Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y es que después de un Estado de Alarma de casi tres meses, de aplausos en los balcones mientras los hospitales se desbordaban, los enfermos aumentaban y las muertes dolían, parece que seguimos siendo incapaces de ver que la situación no es la más propicia para irse de fiesta, salir a las calles vaso en mano, mascarilla por la barbilla –quien la lleve puesta, claro– y distancias de seguridad más que dudables.

En fin, primero pedimos que se acabe el Estado de Alarma para recuperar la libertad y ahora que lo conseguimos, con las restricciones de rigor, salimos a la calle en busca del rebrote que nos confine de nuevo. Espíritu inconformista.

No estamos cómodos con alas ni con cadenas.

Al menos, esta es la conclusión a la que se puede llegar después de ver las imágenes del pasado sábado en Granada. Calles atestadas de personas, jóvenes en su mayoría, el ocio nocturno que vuelve abrir –aun cuando estaba supuestamente restringido–, botellones y bares que superaban el aforo máximo, centenares de denuncias y la policía desalojando locales. Todo esto a las puertas de un nuevo confinamiento, como se venía avisando a lo largo de la semana por el escandaloso crecimiento de infectados por covid-19 en la provincia, que pasaba a tener más de 500 diarios por 100.000 habitantes, cifras superadas de cerca tan sólo por Sevilla.

Esto, en marzo, podría ser comprensible. No teníamos ni la mitad de información que hoy, el Coronavirus sonaba como algo lejano o ajeno, que no llegaría a afectarnos o que serían casos aislados… hasta el 13 de marzo, cuando todo un país se sometió a un Estado de Alarma que lo dejó paralizado durante casi tres meses, con sus consecuencias económicas, psicológicas y sociales. ¿Ahora? Resulta impensable que no hayamos aprendido nada, al menos a respetar las medidas. Pero esa es la realidad. Volvemos a tropezar con la piedra, no por casualidad, sino por tozudez, egoísmo, irresponsabilidad. Por miseria. Es más importante una fiesta y disfrutar de la diversión durante el puente que destensar la cuerda. Es más fácil salir a la calle y arriesgarse al peligro que quedarse en casa o ser responsables. Las excusas vienen desde los negacionistas o los que hablan de no sé qué Habeas corpus, hasta los que afirman que como sus familias viven fuera de Granada no hay peligro de contagiarlos y, los demás, suponemos que les importan poco. De nuevo, el egoísmo.

Luego, eso sí, cuando las autoridades salgan en TV anunciando un confinamiento de 15 días, una orden ministerial, un Estado de Alarma o lo que les apetezca aplicar, la culpa será del Gobierno por no tomar las medidas adecuadas, saldrán a la calle a pedir el fin de la «dictadura» (sic) o la dimisión de un «caudillo» (sic), con banderas y proclamas con resabios sospechosos a otra época donde las libertades eran un sueño a conquistar. Y eso no significa que los Gobiernos, ya sean el nacional, autonómico o municipal, estén tomando buenas decisiones, sino que cada uno de nosotros somos dueños tan sólo de nuestros actos y de nuestras decisiones, por muchas leyes o multas que se impongan. ¿Responsabilidades? Ya se pedirán cuando llegue el momento. Hasta ahora no parece que otros países hayan sabido gestionar mucho mejor la pandemia, por falta de conocimiento ante algo desprevenido y de lo que sabemos muy poco.

No estamos libres de un contagio. Aun respetando todas las medidas es fácil tener contacto con un positivo sin que lo sepamos, en clase, en el transporte público o en el trabajo. Todos estamos expuestos al riesgo, en tanto seguimos siendo un animal social que, a veces, no le queda más remedio que cumplir con su deber y acudir a su sitio en el aula o a su puesto de trabajo. Salir de fiesta no es una obligación, es una irresponsabilidad. Se trata de tirar por la borda lo conseguido desde marzo, subestimar y humillar el trabajo de unos sanitarios desbordados, exponer a nuestros seres queridos al virus.

Se trata de ser egoístas y miserables.

O, más bien, se trataría de no serlo.

Rodolfo Padilla Sánchez

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