Según la mayoría de los medios de comunicación españoles, aumenta cada vez más la escalada de violencia en las agrupaciones de calle integradas por jóvenes. Agrupaciones a las que han denominado “Bandaslatinas” por, supuestamente, estar integradas por jóvenes migrantes de países de América Latina. Pero estos medios de comunicación no han analizado las razones por las cuales, muchos jóvenes, muchos de ellos nacidos en España, forman parte de estas agrupaciones o lleguen a formar parte de su entorno más cercano.

Como indica Carles Feixa en sus estudios (1999, 2004, 2006, 2009) sobre estos jóvenes migrantes, las historias de vida que hay detrás están llenas de una gran nostalgia por la tierra de origen, infancia y adolescencia y con un sentimiento de destierro, ya que migrar no ha sido una decisión de estos jóvenes. Sin embargo, en la actualidad, muchos de los jóvenes que integran estas agrupaciones, no son migrantes, sino nacidos en España y forman parte de la denominada “segunda generación”.

Estos jóvenes migrantes o no, se sienten excluidos en una sociedad que les ha etiquetado de jóvenes sin futuro, vagos y delincuentes, muchas veces por vivir en barrios deprimidos y venir de familias de origen extranjero. Por lo general son “los otros”, y se les hace responsables de la situación en la que viven. En este sentido, Philippe Bourgois (2010) hace alusión a la “criminalización de la miseria”, refiriéndose a las “políticas denegligencia” implementadas por el Gobierno de EE.UU, hacia la “innercity” (“enclave marginal” para algunos autores), sobre todo en los barrios de afronorteamericanos y latinos.

Estos barrios que se convierten en los “enclaves marginales” son un ejemplo de la “marginalidad urbana” que fomentan las sociedades occidentales y el actual modelo capitalista, que crea formas de relaciones basadas en la desigualdad.

En este artículo vamos a centrarnos en agrupaciones de calle como las denominadas “Dominican Dont Play” (DDP) y “Trinitarios” (Trinis). Ambas agrupaciones están formadas originariamente por jóvenes de origen dominicano, pero actualmente la conforman jóvenes de diferentes nacionalidades y jóvenes autóctonos, nacidos en España. Como plantea Perea Restrepo (2007) detrás de la decisión de ingresar en estas agrupaciones, está la necesidad  de “producir dinero”, de respeto, identidad de grupo y de pertenencia.

Desde una perspectiva antropológica y para centrarnos en el análisis de estas agrupaciones juveniles de calle, denominadas “bandas latinas” podemos hablar de las diferentes formas de poder, la simbología de los tatuajes, las diferentes formas de expresión utilizadas por estas agrupaciones y cómo estás conforman una identidad.

En cuanto a las estructuras de poder, estas de dominación, piramidales y jerárquicas donde hay jefes o lideres, unos subalternos que están bajo sus órdenes.

Tipos de violencia

Con respecto a los tipos de violencia, podemos mencionar la violencia estructural, la violencia simbólica y la violencia cotidiana o intercultural. La llamada “Teoría de la pobreza” propuesta por el antropólogo norteamericano Oscar Lewis, se convirtió en justificación de muchas políticas de represión y exclusión del Estado en los EE.UU y otros muchos países, en contra de quienes habían sido precisamente las consecuencias de las desigualdades sociales que el propio Estado producía. Bourgois (2010) basándose en esta teoría, indica que se hace una “criminalización de la pobreza” al culpar a las personas de la situación de pobreza en la que viven, que no es más que el resultado de unas “políticas de negligencia” implementadas por el gobierno norteamericano a los barrios más empobrecidos.

Estas diferentes formas de violencia arriba nombradas son asimiladas e incluso normalizadas por los/as jóvenes que integran las agrupaciones juveniles de calle, que luego también reproducen con su grupo de iguales.

La simbología: tatuajes y formas de expresión que utilizan los/as jóvenes en estas agrupaciones

Los tatuajes, mensajes encriptados, la moda rapera, la música y una jerga particular, son formas de expresión en el entorno de las agrupaciones juveniles de calle. Estas agrupaciones siguen los cánones de ciertas modas juveniles en su estética. Por lo general, una estética rapera, pantalones anchos, caídos hasta la cadera, camisetas anchas (XXL) y accesorios varios, como gorros, zapatillas deportivas, pañuelos, collares, pulseras, anillos y crucifijos. Lo que diferencia la estética entre una y otra banda son los colores que utilizan que por lo general guardan relación con colores simbólicos que reafirman su identidad nacional. En la actualidad para pasar desapercibidos suelen una estética común en jóvenes (jeans, camisetas, zapatillas, gorras, etc…)

Los tatuajes

Forman parte de las “adscripciones identitarias” o “corporalidades juveniles urbanas” (Nateras, 2006) que adoptan los miembros de las agrupaciones juveniles de calle. Para el autor “la decoración de sus cuerpos, mediante tatuajes es una forma de reafirmación del y de las identidades locales y étnicas (en este caso de los DDP o Trinis).Nateras indica que detrás hay una trayectoria de vida, expresando las vivencias de vida cotidiana y la violencia de los sujetos imprimidas en sus cuerpos (Nateras 2006). Tanto los DDP como los Trinissuelen tatuarse las iniciales de su agrupación en alguna parte de su cuerpo poco visible, para no ser reconocidos por la policía y para el “aspecto simbólico”.

Formas de expresión oral

No es ningún secreto que la jerga de los jóvenes es particular, algo intrínseco en una etapa en las que se pretenden distinguirse de los dos grupos a los que se mantienen enfrentados: los adultos y los jóvenes. Las contradicciones forman parte de su universo “en todos los planos de comunicación con la sociedad”. Estas contradicciones son parte de su comportamiento habitual (Monod, 2002). Esta situación no es distinta entre los jóvenes que forman parte de grupos, pandillas, bandas, etc… En el caso de estos, la jerga se convierte en una parte esencial en la comunicación dentro del grupo, ya que muchas veces suele ser utilizada para mantener la idea de clandestinidad, secretismo y hermetismo que prefieren mantener en el grupo.

En muchas ocasiones las expresiones y las palabras utilizadas son recogidas de las agrupaciones originarias y se siguen transmitiendo a los miembros de las extensiones que se conforman en los países de acogida. Un ejemplo de ello lo vemos en el argot utilizado por los integrantes de estas agrupaciones en España, quienes han adoptado muchas de las simbologías, colores, estética y expresiones orales y corporales de las “bandas” creadas inicialmente en EE.UU, que se transmiten a los países de origen de los jóvenes y luego se extrapolan a la sociedad de acogida donde han emigrado o donde han emigrado sus progenitores de origen.

En el caso de los Trinis tienen un diccionario de códigos ocultos, escritos en clave numérica. Esto puede observarse en las pintadas (grafitos) que realizan en los barrios donde suelen asentarse y en lo que ellos denominan las normas, que recoge sus códigos, reglamentos, etc… Mientras que en el caso de los DDP tienen su propia jerga y códigos que también registran en sus normas. Utilizan una simbología numérica (al igual que los Trinis) para sus mensajes en clave.

Esto no quiere decir que estos jóvenes se comuniquen únicamente en un lenguaje en clave, la mayoría de las veces, una jerga utilizada en sus países de origen, como en el caso de los dominicanos. La idea es utilizar la jerga de origen muchas veces como seña de identidad con la que buscan reafirmar su identidad nacional, que adoptan los menores que ya han nacido en la sociedad de destinos de sus progenitores, o los de otra nacionalidad que llegan a asimilar por completo.

Tal y como indica J. Monod (2002) los integrantes de las bandas tenían un control sobre el lenguaje que utilizaban, lo que no impedía que en su lenguaje subsistieran vocablos del lenguaje común (que él llama “antiguas voces) o se incluyeran otros nuevos. El argot de las bandas se convierte en un signo diferenciador (Giraud 1963) que quien lo utiliza “reconoce y reafirma su identidad y originalidad”.

Para Perea Restrepo (2007) “el lenguaje de las bandas es circular” y solo remite a sí mismo, “parte de nociones consensuadas (como comunidad y respeto), pero las simplifica en el simbolismo del “goce y la muerte”. Esto se hace visible en estas agrupaciones cuyo simbolismo se basa en la identidad nacional (símbolos muy patriotas), pero en el argot que utilizan para enfrentarse a sus rivales hacen una alegoría de la muerte.

Otra característica es el lenguaje sexualizado, que suele tener un enfoque machista. Para los integrantes de las bandas las mujeres tienen un papel secundario y muchas veces son meros objetos sexuales. En algunos casos, las chicas se les pone como condición para entrar en la banda que tengan relaciones sexuales con los líderes de determinadas agrupaciones o, en el peor de los casos, se les exige a los chicos que quieran entrar participen en violaciones en grupo. Por lo tanto, lo más común es que en el argot que utilizan se dirijan a las mujeres como objetos sexuales y sea un lenguaje totalmente machista, en el que muchas veces son vejadas y denigradas.

Motes e interacción social

La mayoría de los jóvenes que ingresan en estas agrupaciones se les llega a conocer por un mote, rara vez se les llama por su nombre de pila y esto llega a asimilarse de tal forma que aun fuera de la banda muchos de ellos siguen conservando sus motes. Este puede estar relacionado con alguna habilidad propia al que se le designa, con alguna discapacidad, característica física, hazaña y puede estar impuesto por la propia familia, amigos en origen o simplemente es el mote elegido por la misma persona, para ser reconocido dentro y fuera del grupo.

El mote tiene una doble finalidad, por un lado, es la forma de ser identificado dentro de la banda, por el otro, será la forma en la que ocultaran su verdadera identidad fuera de la banda, de cara a la policía o posibles delatores. El mote se llega a asimilar de tal forma que en  muchas ocasiones no es posible separarse de este, aunque se haya abandonado la banda. Un mote puede estar cargado de simbolismo cuando se sigue nombrando a miembros extintos por el mote que tenía dentro de la agrupación, pasando a ser personajes míticos de la banda.

Otra poderosa forma de expresión entre estos grupos y con los que estas bandas se identifican es la música (Rap, Regueton,…) y el lenguaje utilizado en ella. Por un lado, es un lenguaje violento, con mensajes retadores, como un llamamiento al enfrentamiento con otras bandas rivales y por otro, es muy sexualizado y fuertemente machista.

En este trabajo se ha hecho referencia a las agrupaciones juveniles de calle denominadas “bandas latinas”, agrupaciones conformadas por jóvenes migrantes y autóctonos que se encuentran en situación de desigualdad y exclusión social. Nos hemos  centrado en las agrupaciones de los Dominican Dont Play (DDP) y los Trinitarios (Trinis). Hemos hecho referencia a sus formas de expresión, simbología y las  formas de interacción que utilizan, con la intención de mostrar poder y hacerse presentes en una sociedad que los margina y los invisibiliza.

                                                              Katia Nuñez

Amaia Castresana

Referencias

Feixa, Carles (1999). De jóvenes, bandas y tribus. Antropología de la juventud. Barcelona. Editorial Ariel

(2006); Feixa y Canelles. De bandas latinas a organizaciones juveniles. La experiencia de Barcelona. Jóvenes. Revista de Estudios sobre juventud Nº 24

(2009); Vida Real: Bandas Latinas en Cataluña y más allá. Revista Estudios Sociales Nº 155

Feixa, C., Porzio, L. y Recio, C. (2006) Jóvenes latinos en Barcelona. Espacio Público y Cultura Urbana. Barcelona. Antropos.

Ferrándiz, F. y Feixa, C. (2004) Una mirada antropológica sobre las violencias. Revista Alteridades. Vol. 14 (027)

Galtung, Joan (2003) Violencia Cultural. Documentos de trabajo. GernikaGogoratuz Nº 14 (Bizkaia)

Monod, Jean (2002) Los Barjots. Etiología de bandas juveniles. Barcelona. Editorial Ariel

Nateras, A. (2006) Violencia simbólica y significación de los cuerpos tatuados en los jóvenes. Temas Sociológicos. Nº 11

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