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Caminando junto a los años 90 y atravesando el milenio mismo y todos sus históricos avatares, Expediente X, serie de televisión mítica aquí, allá y en el más allá, aparece hoy ante nuestros ojos -que a estas alturas han visto ya tanto en esta realidad social– trascendiendo la ficción misma y confundiéndose por momentos con el ordinario día a día de este mundo. La biblioteca que en sí misma conforma la serie, tanto por duración como por complejidad y abarcabilidad temática, resulta un kilométrico, galáctico terreno abonado para poner sobre él la lupa de la Antropología. En este artículo se intenta analizar el concepto de la conspiración –núcleo primario de la serie-, mostrando cómo se pueden equiparar los elementos que rodean a ésta y que aparecen en la ficción con los de la realidad, contando para ello con el apoyo tanto de los (muchas veces mal) llamados “conspiranoicos”, como de los últimos planteamientos de la Antropología Política. Porque sí, la realidad, cada vez con más increíble claridad, supera a la ficción.

En esas coordenadas se avistó por vez primera en nuestro país una de las series más populares y longevas de la historia de la televisión. De hecho, hablar de Expediente X (The X-Files en EE. UU.) es hacerlo de una auténtica serie de culto, tanto que no necesariamente es considerada como tal sólo por los seguidores y amantes de las temáticas más extraordinarias, ésas de las que se nutría su guión y a las que se enfrentaban sus casi ya míticos protagonistas: los encantadores y complementarios agentes especiales del FBI Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson).

Unas temáticas extraordinarias, y en algunas ocasiones otras que no lo eran tanto, que se distribuyeron a lo largo de nueve temporadas. En EE. UU., donde nació The X-Files por fantástica obra y gracia del productor y guionista Chris Carter, el primer capítulo se emitió el 10 de septiembre de 1993 a través de la cadena FOX, para dar por finalizado un recorrido de casi una década el 19 de mayo de 2002. Pero si analizando Expediente X se podría escribir toda una biblioteca, no es sólo por los 201 capítulos que Carter y su equipo nos contaron entre 1993 y 2002, sino también, y ante todo, por la gran complejidad y abarcabilidad de su trama principal, así como por el vasto abanico de esas temáticas extraordinarias (y no tan extraordinarias), más allá de las propias presentadas en dicha trama principal.

La conspiración gubernamental y de diversos grupos de poder, concretamente asociada a la siempre temida invasión extraterrestre, la ética y moralidad de unas élites que se erigen como dueños del planeta y como futuro gobierno intermedio tras la colonización extraterrestre, la resistencia ante tal grado de poder y control social, el universo de la abducción alienígena, la hibridación humano-extraterrestre, la esclavitud, o el origen del ser humano, constituyen algunos de los temas clave que  se pueden extraer de la trama principal o, en palabras del propio Carter, “mitología de Expediente X”. Es en la mayoría del resto de episodios al margen de dicha mitología donde vamos a encontrarnos una auténtica galería de los horrores, de los llamados fenómenos paranomarles e incluso de lo religioso (de lo católico y de lo pagano): vampirismo, licantropía, satanismo, gólem, el demonio, chamanismo, vudú, brujería, animismo, combustión espontánea, mediumnidad, telepatía, telequinesis, seres bíblicos, resurrección, bilocación, y así podríamos seguir durante unas cuantas líneas más. Finalmente, y como “descanso” de todo fenómeno inexplicable o extraordinario, aparecen los episodios en que el tema de la locura, los asesinos en serie, el oscuro negocio y terrible conspiración de las industrias farmacéuticas, los sucesos característicos de un thriller policial, e incluso la propia vida de los personajes, emergen como el verdadero “expediente” protagonista.

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Habiendo aunque sea, esbozado la magna biblioteca que podría constituirse a partir de Expediente X, caminamos ya hacia la sección de la misma que ahora mismo nos interesa. Y dentro de esta sección vamos a apostar por un libro en concreto. Cojámoslo…

 Antropología de la conspiración

Si hay una palabra que resuena constantemente en Expediente X y con la que mejor podría resumirse la inmensidad de su texto, ésa es sin duda “conspiración”. La RAE apenas nos dice hoy en día algo sobre la nueva acepción, mucho más específica, que los nuevos tiempos le están imponiendo al término, que, en general, es definido como la asociación de un grupo de personas con la intención de, mediante una elaborada planificación, arrebatar el poder o infringir algún daño a un superior. Los tiempos nos dicen que el sentido del vector conspirativo se ha invertido: que ahora es el propio poder el que confabula, el que, secretamente, mueve los hilos para lograr ciertos objetivos no demasiado loables a costa de los simples ciudadanos.

De esta forma, no sería muy descabellado afirmar que estamos casi constantemente sometidos a una y otra conspiración por parte de nuestros políticos y, por encima de ellos, como nos van señalando cada vez con más claridad los acontecimientos, los altos grupos de poder, que, al fin y al cabo, son los que mueven los primeros hilos en nuestro planeta (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Club Bilderberg, Organización Mundial del Comercio, etc.). ¿Cuántas veces la información vertida por los medios de comunicación oficiales (afilados instrumentos principales de los poderes citados) ha acabado por demostrarse falsa o, al menos, por ponerse bastante en entredicho? El 11-S, el trágico accidente del metro de Valencia, el del Alvia de Santiago, el del avión de Germanwings en los Alpes, el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo, la muerte de John F. Kennedy, la de John Lennon, y tantos y tantos otros casos, de ahora y de ayer, que se podrían citar y que, desgraciadamente, no son “cosas de cuatro chiflados” como gran parte de la sociedad aún cree. Los famosos cables de Wikileaks filtrados por Julian Assange y las sorprendentes revelaciones del extrabajador  de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana, Edward Snowden, deberían contribuir a un cambio de paradigma al respecto.

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Volviendo al universo de Expediente X, en él, además, el poder sube otro escalón, uno cósmico, ya que la conspiración cernida sobre la humanidad se origina en un pacto entre el Gobierno de los EE. UU. y los extraterrestres. Junto al Gobierno norteamericano, poco a poco van siendo partícipes también de esta conspiración planetaria otros grupos de poder, destacando el llamado Sindicato, un grupo de alto secreto e incluso con más autoridad que el propio Gobierno, en el que emerge intocable la presencia de “el Fumador”, antagonista absoluto de Mulder.

La resistencia a todo este antihumano conglomerado está depositada en la ferviente creencia de Mulder de que todo esto es así y el vehemente razonamiento científico de Scully. Como era de esperar, tampoco están solos: cuentan con una serie de expertos aliados que les resultará fundamental. De entre todos, me interesa señalar a uno, y me interesa porque nos pone en contacto con el gran escándalo norteamericano del Watergate. Se trata de “Garganta Profunda”, el primero de los importantes contactos que filtra información de alto secreto a Mulder; un antiguo trabajador de la CIA y del propio Sindicato con un importante cargo de consciencia. Carter se inspiró en el confidente del FBI, Mark Felt, que, filtrando la delicada información a dos periodistas del The Washington Post, hizo partícipe a toda su sociedad del escándalo, de la conspiración que se estaba cociendo, y que acabaría con la dimisión del presidente Richard Nixon. El pseudónimo de Felt era “Garganta Profunda”.

 

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Se podría decir, en definitiva, que, como muestra Expediente X,  la ficción  y la realidad se confunden demasiadas veces. Que la ficción se apoya ineludiblemente en la realidad, ésa que en los últimos tiempos nos ha hecho mirarla con más incredulidad aún, exclamando que, efectivamente, “supera a la ficción”. No hace falta tirar de sociedades secretas que todavía hoy son vistas por esa mayoría social como invenciones de esos “cuatro chiflados”, caso por ejemplo de los archiconocidos Illuminati. El no menos famoso Club Bilderberg goza, al parecer, de una “mejor” prensa, de un cierto crédito, aunque, por supuesto, del otorgado por los medios de comunicación más “aseados”. Al menos, hoy ya se acepta, como por ejemplo el filósofo marxista Juan Domingo Sánchez apunta, que este club se reúne cada año desde 1954, contando entre sus miembros con jefes de Estado y de Gobierno, con grandes banqueros, académicos de orden y varias personalidades del capitalismo internacional –por parte española, hay que destacar la presencia de la anterior reina, Sofía, así como de Ana Patricia Botín, Juan Luis Cebrián, Alberto Ruiz-Gallardón o Pedro Solbes-. Pero como buen filósofo materialista no va más allá, hasta donde llegan investigadores de la conspiración como Daniel Estulin (exagente de contraespionaje del Servicio Federal de Seguridad ruso), al que, obviamente, ridiculiza sutilmente (insisto: como buen filósofo marxista). Y lo que dice Estulin es:

El Grupo de Bilderberg no es el fin sino el medio para un futuro Gobierno Mundial. Esta organización ha crecido más allá de sus inicios secretos para convertirse en un guiño clave en la toma de decisiones de la élite. El objetivo final de éste en el futuro es transformar la Tierra en un planeta prisión para lograr un mercado único globalizado, controlado por una Única Compañía Mundial, financieramente regulado por un Banco Mundial y habitado por una población enmudecida cuyas necesidades vitales serán reducidas al materialismo y a la supervivencia: trabajar, comprar, sexo y dormir. Todo conectado a un ordenador global que controla todos nuestros movimientos.

Mientras que uno va leyendo estas palabras y poniéndolas sobre la mesa de la realidad actual, confrontándolas con los mismos hechos, ¿no resuenan palabras y hechos, todo, dentro de una misma negra sinfonía? ¿No acaba poniéndose en ridículo a sí mismo John Brown –uno de los pseudónimos que usa Sánchez-? Y no, no estoy diciendo que cada frase de Estulin sea una verdad irrefutable, pero sí que muchas de ellas, a poco que abramos los ojos, lo son. Si en Expediente X el Sindicato, salvando los correspondientes matices, hacía las veces de Club Bilderberg, en el expediente de la realidad se podría decir que dicho club hace las veces del Sindicato.

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En lo que todos estaremos de acuerdo, creyentes o escépticos de ese tan renombrado New World Order del que habla Estulin y tantas personas, libros y artículos (unos más “chiflados” que otros, unos más “oficiales” que otros), es en la realidad ineludible del proceso de globalización. Dicho proceso ha obligado a la total reconceptualización de la Antropología Política, la que ahora, como agudamente anota Ted C. Lewellen, ha de atender, entre otras nuevas temáticas, a

 La creciente difusión y el distanciamiento del poder, que está cada vez más concentrado en las deliberaciones a puerta cerrada de instituciones globales de préstamo, empresas multinacionales, consejos políticos y organizaciones de comercio, ninguna de ellas accesible a la participación popular, excepto a través de la protesta en el escenario de la calle.

 Una nueva temática antropológica que, una vez más e inevitablemente, nos conecta de lleno con el concepto de conspiración. Y es que en el juego político, en el que se siguen dos tipos de normas, que llamaré “maquilladas” y “desnudas”, todo vale para mantener y alcanzar el poder. Las primeras, las normativas, son las que se vierten a la opinión pública, las que se supone que han de seguirse (honestidad, juego limpio, etc.); las segundas, las pragmáticas, son las encubiertas, las que se traman “a puerta cerrada”, y con las que efectiva y cruelmente se gana el “juego”. F. G. Bailey lo dejó claro en Stratagems and Spoils (1969), donde desarrolló la llamada teoría de juegos (una variante de la teoría de la acción). Así, las reglas pragmáticas se sitúan en la órbita de la conspiración, que, al descubrirse, aparecen en forma de escándalos políticos y sociales, como en el referido caso Watergate. Lewellen lo deja bien claro:

Cuando salió a la luz pública el intento de instalar micrófonos en la sede del Partido Demócrata, se destapó una caja de Pandora llena de acciones puramente pragmáticas –una lista de enemigos, jugadas sucias contra candidatos demócratas, falsificación de pruebas y una conspiración encubierta.

 Pero el profesor Lewellen dice algo que me parece incluso más relevador, y es que más que “los delitos concretos fue la revelación, gracias a las grabaciones de Watergate, del descaro y la frivolidad con que los hombres más poderosos de la tierra dirigían sus asuntos”. Porque entonces la fusión o el paralelismo entre el Gobierno de los EE. UU. y el Sindicato de Expediente X con los citados altos grupos de poder del planeta se hace todavía más transparente. Un “descaro y frivolidad” que no pueden tolerar que nadie que tenga cierto poder ponga en peligro el suyo, todos sus intereses. Mucho menos alguien importante dentro de las masas. Por tanto, cuando tienes en cuenta todo esto y acabas siendo conocedor de ciertos discursos o entrevistas –vídeos en bibliografía- que vienen a poner el dedo acusador, la mano entera, sobre esas oscuras élites de poder, sobreviniendo al poco tiempo el asesinato de sus autores, lo que a uno acaba pareciéndole ridículo es que se apele a la “casualidad”, es que, en definitiva, se tenga tan terrible fe en el Sistema y sus “conductores”. Los asesinatos de John F. Kennedy y John Lennon (y de tantos otros, aunque no tan conocidos, que se podrían añadir) se dieron en este contexto de acusación, de lucha por valores tan utópicos a día de hoy como la democracia, la libertad y la paz. Valores absolutamente contrarios al poder, que requiere de guerras, de mentiras, de manipulación: de conspiración.

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Las resistencias de Kennedy y Lennon, la de Martín Luther King, las de Mulder y Scully…, se tornan épicas, casi mesiánicas, y, siguiendo con la teoría de juegos, todos vendrían a constituirse en un “equipo político moral”: todos se hallan vinculados por una ideología política utópica. En el extremo opuesto, todas las poderosas élites del planeta, y dentro de Expediente X junto a los invasores extraterrestres, se alinearían en un “equipo político convenido”, concretamente en un “equipo transaccional”: sus relaciones se basan en un beneficio real o futuro, en este caso en un intercambio material: en la serie, humanos y el propio planeta Tierra a cambio de tecnología alienígena y un gobierno intermedio. Un gobierno que llevaría a la Antropología a viajar a la África decimonónica, donde y cuando se conceptualizó la triste práctica del indirect rule (dominio indirecto).

Pero, obviamente, un “libro” no da para más. Tras el escrito queda bastante claro el planetario y galáctico caldo de cultivo que Expediente X ofrece a la Antropología. Como claro supongo también ha quedado que el concepto de poder es omnímodo, un “molino satánico” (que diría Polanyi), que necesita del terreno de la conspiración, y que, demasiadas veces, sus acciones más crueles, inhumanas e increíbles pueden atravesar fácilmente la pantalla de la televisión, convirtiendo esta sociedad nuestra en un auténtico expediente X.

¿O es nuestra realidad social la que ha atravesado esa pantalla incrustándose en ella?

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Francisco J. Sánchez

 Referencias

Lewellen, Ted C.: Introducción a la Antropología Política [Nueva edición ampliada y puesta al día], Edicions Bellaterra, Barcelona, 2009.

Martín Alegre, Sara: Expediente X: en honor a la verdad, Alberto Santos Editor, Madrid, 2006.

Moreno Feliú, Paz: Entre las gracias y el molino satánico, UNED, col. Cuadernos de la UNED, Madrid, 2011.

Jones, Alex y Watson, Paul Joseph: “Diez teorías de la conspiración hechas realidad”, en http://actualidad.rt.com/actualidad/view/138602-diez-teorias-conspiracion-hechas-realidad, 29-8-2014 (consultado el 7-9-2015).

Salas, Carlos: “De la conspiración al ocultamiento: las inevitables fases de un accidente donde todos tratan de escurrirse”, en http://noticias.lainformacion.com/catastrofes-y-accidentes/catastrofes-general/de-la-conspiracion-al-ocultamiento-las-inevitables-fases-de-un-accidente-donde-todos-tratan-de-escurrirse_YZhuvgdGdYscZJE4RfI1Q2/, 28-7-2013 (consultado el 8-9-2015).

Sánchez Estop, Juan Domingo: “Bilderberg y otras tramas ocultas: la teoría de la conspiración como apología del capitalismo”, en http://iohannesmaurus.blogspot.com.es/2011/06/bilderberg-y-otras-tramas-ocultas-la.html, 15-6-2011 (consultado el 7-9-2015).

Usuario Alejandro Pascual: “El discurso que hizo que mataran a JFK”, en https://www.youtube.com/watch?v=ru71aSygXOk

Usuario Fabricio D´Lorean: “Increíble entrevista a John Lennon”, en https://www.youtube.com/watch?v=zUdqP6VKsTg

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https://conspiracionilluminati.files.wordpress.com/2011/12/394542_266799043383603_100001605282488_719585_683348720_n.jpg

http://www.lacasadelahistoria.com/wp-content/uploads/2015/08/watergate-1.jpg

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http://fotos02.lne.es/2013/11/04/646×260/john-kennedy-2.jpg

http://images2.fanpop.com/images/photos/6100000/X-Files-the-x-files-6179156-1024-768.jpg

http://cronica.zonalibre.org/imagenes/Falsas%20llamadas%20del%209-11.jpg

 

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