Destinatarios de las drogas

El destino final no es geográfico, sino humano[1]. E incluso es un problema que sufre sus consecuencias la propia sociedad, pues ésta no vive al margen de un adicto y es responsable de los hechos sociales que producen las drogas. Porque la droga no sólo es un blanqueo de dinero constante que sólo unos pocos se benefician de adquirir lujosos bienes inmuebles y artículos caros, sino que el problema va más allá de la ética y la moral. Pero estudiar y concienciar este problema por parte de los narcotraficantes, no es cuestión ni siquiera de un buen programa de reinserción, ya sea fuera o dentro de las cárceles; que incluso estos centros se convierten en lugares de reclutamiento de futuros narcotraficantes, cuando tienen la experiencia de pisar un centro penitenciario y de tener la idea de que cuando salgan a la calle, la esperanza de encontrar un puesto de trabajo será difícil. Digamos que este tipo de centros penitenciarios, se convierte en una escuela para quienes están en una cárcel por distintos motivos a los del narcotráfico: “allí se conoce mucha gente, en ti está que quieras sacarle provecho a los talleres y tener buen comportamiento para tener permisos y salir antes. Pero cuando sales un fin de semana y vez que en tu casa y en tu barrio sigue todo igual, y que no vas a encontrar trabajo con los talleres que se imparten en la cárcel, te das cuenta que tienes que empezar a mover fichas para cuando salgas. Así que de las amistades que te echas en la cárcel, hay que aprovecharla, porque puedes conseguir más ayuda de esta gente que con un curso de alfarería”; cuenta un ex convicto que ahora está en libertad después de pasar años en la cárcel por narcotráfico.

Las verdaderas consecuencias del destino de las drogas, se puede apreciar desgraciadamente en muchos jóvenes  y adultos que son los consumidores de este tipo de sustancias psicotrópicas. Se empieza consumiendo drogas lícitas como el tabaco y el alcohol, y después se pasa al consumo de cannabis; este sería el orden de la media a quienes se les ha preguntado cómo y cuándo empezaron a consumir las drogas.

“Normalmente se prueba a través de nuevas amistades, o de amigos del barrio de toda la vida que se han hecho mayor y tú te juntas con ellos. Empiezas por la diversión y por la curiosidad de probar qué se siente, pero una vez no es suficiente, ni siquiera dos. Así que mezclas la cerveza con un canuto mezclado con resina de hachís, y es ahí cuando empiezas a notar un efecto que después quieres seguir repitiendo. Cuando te das cuenta, no sabes cómo ponerle límite y crees que lo controlas. Al final te ves así, enganchado a la metadona y consumiendo drogas por otra parte”. La vivencia de Luis, quienes todo el mundo le llaman el “Ronco”, porque su voz ha ido cambiando conforme se volvió adicto.

Esta observación participante antropológica, cuenta con muchas horas de intervención en la calle, en centros de salud de dispensa de la metadona, de mantener conversaciones con distintos agentes sociales y de compartir encuentros con personas que antes eran normales y ahora son “invisibles”, sólo salen de noche, y cuando lo hacen de día, sólo es para comprar droga, comprar cerveza e ir a recoger la metadona que se dispensa diariamente.

Nuestros encuentros se han llevado a cabo en distintos lugares, concretamente podemos destacar la última fase del destino de las drogas desde que se siembra la cosecha y pasa por un proceso de manufacturación, hasta que el resultado se ve plasmado en los centros de salud donde dispensan la metadona, y acuden a ellos los enfermos adictos al consumo de estas drogas ilícitas, cuyos usuarios/as son conscientes de la perdición que les ha llevado esas sustancias psicotrópicas que en su día consumieron por primera vez, y que a día de hoy se lamentan desgraciadamente del maldito día en el que la probaron.

“Recuerdo aquella tarde cuando iba a salir de fiesta a la feria de mi pueblo, quería pasármelo bien porque me había comprado un coche y estaba contento. Le enseñé el coche a unos amigos, a los que le di una vuelta para probarlo. Uno de ellos me pidió que lo llevara a comprar “caramelos[2]”, y yo lo llevé. Cuando llegamos a la feria, quise probar el “caramelo” y ahí empecé a tener más confianza con ellos. De aquella gente ninguno de ellos acabó bien”. Así empezó Ángel, un joven que tenía muchas ganas de hacerse mayor y tenía ilusiones por la vida. Ahora, sólo piensa en desaparecer.

Para muchos de estos enfermos adictos a las drogas y que intentan rehabilitarse, recuerdan perfectamente como empezaron a consumir los primeros cigarros de tabaco, mezclado con esta resina de hachís; no solo lo dice Ángel, sino otros usuarios de la metadona. Y entre la media de usuarios al programa de la metadona a los que han sido entrevistados con el objeto de conocer su estado de salud, familiar y social,  casi todos coinciden en un relato final al que nosotros le hemos puesto denominación: desestructuración familiar y desorden social.

De esta manera, se parte de que existen dos puntos de vistas distintos: un grupo, los que ya tenían problemas en sus familias, y conforme iban creciendo y no eran capaces de darle solución a sus problemas, intentaban evadirse consumiendo drogas para estar el mayor tiempo posible fuera de la realidad social. Mientras otro grupo de usuarios, afirmaron que lo hacían porque se divertían, que no achacaban al consumo de drogas a los problemas familiares, sino que las circunstancias de ser joven, salir y entrar, el descontrol horario, los fines de semana que cada vez empezaban antes, y no pensar que se les podía ir de las manos, les llevó a encontrarse con la fatalidad sin desearlo, en una realidad cuyas proyecciones no tenían pensada cuando mantenían ilusiones por la vida, por tener participación social y querer vivir felizmente. Ahora, muchos de estas personas que son enfermas sin rehabilitar, no se consideran personales normales debido a su falta de autoestima, y se consideran que han quedado atrapados como niños pequeños en cuerpos de personas que no se identifican a cómo eran de joven cuando no consumían drogas, resultado del deterioro que en pocos años han padecido por las consecuencias que conlleva el consumo y adicción a las drogas. “Es como si en mi cabeza no hubiera pasado el tiempo y todavía recuerdo cuando empecé con esto. Pero cuando me miro frente a un espejo y pienso en la edad que tengo, sólo pienso en consumir más drogas y acabar con esto cuanto antes, para que no sufra ni mi familia ni yo”; afirmó un usuario que se somete al programa de la metadona.

Pero el destino final no sólo está en quienes consumen las drogas, ni siquiera la solución se encuentra entre cuatro paredes de una fría cárcel cuya estancia podría ser mucha más digna que deambular por las calles buscándose la vida para conseguir unos cuantos euros, e ir inmediata y necesariamente a un punto[3] de venta de droga a pillar algo para amansar la ansiedad que le produce estar horas sin consumir; resultado de las consecuencias a la adicción que provoca estas sustancias ilícitas. En las calles estos enfermos adictos a las drogas son carne de cañón ante las miradas discrepantes de los viandantes, que parecen mantener una vida “normal” mientras se pasean sin que sean observados como los son estos, ante miradas que juzgan a estos seres por sus aspectos demacrados y sucios, en su mayoría. Y que están en riesgos de la exclusión social, cuando no, son marginados y mal vistos por quienes no lo conocen y se dejan llevar por la apariencia. E incluso hasta para los amigos, estos enfermos adictos a las drogas, no les aporta mucho y suelen tratarlo con larga distancia, y si pueden, evitan tropezarse con ellos.

Porque socialmente estas personas enfermas adictas a las drogas, son cada vez más aislados ante la posibilidad de la inserción laboral, debido a sus continuos problemas con la adicción, con comportamientos desequilibrados y porque pueden llegar a ser una carga para la empresa contratante y para sus compañeros. Al fin y al cabo, cuando sumamos todo esto y otras cuestiones de rechazo por parte de las familias, las consecuencias más inmediatas las padecen las madres y padres, e incluso hermanos, y sin olvidar a los hijos, que son los más desafortunados de este experimento social de las drogas, que nunca sabe cómo va a acabar.

Por ello, son las madres las que se pasan toda la vida luchando contra la sociedad por y para sus hijos. Ellas, son las que nunca rechazarían a sus hijos ahora enfermos a consecuencia de las drogas; porque los vio crecer, sintió sus primeras risas, sus pasos, sus palabras, su cariño,…, y en resumen, cuidó su infancia, su adolescencia y desgraciadamente su edad adulta, donde se hubiera esperado de él lo que toda madre espera de un hijo. En cambio, siempre quedará en la consciencia, esa primera vez de aquel día, en que ese “amigo” se cruzó en la vida de su hijo, el día que ese clan se dispuso a vender drogas en el mismo barrio donde vivía, el día que vio por primera vez las drogas, probó sus efectos y los resultados. E incluso la primera vez que acompañó a su hijo en un taxi a comprar drogas a un punto de venta.

Y mientras él se bajaba del taxi y caminaba hasta aquel piso, yo (la madre) y el taxista estábamos atentamente a cada uno de sus pasos y de todos sus movimientos que mostraban debilidad. El taxista me miró y yo volví la mirada hacia él, y le pregunté: ¿qué hago?, es mi hijo y está enfermo. El taxista asistió con la cabeza y los dos nos quedamos sin palabras. Al instante, él salió del piso y se dirigió al taxi con movimientos más rápido; no quería perder el tiempo porque ya tenía su dosis y estaba ansioso por consumirla, y porque quería quitarse del medio antes de que algunos policías lo pudieran ver salir de allí y darle el alto (él era conocido por la policía y vecinos de la zona donde pillaba la droga). A la vuelta a casa, él se metió en su habitación (que estaba sucia, mugrienta y la poca higiene que tenia, era porque yo –la madre- se la limpiaba cuando salía a la puerta del piso a beber con los amigos), y yo aguardaba en el salón con la vista perdida pensando y crucificándome psicológicamente sobre lo que he podido hacer mal en mi vida para tener un hijo así. Confesó Paqui tras una entrevista que mantuvimos con ella, y como vio cambiar su vida para siempre.

Y mientras historias de este tipo se repiten una y otra vez en la zona del Campo de Gibraltar y por toda la geografía española y mundial. Los narcos siguen jugando sucio en un negocio que mueve cifras millonarias por cada trato de negocios que cierran. Cantidades económicas que hay que pulir y disfrutar antes de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad les sorprendan en cualquier momento. De manera que suelen llevar una vida dislocada de lujos, vehículos de alta gama, mansiones en zonas residenciales como en la Costa del Sol, y disfrutar de fiestas a lo grande.

Y así conviven los que salen ganando (los narcos) y los que salen perdiendo (por enfermos adictos a las drogas).

Pero lo fatídico de esta historia, es que al final del cuento, las drogas no perdonan a nadie ni a nada. Ya seas el que la hace o deshaces, porque al final las consecuencias se pagan tarde o temprano. Así es el mundo oscuro del narcotráfico que muchos jóvenes caen en sus redes para tenerlo todo materialmente, en realidad están encadenados a la dependencia de un sistema que lo llevará a la exclusión social imaginaria. Quizás algún día puedan ver a sus hijos crecer y no desearle lo que muchos niños y familias padecen a consecuencia de un escabroso negocio que también se viste con chaqueta y corbata.

 Conclusión

La observación desde una perspectiva antropológica, responde a un hecho social que se produce estratégicamente en las poblaciones costeras del Campo de Gibraltar. Especialmente recobra importancia la cantidad de personas que son consumidoras de hachís por su fácil acceso a la compra de este producto ilícito, y por otra parte, porque existen extensas familias que se dedican al narcotráfico como medio de vida. Un hecho relevante, son los datos de presos que cumplen condena por tráfico de drogas en el centro penitenciario de Botafuegos, en Algeciras (Cádiz), donde la población reclusa por delitos[4] contra la salud pública, ocupa casi más del 40% de los internos frente al resto que cumplen condena por otras causas. Esto supone, que en el centro penitenciario de Botafuegos, convivan hasta tres generaciones o familias enteras que han caído en una misma operación antidroga llevaba a cabo por las fuerzas policiales, o en distintas operaciones, y que durante la estancia de los primeros familiares en el centro, se hayan ido agrupando y coincidido los segundos con los terceros bajo el mismo techo de la prisión.

Otra de las consecuencias de que la zona del Campo de Gibraltar sea un punto caliente de este ilícito negocio, es motivado por parte de un retroceso de las políticas de inserción laboral. El paro[5], y la falta de expectativa para encontrar un trabajo, hacen que muchos jóvenes de las poblaciones campogibraltareñas, se pongan al servicio de las organizaciones de narcotraficantes y se embarquen en un viaje con rumbo a la Península por el Estrecho de Gibraltar. Esta práctica del narcotráfico no es algo nuevo, sino que se remonta hasta más de medio siglo. Muchos lo han vivido y a otros se lo han contado, pero a los primeros, a quienes lo han vivido, han podido conocer in situ como se organizan familias enteras, actuando como clanes y cuya parentela está organizada por otras familias cercanas también dedicadas al negocio sucio e ilícito de las drogas. De manera, que no tienen otras referencias más sociabilizadoras en las que se puedan apoyar para la búsqueda de un trabajo o buscarse la vida de otra manera; el dinero rápido y a veces mucho más fácil, es lo que mueve a que muchos jóvenes formen parte de una organización de narcotraficantes, a veces incluso hasta criminales cuando de ajustes de cuenta se trata. Y que no ven más allá de la otra realidad que se habita fuera de ellos, porque el barrio se convierte en su fortaleza, sus amigos son como hermanos en pactos que los llevan incluso hasta la cárcel, donde guardaran silencio y esperará que el jefe de la mafia pueda mantener a su familia que queda sin su cabeza de familia. Y que todo sea por la vieja (la madre), como suelen decir tras su resignación.

En cuanto a las circunstancias geográficas, se puede decir que las condiciones son idóneas dada la corta distancia que existe entre las dos orillas: marroquí y española. También porque se puede decir que el cultivo del hachís de Marruecos es único en el mundo, y cada vez se está consiguiendo una mejor calidad en su cultivo, superando a las plantaciones de Afganistán, Pakistán, etc., lo que hace que tenga mucha salida en España, en el resto de Europa y del mundo; además de que ningún cultivo idiosincrático puede competir con la situación estratégica que sucede entre Marruecos, que se encuentra frente a la entrada de un continente y su puerta es España, pasando por sus aguas del Estrecho de Gibraltar.

Por lo que este tipo de producto ilícito, siempre se paga bien en un mercado negro desde que la mercancía aguarda en algún lugar de la orilla marroquí a la espera de ser transportado en las planeadoras y ser dirigido por sus pilotos hasta la costa española. Allí el trabajo de la colla será descargarlo rápidamente y después los jefes de la banda, rendirá cuentas con cantidades económicas que motivan a repetir el trabajo. Además, al ser una ruta marítima que se puede frecuentar todos los días del año, excepto los días de temporal, el transporte es permanente por la autopista del Estrecho de Gibraltar. Y en cuanto a la mano de obra, se puede decir que siempre habrá jefes de la organización con capacidad para manejar y manipular su propia colla, porque paro y fracaso escolar no falta, lo que supone una reserva de mano de obra constante que se puede ir renovando continuamente, lo que hace que nadie sea imprescindible.

Por último, se deduce que existe toda una organización de narcotraficantes en la zona del Campo de Gibraltar que se transmiten un modo de vida “bajo la oscuridad” de la supervivencia, de generación en generación. Aunque si bien hay que decir, que la mayoría de estos traficantes de drogas son mayoritariamente de la zona del Estrecho de Gibraltar, existen otras organizaciones de narcotraficantes internacionales, como por ejemplo el clan de “los Polverino[6]”, delincuentes de la Camorra italiana, que se habían instalado en España y movían grandes cantidades de hachís en la zona del Campo de Gibraltar, para luego distribuirla por toda Europa sin que el destino fuera España, porque cuanto más lejos llegue la droga, mayor valor económico será su comercialización. Además, contaban con un “narcoembarcadero” en la zona residencia del río Guadarranque, lo que se desprende que ese río sea estratégico para que las bandas de narcotraficantes operen a sus anchas.

Pero que este tipo de mafias extranjera como los Polverinos se instalen por la zona del Estrecho de Gibraltar, no es algo usual, ya que el monopolio de las mafias del narcotráfico, son de los propios vecinos de la zona (localismo), porque ellos mejor que nadie conocen al milímetro cada parte de la costa, cada movimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y porque muchos de ellos están relacionados con la mar, debido a su vinculación con familiares que han sido marineros de pesca cuando la zona del Campo de Gibraltar daba mucho trabajo en ese sector debido a la riqueza de la pesca y su comercialización.

 

Andrés LópezJuan G. Rodríguez

Referencias

Imágenes: José Luis Sánchez Hachero (Cádiz). Autor del blog Los mundos de Hachero

http://losmundosdehachero.blogspot.com.es/2014/02/viaje-al-estrecho-de-gibraltar-ii-hijos.html

[1] Las consecuencias de la droga en el ser humano es el verdadero destino de las drogas, su consumo es la perdición psico-social. Las personas que más sufren las consecuencias, es la familia, vecinos y amigos.

Ver enlace de estudio científico: http://ocw.innova.uned.es/ocwuniversia/Educacion-Vial/efecto-de-alcohol-las-drogas-y-otras-sustancias-en-la-conduccion/cap8

[2] En el argot del mundo del narcotráfico, el caramelo hace referencia a la droga, en este caso a la resina o polen de hachís. Suele tener otras denominaciones, pero cuando se establece cierta conversación entre ellos ya saben a qué se refieren. Por ejemplo: papa o bistec, hace referencia en el argot del narcotráfico, al polen de hachís o la cocaína.

[3] Los puntos de venta de droga, son lugares donde los consumidores pueden adquirir la sustancia en pequeñas dosis. Son los otros distribuidores que se encargan de comercializar y dar salida al producto. Normalmente son viviendas en barrios a las fueras de las ciudades, suburbios donde coexisten altos niveles de la delincuencia, alto nivel de desempleo, fracaso escolar y una falta de integración social entre la mayoría de sus vecinos. Aunque no necesariamente los puntos de drogas tienen que reunir estas circunstancias, si hay que decir, que en lugares como los descritos, la venta y compra de droga se considera más seguro para protegerse de otras mafias y la propia policía. Ya que cuando estos últimos intentan hacer una redada en uno de estos barrios con el objetivo de realizar operaciones para luchar contra el narcotráfico, familias enteras que se denominan clanes, se unirán para impedir que las fuerzas actuantes consigan su objetivo.

Por último hay que dejar claro, que cada vez más son los colectivos vecinales que se oponen a tener vecinos que se dediquen al menudeo de las drogas, y para ello llevan a cabo colaboraciones con las instituciones para acabar contra esta lacra social.

También los puntos de ventas pueden ser móviles, es decir, individuos que se desplazan a las zonas de ocio y ofrecen el hachís a aleatoriamente a los transeúntes, es decir, por los espacios públicos.

[4] Ver noticia relacionada con estos datos:

http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/1004384/ocho/cada/diez/reclusos/algeciras/prision/preventiva.html

[5] Ver noticia relacionada y datos de la INEM: http://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/dtbas/piesa/dtbp10/dtbp1011.pdf

[6] Ver noticias relacionada con este tipo clan de narcotraficantes:

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/04/espana/1370332073.html

http://www.20minutos.es/noticia/1928212/0/clan-polverinos/camorra/mafia/

 

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