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Nota: en el presente artículo se repiten con frecuencia las palabras que dan título al mismo. Esta repetición ha sido intencionada.

«¿Qué es peor, la ignorancia o el desinterés?», me preguntó hace algún tiempo mi prima, que tenía por aquel entonces unos ocho años. Fue una de esas preguntas repentinas, fruto de una curiosidad inocente que se va abriendo paso. Sin dudar, le respondí que lo peor era el desinterés porque la ignorancia se cura aprendiendo; pero si no quieres hacerlo, te quedarás sin saber por voluntad propia. Ella dio por respondida su pregunta y prosiguió alegre su camino al colegio, pero yo me quedé pensando en la pregunta tan buena que me había hecho y, como casi siempre, mi mente se abrió camino para hacer de mis palabras algo que escribir.interrogantes

A día de hoy somos muy intolerantes con la ignorancia. La propia palabra ignorante tiene ya un matiz negativo debido al uso que le damos. Tachamos de ignorante con una facilidad pasmosa a quien consideramos que no sabe de lo que habla. Consideramos que el o la ignorante es culpable de su propia ignorancia, pues creemos vivir en un mundo en el que la información está al alcance de todos. No obstante, la realidad es que desde que nacemos, partimos con oportunidades muy diferentes que condicionarán, entre otras cosas, el tiempo y los medios que podremos dedicar al aprendizaje; por supuesto, esas oportunidades iniciales condicionarán también las cosas que aprenderemos. Asimismo, el nivel de importancia que daremos a la obtención de según qué conocimientos se verá igualmente alterado por nuestro entorno. En definitiva, son varios los factores que condicionan la posibilidad de aprender y lo que se aprende, pero desgraciadamente esta realidad es ignorada en muchos casos.

Sin embargo, no estoy diciendo que la ignorancia provenga únicamente de nuestras circunstancias adscritas. Nuestro desarrollo como individuos a partir de dichas circunstancias tiene mucho que ver. Una persona que desee aprender y que disponga de medios suficientes para ello, seguramente adquiera los conocimientos deseados; por otro lado, aquella que carezca de interés por el aprendizaje en una materia o tarea determinada, tenga o no medios suficientes para ello, se quedará estancada. Aquí es donde se manifiesta la estrecha relación entre desinterés e ignorancia, pues está muy claro que quien no quiera aprender, no lo va a hacer, y aquí es donde se genera un individuo al que seguramente se acuse de ignorante con el tono más despectivo del mundo. Lo que quizá no se haga de forma tan generalizada sea preguntarnos de dónde procede su desinterés, que es la raíz de la ignorancia en este caso. Así pues, se toma una actitud precisamente de ignorancia hacia algo que suscita gran cantidad de críticas, pero no se muestra interés en ahondar en las razones que ocasionan esta apatía identificada como molestia. Y es que cuando hablo de ignorancia no lo hago sólo en términos de formación académica y/o profesional: ignorar los problemas sociales es muy dañino, y esta ignorancia suele venir causada por un profundo desinterés; un desinterés motivado en muchos casos por la frustración que se produce al no poder poner remedio a los males de los que aqueja la sociedad. Esta sensación de impotencia por parte del ser humano hace que evadirse se contemple como opción.

deisnteresPero al igual que el desinterés produce ignorancia, la ignorancia produce desinterés dado que si se desea aprender pero se presentan grandes dificultades del tipo que sean para ello, es probable que se abandone tan costosa tarea. De una u otra forma, ciertamente, mantenerse o no en la ignorancia es una decisión «propia» en aquellos casos en los que existen medios al alcance de la persona en cuestión. Porque una cosa es que los medios estén ahí para la mayoría y, otra muy distinta, que uno esté entre los individuos que tienen acceso a ellos. Por tanto, no es correcto responsabilizar a la persona que no tiene acceso a estos medios, aunque en general no es correcto que nadie se crea con tan buen juicio como para determinar quién es ignorante.

En definitiva, está claro que no podemos saberlo todo y eso es algo que tenemos que aceptar. Pero si seguimos vagando sin interesarnos por conocer y comprender, nunca acabaremos con la ignorancia. Y como dice la frase atribuida a Albert Einstein: «la vida es muy peligrosa no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa»

María Valhallen

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