Prosigamos nuestra exploración del laberíntico mundo del género y la sexualidad, tirando un poco más del hilo de Ariadna del que forman parte nuestras anteriores reflexiones. El 15 de octubre de 2014 me detenía en esta misma página[1] a analizar, someramente, los deseos de transformar nuestras corporalidades como manifestaciones individuales de presiones estructurales, es decir, como reacciones ante la interiorización de unos cánones ideales de lo femenino y lo masculino, que nuestra cultura nos insta a convertir en realidades, encarnadas en nuestros cuerpos, y concretamente en lo que algunxs vinieron a llamar nuestros ‘aparatos sexuales’. Releyendo y sometiendo a autocrítica, me percato de que me quedó una espina clavada, y es que lo que pretendía visibilizar/criticar(?) no es el uso de algunas ciencias para modificarnos, sino el trasfondo de algunas motivaciones: no el cómo sino el parte del por qué y el para qué. Y ello constituye la casilla de salida para el recorrido de hoy, que pretendo nos acerque un poco más al muro conceptual erigido como la frontera hombre/mujer, hetero/homo, cis/trans, cuerpo/mente, naturaleza/cultura, y humano/no-humano. Ese muro del que, de aproximarnos, veremos las fracturas porque las realidades que separa no son tan distantes. Hablemos de tecnologías y ciborgs.

He de decir que me animaron a escribir este texto lo que a mi parecer, y asumiendo ese riesgo de error, son las conclusiones de otro artículo de esta casa, publicado el 16 de octubre de 2014 bajo el tentador título de ‘Her: experimentando humanidad en la tecnología’[2]. Porque yo también fui al cine a ver este filme y me inspiró ideas más bien encaminadas en otra dirección. La autora finaliza el ensayo aludiendo a lo arduo de que lo artificial mantenga relaciones exitosas con lo corpóreo, dada la ausencia del ‘calor humano’ en las máquinas. Y a mí se me viene a la mente un fragmento del ‘Manifiesto contrasexual’ de la filósofa queer Beatriz Preciado, que, hablando de las prótesis, enuncia que no nos falta nada: ni pene a las mujeres, ni senos a los hombres, ni alma a los animales, ni carne a las máquinas cibernéticas… sino que ya nuestros cuerpos albergan identidades múltiples y órganos diversos[3]. Yo voy a proponer diluir los límites cuerpo-máquina porque el artificio forma parte de todxs nosotrxs y es parte fundamental de nuestras identidades, nuestros géneros y sexualidades.

¿Qué es el ciborg y qué es la tecnología? De la inspiradora del ciberfeminismo Donna Haraway[4] extraigo que loRanXerox by Tanino Liberatore httpwww.pinterest.compin494410865316204873 primero es un híbrido máquina-organismo-ficción-realidad, algo que parece totalmente humano pero que no lo es, de modo que a veces es preciso ampliar la mirada para desnaturalizar lo biológico; mientras que la segunda no se limita a lo relacionado con las ciencias aplicadas, sino a toda aquella creación antrópica, por ejemplo sus propios escritos, que va a repercutir en la vida humana y que va a ocasionar transformaciones en ella. Lo desafiante es comprender que el uso de tecnologías no se reduce a momentos aislados sin significado simbólico que trascienda el uso puntual, sino que entraña una incorporación de artificios que se integran en nuestras praxis cotidianas, en cómo manifestamos quiénes somos y que por tanto se incrustan en nuestro ser.

El proyecto de activismo y creación feministas ENTREGRIETAS incorpora parte del pensamiento de Haraway en su artículo ‘Grietas feministas, cyborgs emergentes’[5] de manera sumamente sugerente. Por un lado, contempla el ejemplo del ciberespacio como un lugar de re-creación de identidades efímeras pero rastreables y permanentes, que nos permite incluso crear redes de afinidad no menos sólidas que las presenciales. Construimos así alter-egos virtuales, identidades-cyborgs tan ficticias como reales, dos o más formas de ‘ser’ que proceden de un mismo cuerpo-mente pero que pueden funcionar en espacios exteriores a dicho cuerpo, emergiendo y casi independizándose simbólicamente de él. Por otro lado, por ejemplo a través de la implantología médica, nuestros cuerpos devienen simbiosis de lo natural y lo artificial, a pesar de lo cual continúan pareciéndonos extrañas formas alternativas de incorporación biotecnológica a los cuerpos. En este sentido, Preciado hablaba en su ‘Manifiesto contrasexual’ de las lesbianas butch y sus dildos, no ya concebidos como meras prótesis imitadoras de penes y ajenas a las butch, sino como prolongaciones de sus capacidades e impulsos corporales, y por tanto extensiones simbólico-materiales de ellas mismas, con significados que escapan los reduccionismos heterosexistas. La butch es así, al mismo tiempo, un aparato y un nuevo cuerpo más allá de los estereotipos: imita lo masculino y a la vez crea una nueva feminidad, abriendo el espacio para huir de los esencialismos biologicistas y modificar/superar la naturaleza. ENTREGRIETAS defiende en el artículo ya citado el ser cyborg como espacio de elaboración de distintos ‘ser’ en función de los contextos y como protesta al corsé de mujer heteronormativa patriarcal occidental, sustituyendo la identidad por afinidad gracias a las posibilidades que nos brinda la tecnología como parte de nuestras vidas cotidianas. Y yo subrayo la trascendencia de este hecho para el sexo, el género, la sexualidad,geek la identidad tal y como la imaginamos.

Preciado ya dijo que parece contradictorio creer que el sexo es tecnológico, dado que solemos asociar lo tecnológico con lo nuevo, lo rápido, lo cambiante, mientras que el sexo sigue siendo descrito como algo estable y resistente a la alteración, dando lugar a que el sexo aparezca como último resto natural, y oponiendo el cuerpo vivo a la máquina inanimada. Pero la misma autora, en su ya citada obra, menciona los dildos, los implantes, las hormonas, los transplantes de órganos, el tratamiento inmunológico del VIH, las drogas… como injertos y técnicas de construcción de géneros y sexualidades prostéticos que alteran los roles tradicionales que concebimos, porque hacen posibles nuevos cuerpos-identidades, nuevos deseos que tienen por objeto a esos cuerpos novedosos, y novedosas formas de manifestar esos deseos nuevos.

Me parece un ejemplo representativo el del grupo Post-Op[6], autodefinido como artivistas interdisciplinares preocupadxs por el género y la post-pornografía, y la visibilización-elaboración de cuerpos, sexualidades y roles a través de la creatividad y la performance. Tienen un espacio dentro de su tumblr llamado Pornortopedia[7] dedicado a imaginar prótesis ortopédicas inclusivas para personas con diversidad móvil, funcional y sensorial, que se convierten así en diseñadorxs de nuevas aportaciones y contribuciones para el post-porno. Incluyen rodilleras-dildos que resexualizan las piernas, puños prostéticos para practicar fisting, fundas de silicona para miembros amputados, pinzas vibradoras para pezones con control remoto… y otros tantos artificios, cada uno más sofisticado y acertado que el anterior, que transforman nuestros cuerpos en multi-puertos usb a los que conectar accesorios a los cuales damos vida y que amplían nuestras aptitudes, y que en consecuencia nos habilitan para nuevas vidas. Preciado, en el ‘Manifiesto contrasexual’, señala que toda tecnología aplicada al cuerpo reinventa condiciones naturales para las cuales nos damos cuenta de que somos discapacitadxs porque no podíamos conquistarlas antes de la llegada de la prótesis, de modo que la reflexión trasciende los cuerpos ‘discapacitados’ y atañe de igual modo a los normalizados. ¿Acaso no estamos así deconstruyendo y reconstruyendo interacciones alternativas entre corporalidades también alternativas?

Hace algunos meses, leía la noticia[8] sobre la ampliación de las categorías de género que Facebook ofrecía en Argentina para sus usuarixs. Bajo la opción ‘género personalizado’, la red social dispone así de 54 opciones para calificar la identidad de género y los intereses sexuales a través de lxs cuales quiere presentarse unx usuarix en la plataforma, incluyendo transgénero, transexual, andróginx, travesti, pansexual, poliamorosx, puto… Al margen del acuerdo o desacuerdo subjetivos o intersubjetivos con estas categorías, sin duda es digna de consideración esta múltiple ampliación del abanico antes limitado al binarismo estructural que constriñe nuestras vidas no-digitales. ¿No se nos proporciona de este modo una herramienta tecnológica de cuyo uso se derivará la puesta en práctica de identidades heterogéneas coincidentes en la misma persona, que se traducen en diversas trayectorias vitales en distintos planos de nuestra realidad, y que dejarán huella en nuestra psique y nuestro entendimiento de la identidad personal?

Quiero finalizar la reflexión con uno de los mensajes emitidos por Elvira Burgos Díaz, investigadora de filosofía contemporánea y teoría feminista, acerca de la obra de Judith Butler, filósofa inspiradora de Preciado que me apasiona por sus aportaciones al feminismo y la teoría queer, durante su conferencia del 24 de noviembre de 2014 en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla: las normas de género hegemónicas son inhabitables por su rigidez, por lo cual Butler propugna el reconocimiento de las identidades realistas, es decir, aquellas que no son sólidas sino incoherentes, inestables y múltiples. La coherencia subjetiva es una ficción dado que todos podemos ser hombres y mujeres, heteros y homos, cis y trans, cuerpos y mentes, naturalezas y culturas, humanos y no-humanos, en distintas medidas simultáneas que fluyen en un continuum de interconexiones multiplicadas hasta el infinito que aún no nos resulta pensable. Y es que, a diferencia de lo que describía en mi texto del pasado mes, cuando podemos emplear la tecnología con imaginación y propósitos liberadorxs, ésta nos brinda futuros de elecciones en las que hacer visibles, inteligibles y comprensibles nuevxs ‘yo’ y nuevxs ‘otrxs’ que ya no parecen tan distintxs, rarxs ni monstruosxs. ‘Hola, Neo’.

Salmacis Ávila

Referencias

  1. http://www.fanpop.com/clubs/clover-clamp/images/21185672/title/clover-photo
  2. http://technochaun.tumblr.com/post/82317291002/wobblytumbold-ranxerox-tanino-liberatore
  3. http://www.emudesc.com/threads/con-quien-te-identificas.301562/

[1] Consultado en https://anthropologies.es/construyendo-cuerpos-penes-estirados-y-vaginas-contraidas/, a fecha 23/11/2014.

[2]  Consultado en https://anthropologies.es/her-experimentando-humanidad-en-la-tecnologia/, a fecha 20/11/2014.

[3] Preciado, Beatriz: Manifiesto contrasexual. Ed. Opera Prima. Madrid, 2002.

[4] Haraway, Donna: Ciencia, ciborgs y mujeres. Ed. Cátedra. Madrid, 1995.

[5] Consultado en http://entregrietas.wordpress.com/tag/donna-haraway/, a fecha 24/11/2014.

[6] Consultado en http://postop-postporno.tumblr.com/, a fecha 23/11/2014.

[7] Consultado en http://postop-postporno.tumblr.com/Pornortopedia, a fecha 24/11/2014.

[8] Consultado en http://www.telam.com.ar/notas/201408/74245-facebook-identidad-genero.html, a fecha 25/11/2014.

   Send article as PDF   
anthropologies

Un comentario sobre “Tecnocuerpos, injertos identitarios y sexualidades más allá del 2.0”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.