Pese a vivir en un mundo cada vez más globalizado tal vez aún sintamos lo cercano como propio o porque tenemos todo organizado según un ranking de importancia no podemos negar que no tiene el mismo impacto en nuestra sensibilidad la desgracia que se cierne sobre un europeo (con su consiguiente marca WASP) que la que podría sucederle a alguien del África subsahariana. Y si eso no fuera suficiente los mass media se encargan de acentuarlo.

Sin embargo a nivel intraeuropeo también tenemos nuestra propia ordenación de importancia, catalogando a aquello que ocurre al otro lado del telón de acero como «lo mas lejano de lo cercano», pero… ¿alguien se ha dado cuenta de lo que está sucediendo en Polonia?

En la corta historia de la moderna Polonia nadie había logrado obtener una mayoría absoluta hasta el pasado octubre, mes en el que el partido de extrema derecha Ley y Justicia (PiS) lo consiguió.

En propias palabras del ministro de Asuntos Exteriores su misión es «acabar con la Europa podrida de vegetarianos y ciclistas». Pero ahí no termina todo, y es que la particular cruzada del PiS es contra la mezcla de razas y culturas (maldito palabro), las energías limpias. Han empezado por controlar los medios de comunicación para separar a los polacos buenos de los malos; desayunar salchichas y ser católico = bueno, comer tofu y abogar por las energías renovables = malo.

Si esto hubiera sucedido en la Francia de Le Pen ya nos estaríamos tirando de los pelos y preparándonos para la III Guerra Mundial. Pero ha sido en Polonia, donde Cristo perdió la sandalia ¿qué nos importa a nosotros?

Feliz miércoles

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