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En casi todos los órdenes de la vida, a veces se hace necesario parar la pelota, levantar la cabeza y mirar donde estamos. Los afanes cotidianos –despertador, mudanzas, navidades, cuotas- siempre logran quitarnos perspectivas, y es fácil perder el rumbo, la idea general. No pocas son las ocasiones en que, al levantar la cabeza, nos encontramos en otro partido, o en la puerta del estadio, o en un desierto de desconocidos, decididos a conseguir nuestra posesión. Es cierto, como descargo parcial, que la velocidad de casi todo generalmente termina por arrastrarnos y detenerse con la pelota a observar un instante alrededor basta para ser atropellados y perder la pelota el lugar la piel. Y sin embargo.

Si hace ya bastante tiempo que empresa mata programa electoral, ¿cómo no va a aniquilar medio de comunicación? Mucho más acá del cuco oficial de los multimedios, mucho antes, lo que mata a la comunicación, específicamente al periodismo, es el enfoque empresarial con el que se maneja.

Desde luego que a esta altura del partido no tenemos derecho a pecar de inocentes, ninguna organización que no produce dividendos tiene el camino largo, y esto hace necesario que los medios, desde los más humildes, tengan un balance que mínimamente les permita continuar. Pero han cambiado las prioridades. Si en una empresa de enlatado de sardinas es socialmente comprensible – incluso admirado por algunos- querer ganar cuanto más dinero mejor, sin reparar demasiado en los medios, en el caso de empresas periodísticas no debería anteponerse ese espíritu, en la medida de lo posible.

Creo sinceramente que el periodismo ha muerto. En general, digo. Salvo casos excepcionales, lo que sucede en diarios, revistas y programas de radio y televisión tiene más de venta de saldo que de interés por reflejar la realidad. Ya no por el detalle a esta altura absurdo de verificar la información antes de publicarla, ya no por analizar las fuentes antes de sacar una conclusión, ni por reflejar todos los puntos de vista. Ni siquiera por el mínimo esfuerzo de que la subjetividad no se convierta en tribuna.  La conclusión es hoy el inicio de la información, el copy&paste es la fuente confiable, los puntos de vista se quedaron en el olvido. Los periódicos tuertos publican batidos de palabras, no siempre bien escritos, con el objetivo único de generar opinión pública. Los unos atacan y promueven lo suyo, los otros contraatacan y venden lo propio.periodismo1

Los temas casi son innecesarios; la sintonía de las “opiniones” –las ideas están ausentes sin aviso- es un universo de insultos mutuos, descalificaciones personales, una nube de mentiras arrojadizas y no vinculantes que unos y otros de dedican sin escucharse. En honor a la verdad, tampoco es necesario: todos sabemos cuál será la posición de unos y cual la de otros antes de que la expresen, tan previsibles son, tan obedientes, tan poca cosa.

Los periodistas cadáveres esperan en sus trincheras –confortables trincheras, no vayamos a creer, prestigiosas, seguras trincheras- a que el enemigo asome la nariz para tirarle con todo lo que tengan: fotos, falsedades, titulares en tiempo potencial, griterío. Con todo menos con archivos, que son armas de doble filo y nunca se sabe lo que puede volver. Los de política ya tienen su bando irrenunciable, sin fisuras, tozudamente a favor de unos o de otros, incluso cuando están en el gobierno. Pregunta para llevarse a periodismo2casa: ¿Puede un periodista en su función defender a ultranza a un gobierno? Por supuesto que una persona puede hacerlo, pero, ¿periodismo a favor de un gobierno? Neustadt lo hizo, Grondona lo hizo. Urdaci lo hizo, Buruaga, Gómez Fuentes. Entiendo que, en principio, la función del periodismo es poner en aprietos a los que mandan, y no adularlos. Cuestionarlos antes que aplaudirlos. Seguro que no ponerles un marco de ángeles con trompeta y darles la réplica exacta para que se luzcan, como los capocómicos del teatro de revista. Sencillamente no lo entiendo como periodismo.

Eso los de política y los de economía, pero los de deportes otro tanto, aunque se esfuerzan en disimularlo, pobrecitos, y los de espectáculos, que al menos tienen la excusa del ego. Y a esos que navegan entre el espectáculo y el chismorreo, en el campo del honor. Los más cercanos a la verdad son los del horóscopo.

Cada uno en su quintita y la vieja idea de periodismo famélica, olvidada en un rincón. La esperanza son los luchadores, los que se detienen a pensar, a diferenciar la luna del dedo que la señala, a desdeñar las notas de prensa mentirosas, a preguntarse y después preguntar. Conozco algunos casos, que no pierdan – y que no perdamos- la lucidez y el espíritu crítico es mi deseo para el 2014.

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