En torno a los S.XV-XVI, se desarrolló en Europa una fuerte persecución hacia una gran cantidad de mujeres que fueron acusadas de practicar la brujería, tras haber realizado un pacto con el Diablo. De forma que la bruja, se configuró como  el símbolo de todo mal  y se convirtió en un agente de gran peligrosidad que había que  perseguir y erradicar de la sociedad a través de la violencia.

 HACIA  LA CONFIGURACIÓN DE LA BRUJERÍA MODERNA

La caza de brujas en la Europa Moderna, fue un fenómeno que se fue fraguando a lo largo de toda la Edad Media y que hundía sus raíces en los cultos precristianos/paganos.  Así, si retrocedemos en el tiempo observamos que  ya en el mundo clásico estaba documentada la creencia  en dos tipos de magia, una con buenas intenciones (magia blanca) y otra con malas intenciones (magia negra) que era practicada en su mayoría por mujeres que tenían el poder de transformarse, hacer enfermar, volar, provocar tempestades…Todo ello realizado bajo amparo de la noche y la protección de divinidades, como: Diana, Hécate o Selene (diosas madres relacionadas con cultos lunares y de fertilidad).Este tipo de magia y practicas dañinas, eran concebidas como ilegitimas y por  consiguiente prohibidas a través de leyes, como la Ley de las XII Tablas o  la Lex Cornelli (S.V a.C.). “…Los adivinadores, los hechiceros y los que hacen uso de la brujería con malos fines, los que evocan a los demonios, los que intentan confundir con insistencia y violencia, los que, para perjudicar, emplean imágenes de cera, serán castigados con la muerte…”

Posteriormente, con la institucionalización del cristianismo en el tardoimperio romano se siguieron promulgando leyes como el Codex Theodosianus (438 Imagen 2d.C),el Codex Iustianus (539 d.C.)…que perseguían todo tipo de culto/practica pagana. O la Ley Sálica que recogía  multas y condenas de muerte para aquellos que practicases la hechicería.

De esta forma, poco a poco, en  la Edad Media el cristianismo fue trazando una imagen del mundo que se dividía en dos (Speculum Majus  de Vicente de Beauvais), una parte cristiana/superior y otra parte pagana/inferior en la que se encontraban las brujas, hechiceros, las costumbres paganas y el demonio. Dos mundos que convivían en  esferas diferentes (la religión /lo mágico) y que estaban separadas por una delgada línea que se rompió definitivamente entre los S.XII-XIV, momento en el que la Iglesia comenzó a perseguir cualquier tipo de desviación o herejía a través de la Inquisición.

En lo que respecta a la brujería, esa persecución  fue acompañada de la promulgación  de bulas papales  que permitían la actuación contra los magos y apoyaban todo tipo de actuaciones contra la brujería (Juan XXIII en 1326, Eugenia VI en 1431, Nicolas V en 1447…). Como  así establecía la Bula Summis Desiderantes Affectibus de  Inocencio VIII, 1484  “… Muchas personas de uno y otro sexo, despreocupadas de su salvación y apartadas de la Fe Católica, se han abandonado a demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos, conjuraciones y otros execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas (…).En virtud de nuestra autoridad Apostólica, decretamos y mandamos que los mencionados inquisidores tengan poderes para proceder a la corrección, encarcelamiento y castigo justos de cualesquiera personas, sin impedimento ni obstáculo algunos, en todas las maneras…”

Igualmente, se publicaron toda una serie de manuales y tratados de inquisitoriales, entre los que destacaron: Inquisitionis Heretice Pravitatis de Bernard de Gui,  Directorium Inquistorum de Nicolas Eymerich (1320) y  Malleus Malleficarum de E.Kraemer y J.Sprenger (1486). En todos ellos se explicaban técnicas para utilizar en los interrogatorios, la relación de la bruja con el diablo, los tipos de brujas, los poderes que tenían las brujas, las reuniones con el diablo, consejos para combatirlas…

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Finalmente, todo ello provocó una  ola de acusaciones  y persecuciones por toda Europa que predominaron especialmente en  territorios con conflictos sociales y religiosos como Alemania, Suiza, Francia e Inglaterra. De hecho, se estima que la caza de brujas llevo a cabo en torno a unas 200.000 ejecuciones de inocentes.

Estas víctimas, fueron condenadas por crímenes imaginarios que tenía su autentica realidad en conflictos vecinales/locales  y que acabaron desembocando en acusaciones anónimas por simples sospechas, sin necesidad de aportar pruebas. Después de ser acusadas, eran detenidas e interrogadas por la Inquisición mediante  presiones y torturas (potro, gancho…). Por lo que, terminaban confesando su culpabilidad y ejecutadas en la hoguera o en la horca. “…Ana María de Georgel dice que una mañana, estando lavando sola lavando la ropa de su familia, muy cerca de Pech-David, sobre la villa, vio que venía hacia ella por encima del agua un hombre de talla gigantesca, de muy negra piel, cuyos ojos ardientes semejaban a carbones encendidos. Este monstruo le preguntó si quería darse a él, a lo que ella respondió que sí…”

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 En el caso de la brujería, el interrogatorio a veces iba acompañado de una serie pruebas (a pesar de estar prohibidas) para identificar a la bruja. Las más practicadas, fueron: La prueba del hierro caliente (coger un trozo de hierro ardiente previamente bendecido y  si después no había quemaduras no existía culpabilidad), la prueba del agua (se descendía a un pozo a la  acusada atada y si esta se hundía resultaba inocente), prueba de la aguja…

De toda esta caza de brujas que  se extendió por  Europa, destacaron los siguientes procesos:

  • Los 4 juicios de Chelmsford en Inglaterra (S.XVI-XVIII): en los que Elizabeth Francis, Agnes Waterhouse y Joan Waterhouse fueron ahorcadas tras  ser acusadas  de embrujar, destruir el ganado de varios vecinos y provocar la muerte de varias personas.
  • Las Brujas de North Berwick en Escocia (1590-1592): en dónde setenta personas fueron acusadas de brujería, de las cuales varias  fueron encarceladas  y tres de ellas ejecutadas (John Fian, Euphemia Maclean y Agnes Sampson) por haber intentado ahogar en el mar al rey Jacobo I de Escocia.
  • Las Brujas de Zugarramurdi en España (1608-1610): María Jarateguia fue acusada de brujería. Quién a su vez, durante el interrogatorio confesó ser bruja  desde niña, haber asistido a varios aquelarres y desvelar el nombre de más brujos. Finalmente, el proceso acabó  con trescientas personas denunciadas, treinta y una condenadas y once ejecutadas en Logroño.

Asimismo, en Francia también se realizaron procesos contra gente relevante de la sociedad, como: Guichard (obispo de Troyes)  en 1310 fue acusado de matar a Juana de Navarra (Reina de Francia) por medio de hechizos, Enguerrand de Marigny en 1315 fue  acusado de hechicería por haber intentado matar al rey utilizando figuras de cera, en 1317 la condesa de Artois fue acusada de  realizar filtros y venenos… Pero sin duda, dentro de este grupo el caso más destacable fue el de Juana de Arco que fue culpada de hechicería y condenada a morir en la hoguera el treinta de mayo de 1431.

LA BRUJA: ÁMBITO  Y CARACTERÍSTICAS

Se estima que  aproximadamente un 80 %  de las procesados por brujería durante la Edad Moderna fueron mujeres. Un hecho, que estaba directamente ligado con el concepto que teólogos como Odón de Cluny (994-1048 d.C.) trazaron de la mujer y que posteriormente fue plasmado en los tratados inquisitoriales. En ellos, se defendía la idea de que la mujer era un ser imperfecto, débil, lujurioso…y que, por tanto, estaba más predispuesta al mal, a realizar pactos con el diablo y desinhibir sus vicios. “… La mujer por su naturaleza más débil e intelecto inferior son más dadas a ser tentadas por Satán (…) Toda brujería deriva de la lujuria carnal, que en la mujer es insaciable…” (Malleus Malleficarum).

Igualmente, se definió un claro arquetOLYMPUS DIGITAL CAMERAipo de bruja: mujeres de edad avanzada, apartadas de la sociedad, con algún defecto físico, de aspecto desgreñad, cuyo ámbito de actuación se ceñía a la noche y que se dividían en tres tipos: las que curaban y no podían dañar, las que dañaban y no podían  curar, y las que dañaban y curaban. Precisamente, a las que poseían la facultad de dañar se les atribuía todo tipo de poderes y acciones dañinas: volar  sobre escobas o animales (tras ingerir ungüentos  y sustancias secretas), transformase en animales (gatos, moscas, cerdos..), generar tempestades y catástrofes naturales, secuestrar y matar niños  sin bautizar para ofrecérselos al diablo, hacer enloquecer a la gente, provocar abortos, matar animales, provocar enfermedades (lepra, peste, epilepsia…),causar mal de ojo ,atrofiar diferentes partes del cuerpo, generar esterilidad e impotencia masculina, arrastrar hacia amores desordenados, amputar genitales masculinos, transmitir la brujería a otra persona entregándole algún objeto… “… Cocía en calderas, sobre fuego maldito, hierbas envenenados, sustancias extraídas bien de los animales, bien de cuerpos humanos, por una profanación horrible, iba a levantar del reposo de la tierra santa de los cementerios, para servirse de ellos en sus encantamientos; merodeaba durante la noche alrededor de las horcas patibularias, sea para quitar jirones a las vestiduras de los ahorcados o para apoderarse de sus cabellos, uñas o grasa…” Proceso inquisitorial de Ana María de Georgel, Carcassonne, S.XIV.

Paralelamente, para contrarrestar estos maleficios la sociedad desarrolló diversos  mecanismos de protección: esconder ajo y romero en las casas, colocar cardos en las puertas, ventanas y esquinas porque simbolizaban al sol,  llevar cruces bendecidas, amuletos para proteger a los niños o fragmentos de evangelios… Destacando especialmente el caso de Newark (Inglaterra), en dónde hace poco se encontró una  pequeña botella de vidrio (S.XVIII) enterrada en el rincón de una casa y cuyo interior pudo contener  restos orgánicos  (cabellos, uñas…) de la persona que había sido hechizada. Según el arqueólogo  W.Munford fue utilizada como amuleto.

 Pero sin duda, entre todos los mitos creados en torno a la brujería el más importante fue el del Aquelarre o SaImagen 6bbat (documentado por primera vez en Carcassonne, S.XIV), una ceremonia a la que las brujas acudían (volando o transformadas en algún animal) para reunirse con el demonio, que se   mostraba en forma de macho cabrío. En esta, por un lado, se realizaban ritos de iniciación, en los que la novicia pasaba a ser bruja cuando esta se entregaba al diablo, aceptaba ser su sierva, renegaba de Dios y quedaba señalada con alguna macha/cicatriz  en su cuerpo. “…Fue llevada al Sabbat. Allí se encontró con un macho cabrío gigantesco, al que saludo y abandonó. El macho cabrío a cambio, le enseño toda clase de secretos maléficos; le hizo conocer las plantas venenosas, le enseñó las palabras encantadas y de qué manera había que realizar los sortilegios…” Proceso inquisitorial de Ana María de Georgel, Carcassonne, S.XIV.

Por otro lado,  tenía lugar la celebración de misas negras en dónde las brujas mantenían relaciones sexuales con el demonio y se celebraba una misa que se caracteriza por ser la versión contrapuesta de la homilía oficial. Esta, estaba presidiada por el demonio en forma de macho cabrío y oficiada por un cura sacrílego (vestido con un hábito sacerdotal negro con una cruz invertida) sobre un altar forrado de negro en el que se extendía una mujer desnuda. A la vez, que se comulgaba con un cáliz (lleno de vino y polvo de huesos de niños) y una sagrada forma (consagrada con sangre de niño) negra.

Rocío Rivas Martínez

Referencias

Bueno Domínguez, Mª.L., “La brujería: los maleficios contra los hombres”. Clío& Crimen, 8, 2011, pp.125-142

Caro Baroja, J., Las brujas y su mundo, Alianza Editorial, Madrid 1993.

Drury, N., Magia y hechicería, Blume, Londres 2003.

Tausiet,M., “Una persecución despiadada. La caza de brujas”. National Geographic, 42, 2007, pp.93-105

Torre Díaz, J.L., “Mitos y nuevos horizontes”. Historia 16, 80,1982, pp.37-45

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