Desde Anthropologies queremos expresar nuestras condolencias por las vidas perdidas en la tragedia del Charlie Hebdo y nuestra condena a cualquier tipo de violencia. La intención del presente artículo es alejarnos del punto de vista que inevitablemente tenemos como individuos socializados en el mundo occidental, alejándonos de nuestros propios prejuicios para construir un texto que favorezca un espacio para el análisis científico de los hechos. Hacer tal ejercicio de distanciamiento de nuestros propios principios morales es complejo, pero queremos animar a los lectores a hacer lo propio y a enriquecer el esquema que planteamos con sus aportaciones, siempre desde el respeto.

2015 ha comenzado con los ataques terroristas a la sede parisina de la revista Charlie Hebdo, lo cual ha desatado una poderosa reacción en forma de manifestaciones que han inundado, entre otros lugares, las redes sociales: el “je suis Charlie” que tanto se ha pronunciado en las últimas semanas se ha convertido en un símbolo que necesariamente ha llamado nuestra atención sociológica y nos gustaría ofrecer unas breves pinceladas que esperamos animen a los lectores a replantear sus puntos de vista.

El semanario satírico Charlie Hebdo, fundado en 1992, ha sido objeto de numerosas polémicas debido al contenido de sus publicaciones, en un continuo debate sobre los límites de la libertad de expresión. Ya en 2011 unos cócteles molotov impactaron contra la redacción de la revista, pero sin duda el atentado del 7 de enero del presente año fue el más grave que se registró, con 12 muertos entre los que se encontraban el director de la revista y varios dibujantes. El crimen fue declarado acto de terrorismo yihadista y entendido como una respuesta violenta a las caricaturas de Mahoma publicadas en 2006.

descargaLas condolencias por la muerte de las víctimas se han dejado sentir en forma de lápices partidos que vuelven a ser afilados para continuar siendo útiles, en una representación gráfica de que la violencia no evitará que las manifestaciones de lo que se piensa sigan abriéndose paso. Y es que la tragedia del Charlie Hebdo no parece ser entendida únicamente como un atentado contra la sociedad francesa, sino que ha sido interpretada como un ataque al derecho a la libertad de expresión.

Pero… ¿todos somos Charlie? ¿Qué hay de quienes no comparten sus mensajes plagados de un cuestionable humor negro y con una dudosa denuncia social? Todo es susceptible de ser analizado y criticado, pero el respeto es un pilar fundamental desde el que hacerlo a fin de no violar la propia libertad de expresión que tanto se atesora. Y es que la libertad de expresión de uno termina donde empieza la de otro, y cuando los límites están tan difusos se hace necesario cuidar lo que se dice y cómo se dice. Con este argumento no estamos de ningún modo justificando el atentado, pero sí tratando de ofrecer una visión que indague en las raíces del problema de forma distinta al discurso único que se nos muestra en televisión.

¿Por qué se enfoca la tragedia del Charlie Hebdo como un crimen contra el derecho a la libertad de la expresión cuando día a día asistimos a vulneraciones de los derechos humanos sólo denunciadas por ONGs? Sencillamente, porque Charlie Hebdo está en Francia. Está en Europa. Está en Occidente. Cuando el hombre blanco es atacado, es la humanidad la que ha sido atacada. Cuando un hombre de cualquier otro color es atacado, es un caso aislado. El ébola ha matado a miles de personas en África, pero sólo ha sido relevante cuando ha saltado la frontera antropológica que nos separa de “los otros”, “los indígenas”, “los exóticos”. En los dos casos, se demuestra que, lejos de nuestra sensación de unidad humana, nuestra cultura está basada en la exclusión de los otros. ¿Por qué cuando estudiamos la sociedad occidental lo llamamos sociología y cuando estudiamos las demás antropología? ¿Hasta hemos inventado una ciencia que nos permita estudiarlos sin que se mezclen con nosotros? Nuestra identidad de humanos se construye en diferenciación a los otros.

¿Por qué cuando el ultraderechista Anders Behring Breivik mató en Noruega a 77 personas en Julio del 2011 no se consideró un ataque terrorista? Simplemente porque era blanco y católico, no supone una amenaza externa a nuestro sistema moral, es un “loco”, una persona que se ha salido del sistema por hipertrofia del mismo, pero que no lo ha cuestionado en ningún momento. No nos da miedo la gente que mata, nos da miedo la gente que ataca a nuestros ideales de sociedad.

Además de esta barrera psicológica que los atentados han puesto de manifiesto, es convemichel_foucaultniente destacar que los gobiernos son conscientes de esta utilidad del terrorismo: los ciudadanos serán más susceptibles a aceptar una reducción de sus libertades en aras de la garantía de seguridad. Nuestros gobernantes tienen ahora el argumento perfecto para la implantación de mecanismos de control más férreos, y lo estamos viendo. Charlie Hebdo es el motivo ideal para modificar nuestras supuestamente consensuadas leyes de libertad. Cuando un europeo tome hoy un avión y haya un control muchísimo más asfixiante que el mes pasado lo entenderá, y pensará: es normal después de lo que ha ocurrido. Nadie va a reclamar que no se le ha preguntado si quería modificar estas condiciones y muy pocos van a entender que se está utilizando un ataque para saltarnos las leyes de la democracia. En palabras de Foucault en su Microfísica del poder: “el poder no es una institución ni una estructura, o cierta fuerza con la que están investidas determinadas personas; es el nombre dado a una compleja relación estratégica en una sociedad dada” y en la nuestra, los políticos han ganado una enorme ventaja competitiva para acumular poder aprovechando el estado de miedo de la población.

Robert_K_MertonY siguiendo con los grandes teóricos, no nos podemos olvidar de Merton, quien nos puso sobre aviso del  terrorismo y su utilidad para generar solidaridad orgánica. Según su teoría, ante un acto terrorista nos unimos y nos ayudamos, ¿quién no recuerda la reacción ciudadana de Madrid tras el 11M? También nos preocupamos los unos por los otros, por nuestra seguridad ante una amenaza que nos hace sentir que todos somos iguales, inocentes e indefensos frente al peligro. Es decir, funciona como una especie de chivo expiatorio, donde reflejar nuestros miedos, además de convertirse en un blanco perfecto, ya que tenemos la sensación de que terminando con él nos convertiremos en una sociedad segura. Nos olvidamos quizá de que en algunas ocasiones el enemigo vive en casa.

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Cabe alguna otra lectura de todo esto? Ahora más que nunca debemos sacar a relucir nuestro pensamiento paralelo.

 

María Valhallen y Azalí Macías

 

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