La primera impresión que produce la serie “The Knick” es la de un producto visualmente muy potente cuyas escenas gráficas generan un alto impacto en el espectador. El universo descarnado de sangre y muerte que aparece en unos primeros planos muy profundos desvela una atmósfera hiperrealista no apta para personas impresionables y sensibles. El análisis de la serie en profundidad, sin embargo, puede objetivar no solo una muestra de la crudeza de la medicina de principios del siglo XX sino también una meticulosa reconstrucción de la época en la que está ambientada.

El nombre de la serie se corresponde con la abreviatura del término “Knickerbocker”, nombre del hospital que existió realmente en Nueva York, concretamente en el barrio de  Harlem, entre 1862 y 1979. Es una curiosidad apuntar que originalmente “knickerbocker” era como se conocía a los colonos holandeses que llegaron en el siglo XVII a la zona de América en la que actualmente se asienta Nueva York y, más específicamente, la palabra hacía referencia a los pantalones bombachos que usaban, asidos por encima de la rodilla (los “knickerbockers” o “knickers”). Ya en pleno siglo XIX, Washington Irving usó el término para referirse a todo neoyorquino cuyos ancestros hubiesen sido aquellos primeros colonos holandeses. Con el paso del tiempo el uso se generalizó y pasó a ser una palabra habitual para referirse a cualquier cosa relacionada con Nueva York, de ahí precisamente procede el nombre del equipo de baloncesto de la NBA, los New York Knicks.

Retomando el análisis principal, la serie nos aproxima de manera ágil e intuitiva, casi documental, al lado más oscuro y primitivo de una primera medicina quirúrgica y al cruel negocio que se hizo de ella. Los primeros años del siglo XX fueron una época histórica en la ciencia médica dado que los avances e innovaciones cambiaron paradigmas y ofrecieron nuevas posibilidades en un momento en el que las elevadas tasas de mortalidad y la ausencia de antibióticos hacían del ejercicio de la medicina casi un milagro. La crudeza de este progreso se ambienta bien en el Hospital Knickerbocker, en cuyas sucias estancias se amontonan indigentes e inmigrantes que son tratados como ratas de laboratorio, reflejando fielmente la situación real de aquellos años en los que los hospitales eran concebidos como bancos de pruebas de los equipos médicos, costase eso las vidas que costase; prácticas que eran habituales y que solo fueron perseguidas por la justicia muchos años después, tras el conocimiento de las atrocidades cometidas por los médicos nazis en los campos de exterminio.

A través de las vivencias personales y profesionales del grupo que conforma el equipo hospitalario, la serie ofrece también un realista y a la vez atractivo retrato de la sociedad neoyorquina de principios del siglo pasado, profundamente tradicional, inmovilista, clasista, racista, machista y tolerante con la corrupción. El personaje central es un fiel reflejo de la época: un brillante cirujano, genial y arriesgado, cuyo talento médico se contrapone a los vicios y secretos de su oscura vida privada, que pasan por su asiduidad a los burdeles y su adicción a la cocaína. La problemática de la patología psiquiátrica en el personal sanitario, encabezada por la adicción a sustancias, y que aparece también en otras series hospitalarias (véase “House”), ha sido y sigue siendo hoy en día un problema habitual.

El racismo queda bien objetivado en el desprecio que origina la incorporación de un médico negro recién llegado de París con una formación y experiencia muy destacadas y que, a pesar de ello, no cuenta con la aprobación ni de sus colegas ni de los pacientes. Del mismo modo se trabaja con la interpretación del machismo y la misoginia imperante en el momento, gracias a la figura de la hija del accionista del hospital, que presenta una visión más progresista y cercana a los pacientes y cuyas imposiciones generarán continuas tensiones, revelando así el papel relegado de la mujer de la época y su dificultad para ocupar puestos de poder. El inmovilismo se representa por las dificultades que presentan los profesionales al intentar aplicar métodos científicos novedosos opuestos a la tradición médica de sus maestros y que también serán fuente de conflictos. La tolerancia a la corrupción se vislumbra en distintas escenas que muestran duelos entre conductores de ambulancias que cobran por el traslado de enfermos al hospital o los nada desdeñables trapicheos del director del hospital con la mafia.

En conclusión, “The Knick” aúna tanto los requisitos necesarios para ser una entretenida ficción como los elementos suficientes para hacer reflexionar al espectador acerca de un momento, no tan lejano, en el que con dificultad comenzaron a sentarse las bases de lo que hoy conocemos como medicina moderna, todo un mérito en una época en la que la esperanza de vida no superaba los 47 años. Una serie que no deja indiferente a nadie.

Marta Valle

Referencias

“Knickerbocker Hospital: An inspiration for Cinemax’s The Knick”. The Bowery Boys, 2014.

Miller, Lin (1914). “Directory of Social and Health Agencies of New York City.” New York Charities Directory (Columbia University Press), 21:188, 2014.

www.nba.com

www.gonzoo.com

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