Transitando por alguna de las carreteras de la geografía española es frecuente ver en sus márgenes construcciones que señalan un espacio, por lo general en suelo público, donde han fallecido por accidente de tráfico una o varias personas.

Suelen ser construcciones sencillas en forma de cruz, pequeñas capillas o complejos monolitos funerarios acompañados, en mayor número, de objetos personales del difunto/a con varios tipos de ofrendas, según la cultura y tradiciones del lugar, para la veneración religiosa o testimonial.

Estas prácticas funerarias tienen su origen en la antigüedad y no son exclusivas de España, sino que se manifiestan en otros países del mundo con nombres y sentidos distintos, como presentan las  Animitas en Chile. Su nombre se debe a la creencia popular de que en el lugar del trágico suceso permanece el alma del difunto.

Dependiendo del país, región y condición social del fallecido/a se utilizarán unos u otros materiales para su levantamiento, ostentosidad, decoración, espacio y normas. Son más comunes en el sur de los países, donde las construcciones alcanzan mayor manifestación simbólica, mientras que en el norte son más discretas por diferentes motivos como el clima. Esta tradición concede a la mujer un papel de suma importancia para mantener viva la memoria del difunto/a encargándose de su mantenimiento.

Un ejemplo sobresaliente y singular de estas prácticas en Andalucía lo podemos encontrar en la provincia de Sevilla siguiendo la nacional N-630, Vía de la Plata, a la altura de la pedanía de las Pajanosas, perteneciente al municipio de Guillena, en el margen derecho sentido Sevilla.

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Es un monolito erigido en honor a un doctor sevillano, Luís Carmona Ruiz de Bustillos, que ejerció su profesión en el municipio del Real de la Jara. Falleció en octubre de 1928 como consecuencia de un accidente automovilístico a la edad de 25 años. Se encuentra ubicado en un espacio cercado y destaca por tener un carácter monumental. La información se concentra en la parte frontal en la que se pueden leer, sobre azulejos de notable calidad, varias citas exaltando la profesión del difunto y el dolor familiar por su desafortunada pérdida, información personal e incluso una imagen del fallecido. Está rematado por una cruz de considerable tamaño que potencia aún más el carácter venerable del conjunto, visiblemente dañado por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.

La noticia del suceso fue publicada en el periódico la Vanguardia en su edición del viernes 5 de octubre de 1928 en la página 22 con el titular:

Un médico muerto en un accidente de automóvil

Sevilla, 4.

En la carretera de Real de la Jara volcó un camión de servicio público, a consecuencia de la rotura de la dirección, resultando muerto el médico de esta capital don Luis Carmona Ruiz Bustillos, de 25 años.

Esta práctica tradicional se niega a desaparecer con el paso del tiempo por establecerse en la memoria colectiva y mostrar un respeto excepcional hacia estos lugares convertidos en sagrados, otorgándoles una expresión cultural de inmortalidad que aletarga el olvido de las personas que han perdido la vida en las vías públicas por repentinas circunstancias.

Juan Gabriel Rodríguez Laguna

infolagunajg@gmail.com

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2 thoughts on “Espacios públicos y manifestaciones funerarias”

  1. Hola Lole, gracias por tu comentario. No esta catalogado como monumento. Se trata de una iniciativa privada como consecuencia del suceso. Por el estado en el cual se encuentra pienso que está abandonado, continuando en pie gracias a la calidad del material con el que está construido. Saludos.

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