No siempre es fácil acercarse a problemas con una sensibilidad social y mediática tan exacerbada, pero si se hace desde la politología, mediante métodos preestablecidos, reglas de estudio y técnicas objetivas, queda eliminada cualquier sospecha sobre la conclusión a la que se pueda llegar.

Como bien se expone en el título, vamos a hablar de la violencia hacia la mujer, ahora bien, la técnica o herramienta que usaremos será el “triángulo de Ogden y Richards”, el cual paso a representar gráficamente:

Bien, por significado o concepto, y para no entrar en demasiadas precisiones, debemos entender la definición, el conjunto de palabras que intenta describir y exponer qué es la realidad o referente. El nombre o símbolo es la palabra que nos designa esa realidad y ese significado. Por último, tenemos la realidad, ese algo que queremos definir y nombrar que es una realidad y que pertenece al mundo de lo físico y no de las palabras.

Entrando ya en el meollo del asunto, nuestro nombre sería “violencia hacía la mujer”, el significado o concepto:

“Violencia contra las mujeres es todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga, o pueda tener como resultado, un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si es en la vida pública como en la privada”

Por último, tenemos la realidad, lo físico, lo que sucede en el plano del suceso, de los atestados policiales, la crudeza del hecho.

Así pues, los tres extremos del triángulo se interrelacionan, pero no de forma equilibrada, esto es, la distancia entre cada uno de los puntos varía, y también los tres puntos varían el concepto, cambia, la definición, se reescribe y los sucesos se modifican o al menos, lo hace su apreciación social.

Pero vayamos al caso particular para ver la utilidad de esta herramienta. El suceso sería el siguiente: en una reunión de delegados de un sindicato, el secretario general realiza una propuesta para que sea aprobada, una de las presentes realiza una propuesta alternativa y contraria a la primera, el secretario general le espeta con malas formas y alzando la voz: ¡¡¡Tú calla que estas jubilada!!!.

De acuerdo con la definición mostrada con anterioridad no sería un acto de violencia hacia la mujer, ya que, aun siendo un acto de violencia dialéctica o un desprecio, el mismo no se ha realizado o no tiene su origen en el hecho de que el receptor del exabrupto sea una mujer, sino en que está jubilada. Sin embargo, para muchas mujeres y hombres este hecho puede ser considerado como un acto de violencia hacia la mujer, por lo que el triángulo se descompensa alejándose la realidad de la definición.

Por el contrario, para otros muchos, tal suceso no se puede incardinar en la definición por lo que el hecho se encuentra fuera del triángulo y el mismo se queda como estaba.

De esta forma cuanto más se agrande la definición, los hechos o el concepto, más ampliamos el triángulo y más caben dentro del mismo, pero a la vez, menos rigurosos somos, por el contra, cuanto más concretamos la definición y precisamos el concepto, menos hechos podemos poner dentro del triángulo.

Si quieres seguir sabiendo más sobre violencia hacía la mujer de forma rigurosa y crítica, y sobre politología con ejemplos interesantes, puedes seguir leyendo esta web. Si no, continúa con Susana Griso o Ana Rosa, ahora bien, no esperes saber más que lo suficiente para poner un mensaje con muchos emojis en tu cuenta de Facebook.

Pablo Martínez Bleda

Imagen: ssociologos.files.wordpress.com

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