

Las posiciones más radicales, por supuesto, se encuentran del lado del feminismo de la diferencia. Y aquí está la clave. La estrategia de los medios de comunicación de masas es clara: identificar a cualquier feminismo con el feminismo más radical, dando visibilidad sólo a este tipo de feminismo. La consecuencia es más clara aún: la gente de a pie no puede sentirse representada en estos movimientos tan radicales, y no puede compartir sus consignas. Como piensan que todo el feminismo es igual (ya que no conocen otro, pues no aparece en los medios), se declaran firmemente en contra del movimiento. Y, con razón, no pueden defender esas posturas radicales, ni entenderlas.

Conclusión

Los poderes fácticos del patriarcado, a través de sus siervos (medios de comunicación) han conseguido lo que querían: acallar a las voces más razonables del feminismo (si no sales en los medios, no existes) impidiendo la empatía de la sociedad para con ellas y con su causa; invisibilizando el trabajo de tantos colectivos que trabajan cada día, barrio a barrio, por la igualdad. Y esto lo han conseguido vendiendo el feminismo como un pack indivisible.

La solución a esto es sencilla, aunque cuesta un gran esfuerzo (el esfuerzo más eludido en la actualidad, el esfuerzo de pensar por uno mismo, me temo). Me atrevo a proponer desde aquí una actitud que intento tener ante todo, y que resulta muy sana para los que aman la verdad: nunca compréis un pack, a menos que sea de cerveza.

José A. Herrera

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