Los vendehumos prosperan en una época que premia la apariencia, la rapidez y los relatos convincentes por encima de las pruebas. No son solo charlatanes: también reflejan una sociedad que a veces prefiere creer antes que comprobar. Su éxito se basa en prometer claridad, seguridad y resultados simples para problemas complejos. El Derecho interviene cuando el humo deja de ser pose y se convierte en engaño con consecuencias reales.
