Este es el título de las primeras noticias de dos viajeras alemanas que tuve la oportunidad de conocer mientras prestaba servicio por la carretera N-381 (Los Barrios-Jerez de la Frontera), mientras por el arcén de la autovía caminaban dos trotamundas con dos pequeñas mochilas a sus espaldas, rumbo a dar la vuelta al mundo.

Y me llamó tanto la atención, que tuve que dar la vuelta para poder saludarlas y preguntarles sobre su presencia por la zona del Campo de Gibraltar. Y os puedo asegurar que durante varios días estuve pensando en ellas y sobre lo que me contaron en apenas veinte minutos que estuvimos hablando. Ahora mismo, podría decir que fue tiempo suficiente para que nuestro cruce de palabras, sirviera de algo. Antes de despedirme y desearles mucha suerte en su viaje aventurero a las dos chicas de 18 años de edad, les escribí en un trozo de papel mi correo electrónico para que me escribieran y me contaran en qué parte del mundo se hallarían. Y tras casi más de cinco meses, y pensando de vez en cuando en ellas, una mañana de este mes de mayo, me levanté, miré el correo en el teléfono móvil y, ¡noticias de las dos viajeras! Fue un despertador muy especial, digamos que pude ver el Sol con las ventanas cerradas a través de sus palabras.

La historia de estas dos chicas es una más de tantas otras, pero no de muchas tantas otras que conozcamos todos los días, ni que nuestros amigos o conocidos nos cuenten como se cuentan lo que solemos hacer o lo que nos pasa cada día. Así, recobra forma un encuentro en una carretera, un día de invierno, vísperas de las fiestas navideñas, en un lenguaje medio español e inglés, y sobre todo, preguntándole como si de un interrogatorio policial se tratara (risas).

Me contaron que habían salido de Alemania, que habían atravesado toda Europa hasta ese lugar donde tuvimos nuestro encuentro. Me contaron también los motivos que les habían llevado a dejar sus familias, sus hogares, sus cosas, y todo lo que cualquiera de nosotros podemos imaginar. Y todo, por salir a dar un paseo por el mundo, intentando gastar el mínimo dinero posible; andar, medios colectivos terrestres, etc., y simplemente viviendo algo distinto a la rutina de un reloj y nuestro confort idealizado.

Aquí os dejo el último viaje que me han contado dejando atrás el territorio europeo, cruzando el Atlántico y sintiendo la esencia humana.

RELATOS DE VIAJES

Cualquier lugar del mundo, 12 de mayo de 2016

Vía e-mail // Asunto: Dos Viajeras

Hola Andrés y Geno:

¿Todavía nos recordáis? Ya hace mucho tiempo, cuatro meses tal vez, desde cuando nos encontramos en Cádiz. Somos Sara y Esther, las dos viajeras alemanas haciendo autostop a Suramérica.

 ¿Y sabéis dónde estamos ahora?

En Mérida, Venezuela.-

 Aquí es lo que pasó:

El día después de nuestro encuentro, llegamos a Cádiz, pero desafortunadamente no había ningunos veleros a las Islas Canarias desde allí. De hecho, no había ningunos veleros a ninguna parte, solamente el ferry, que era muy caro. Intentamos entrarlo gratis, pero no parecía posible, entonces pagamos por el pasaje.

Más tarde la gente nos dijo que había que buscar veleros en La Línea/ Gibraltar, pero bueno, no lo sabíamos.

Llegando a Las Palmas por el año nuevo, la primera cosa que vimos era la Marina más grande, y, francamente, esto nos ha intimidado mucho.

La ciudad parecía fea, gris y sucia, pero por lo menos había muchas casas ocupadas, y en una nos quedamos. ¿Conocéis a Pippi Calzaslargas? Ella vive en la Villa Kunterbunt y nosotras también, vivíamos en una casa Kunterbunt allí. Teníamos los días más increíbles, una familia muy grande y pensamos: bueno, si no encontramos ningún barco, nos quedamos aquí. Pero por lo menos lo queríamos intentar, y entonces, después de tres días fuimos a la Marina y pusimos un anuncio en el bar de “sailors”: dos chicas más buscando un velero para cruzar el atlántico. Había cientos otros por lo menos, de todos tipos: viajeros como nosotras, chicos con perros, músicos, y profesionales.
¿Pues qué? Cuatro horas y veinte minutos. El mismo día ya nos llamaron Laurent y Gilles, dos franceses, diciendo que querían ir a Martinica y que nos llevan si queremos.

Tenían un velero de 12 metros, y de 15 años de experiencia en el mar. Entonces nos quedamos con ellos, hablamos, y el lunes salimos.

La única cosa, era que Sara y yo lo que teníamos que hacer era cocinar y hacer guardias nocturnas. Bueno, «única cosa», como si fuera fácil cocinar en el mar con mareos y comida limita, pero lo hicimos, y después de 22 días llegamos a Dominica. Es que el capitán Laurent, dijo como después de tres semanas, «bueno, chicas, al final no vamos a Martinica, vamos a Dominica, es casi la misma cosa».

 Solamente Martinica es parte de Francia, es como Europa, y Dominica es un país autonómico. Pero al final nos dio igual, porque no conocimos ninguna isla de las dos.
Y Dominica es bonito. Precioso, increíble, para mí era la primera vez viendo volcanes y la selva tropical. Después de 22 días de azul, aquello pareció como el paraíso. Solamente caminando todo recto sin caerse por culpa de las olas ya nos alegró muchísimo.
Pronto encontramos una finca dónde pudimos trabajar a cambio por camas tranquilas y la comida más deliciosa que nunca había comido.

Pasamos aproximadamente dos semanas en aquella isla, y por fin encontramos un catamarán que nos llevo a Martinica.

 Y como ya escribí, es una isla francesa. Es todo lo que hay que decir, creo.
Como es posible que dos países, separado solamente por 60 km de mar, puedan ser tan diferentes. No entendí. Martinica tiene muchos turistas, centros comerciales, carreteras como autopistas y una infraestructura mucho más avanzada.

Aunque yo prefiero la Dominica tranquila. Encontramos algo muy interesante en Martinica: ¡un barco de piratas! Bueno más o menos piratas, mas viajeros que están ocupando un barco abandonado que otra cosa.

 Así encontramos otra nueva familia, y pasamos un tiempo muy bueno con ella.
Pero no habíamos olvidado nuestro destino, ¡Suramérica!, y por eso, cuando teníamos la posibilidad, seguimos a St. Lucia. Desafortunadamente no pudimos encontrar ningún velero que fuera al sur. Y después de dos semanas tomamos un avión a Trinidad.
Pensábamos que sería más fácil cruzar a Venezuela, y desde ahí, a no más que 30km, dar el salto. Pero no. Era más difícil que todo el resto. La cosa es que de momento nadie quería ir a Venezuela. Es uno de los países más peligrosos del mundo, por lo menos eso dice la gente.

 Nos llevó un mes hasta cuando pudimos coger un bote a medianoche para llegar a Güirila en la obscuridad. La noche más rara. Pero después estuvimos unos días con una familia muy grande, que nunca había visto gente de Europa.

Viajamos unos días por Venezuela, pero cuando llegamos a Mérida decidimos que nos queríamos quedar aquí.

Por un tiempo, por lo menos, porque Suramérica es diferente. Necesitamos tiempo para acostumbrarnos. Primeramente me dio tanto miedo que ya pensaba sobre volver a Alemania, pero ahora es mejor. Hemos estado aquí más de un mes; bailamos tango y salsa, y yo estoy aprendiendo acrobacia.

Creo que esperaremos aquí hasta el mes de julio, cuando viene nuestra amiga Déniz de Alemania para viajar con nosotras. Y cuando ya seamos tres, continuaremos el viaje a Colombia.
Bueno, eso es algo, todo no, porque es imposible escribir sobre todo que pasó durante los últimos meses, pero por lo menos ahora tenéis una idea.

Espero que estéis bien 🙂

Esther

 

Andrés López

   Enviar artículo en formato PDF   

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
A %d blogueros les gusta esto: