Dijo Marguerite Yourcenar “hay que escuchar a la cabeza pero dejar hablar al corazón”[1] y es que por lo general asignamos al órgano del corazón la parte que rige nuestras emociones y nuestros sentimientos, aunque en realidad nuestras emociones se alojan en nuestro cerebro, en la zona del hipotálamo y sistema límbico, sistema que es “esencial para la memoria y el procesamiento de información” (Ramírez Goicoechea. 2012. 269)[2].

LIMBICO DERECHOEl sistema límbico se encuentra en el área central del cerebro y es del tamaño de una nuez. En él se almacenan recuerdos con una gran carga emocional, que pueden ser tanto negativas como positivas, experiencias traumáticas o experiencias muy positivas que marcarán nuestras actitudes[3].

Según Ramírez Goicoechea (2003) “las emociones están ligadas a procesos neuroquímicos y neurofisiológicos del sistema nervioso autónomo” que repercuten en “el cambio en la conductividad eléctrica de la piel, la dilatación de las pupilas, alteración del pulso, la presión sanguínea, etc.” Síntomas relativos a sensaciones que experimentamos cuando nos enfrentamos a fuertes emociones. Según esta autora, “existe una neuroquímica de las emociones que justificaría el carácter común de estas emociones en los humanos (tristeza, alegría, sorpresa, enfado, asco, etc.). Continúa la autora, que “las emociones de los mamíferos están en estrecha relación con circuitos neuronales que se ejecutan en las áreas subcorticales cerebrales que coordinan los procesos fisiológicos, psicológicos y de conducta implicados en importantes aspectos de la supervivencia”.

Pero por lo general se asume que los estados emocionales nos desvinculan de la razón, y que si se es muy racional, entonces nos alejaremos de las emociones y viceversa, como si las emociones y los sentimientos estuviesen totalmente distanciados de la razón, tanto en el lugar donde se supone están alojados, como en la forma en que los ejecutamos. Sin embargo, esta misma autora nos dice que “las emociones permiten al sujeto dar valor y significación, subjetiva e intersubjetiva, a su relación constitutiva con el entorno, […] nos dice que las emociones y el razonamiento no son incompatibles, sino que se vinculan en un sistema de procesamiento total de información y de construcción de sentido”. Es decir, “nuestro sistema motivacional estructura nuestra atención e intenciones y les da la fuerza necesaria para que trasciendan al sujeto y se conviertan en acciones”. (Ramírez Goicoechea. 2013).

cerebro

Somos capaces de llevar a cabo acciones, pensadas y razonadas sin tener que dejar a un lado nuestras emociones: podemos amar sin dejar de razonar, todo forma parte de nuestro maravilloso cerebro y depende de qué experiencias nos marquen seremos más racionales, más emocionales o habrá un equilibrio entre ambos.

Gran parte de este “razonamiento” desprovisto de “emocionalidad o sensorialidad” obedece más bien a una fijación del racionalismo occidental, preocupado por la construcción de un “individuo racional”, desligado de emociones y afectos, que al parecer sólo podían atribuirse a una “mentalidad primitiva” (Ramírez Goicoechea. 2013). En el peor de los casos, los pensadores ilustrados adjudicaban el razonamiento sólo a los hombres y las emociones y sentimientos eran sólo para las mujeres, a quienes no se nos atribuía el privilegio de pensar, razonar, discernir y ser objetivas, ya que nuestra “naturaleza biológica” sólo nos permitía desarrollar emociones y sensibilidades, propias de nuestro género. Los ilustrados nos atribuían a las mujeres las emociones y sentimientos que provenían del corazón y a los hombres las capacidades de razonamiento que provenían del cerebro. De ahí las historias del corazón que daban paso al “amor romántico”, desprovisto de todo razonamiento. Por suerte, está demostrado que tanto hombres como mujeres somos capaces de razonar y de amar y que es en nuestro cerebro desde donde se gestan todo tipo de emociones y razonamientos.

Pero ¿En quinsula3-300x269é parte del cerebro se aloja ese sentimiento tan relacionado con el corazón, como es el amor? Según estudios recientes sobre neurociencia de la universidad de Concordia en Canadá: “el amor está vinculado al lugar donde se origina el deseo sexual, pero ambos están separados”, que es el mismo lugar donde se origina la adicción a las drogas. Los estudios revelaron que el amor y el deseo sexual se encuentran en dos estructuras del cerebro: la ínsula y el núcleo estriado. “La ínsula, es una parte de la corteza cerebral que está plegada en una zona entre el lóbulo temporal y el lóbulo frontal y el núcleo estriado se encuentra en el cerebro anterior”[4]. Según los científicos que realizaron el estudio, tanto el amor como el deseo activan distintas áreas del núcleo estriado y otras cosas que producen placer, como la comida, también pueden activar el área donde se activa el deseo sexual, sin embargo, el área del núcleo estriado que se activa confoxp2-nucleo-estriado-snc-hi el amor es mucho más compleja, más abstracta, y menos dependiente de la presencia física de alguien, mientras que el placer sexual tiene un objetivo muy específico.

Aunque es algo abrumador que la zona del núcleo estriado que se activa con el amor se asocie con la de la dependencia a las drogas, según uno de los científicos que ha realizado el estudio, la explicación es que “el amor realmente es un hábito que se forma con el deseo sexual y que recompensa a ese deseo», o sea es un hábito que crea una necesidad o deseo que al mismo tiempo compensa, algo similar con el hábito que causan las drogas y la compensación que siente el adicto al usarlas, de ahí la asociación.

En conclusión, aunque nos han inculcado la idea de que sentimientos, emociones (como el amor) o el deseo que podamos sentir por otra persona, son cosas del corazón y que el razonamiento es algo que pertenece a nuestro cerebro, y que por lo tanto, razón y emoción (o sentimientos) estarían disociados, alejados (desde nuestra fisonomía, hasta nuestra forma de actuar) por lo que serían incompatibles, nada más alejado de la verdad. Si bien es cierto que es difícil darle un carácter racional a sentimientos como el amor, la devoción, el deseo, la alegría o la tristeza, y que son abstracciones que no podemos darle un carácter objetivo, ni mucho menos físico, también lo es que se alojan en nuestro cerebro y que dependerá mucho de nuestras experiencias más recónditas el manejarnos desde la razón, la emoción, o desde un equilibrio entre ambas.

Kattya Núñez Castillo

 

[1] Referencia sobre Marguerite Yourcenar cortesía de Ameriquin Dalmasy-Laccetti

[2] Ramírez Goicoechea, E. Antropología Biosocial. 23013. Biología, Cultura y Sociedad. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. Pp. 269-274

[3] http://www.ehowenespanol.com/parte-del-cerebro-controla-emociones-sobre_37298/

[4] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/06/120620_cerebro_amor_lugar_men.shtml

Imágenes

https://www.google.com/search?q=cerebro+y+emociones&hl=es&biw=1280&bih=609&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=GQU8VLSaEcHuaJqjgIgM&sqi=2&ved=0CBwQsAQ

https://www.google.com/search?q=Im%C3%A1genes+insula+y+nucleo+estriado+del+cerebro&hl=es&biw=1280&bih=609&tbm=isch&imgil=-Rz1qiqBBzEgBM%253A%253BNsNlyTmo6MKDYM%253Bhttp%25253A%25252F%25252Fsilenciopensamientoyvoz.blogspot.com%25252F2012%25252F06%25252Finsula-y-nucleo-estriado-responsables.html&source=iu&pf=m&fir=-Rz1qiqBBzEgBM%253A%252CNsNlyTmo6MKDYM%252C_&usg=__lQdUOTt5ORYWoo6nM4bBoUX7ywA%3D&ved=

 

 

 

   Send article as PDF   
anthropologies

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.