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En este artículo intentaremos analizar los aspectos antropológicos de la narrativa de Tolkien, “El Señor de los Anillos” y su “Tierra Media” Aspiramos a hacerlo desde una perspectiva no sólo literaria sino también como una obra creada por un individuo concreto, con objetivos precisos y como una producción humana, comunicativa y cultural, fuente de la imbricación de varias disciplinas tales como la Literatura y la Antropología.

Recordad que uno de los momentos dorados del saber y de la ciencia tuvo lugar en el Renacimiento, momento justo en el que se produce uno de los más aglutinadores fenómenos del saber humano: el Humanismo que supuso el hilo conductor y un paradigma integrador del conocimiento crítico a la hora de estudiar y comprender nuestra civilización. De tendenciosa actualidad resulta la intensa diversificación y especialización en las áreas del saber y la ciencia, obviando frecuentemente la importancia como motor de los saberes humanos que constituyen las áreas interdisciplinares. Así, se demuestra que la Literatura comparada no puede considerarse como una disciplina aislada sino en contacto con otros campos de estudios y otras ciencias y de este modo se ensambla con ciencias tales como la Antropología, la Etología, la Antropología Cultural, la Teoría de la Literatura o la Biología.

Para seguir reflexionando sobre la dimensión de este análisis nos preguntaremos “qué demuestra el fenómeno literario en su totalidad”. Sin duda es sabido que una de las fuentes de documentación más importantes que hay y ha habido sobre la vida del ser humano, sus costumbres, sus creencias, sus formas de establecer alianzas o crear familias, es la literatura y más concretamente, la narrativa.

Cuando analizamos una obra literaria nos detenemos en los aspectos verbales: género, voz narrativa, trama argumental, estilo…, no obstante existen otros sistemas de comunicación no verbales complementarios o ligados a la acción informativa. Así pues en este sentido nos interesa abordar el estudio literario a partir del análisis del sistema verbal, no simple y llanamente como acto comunicativo sino tal producción cultural puesto que es lo que realmente conecta la obra literaria con la Antropología. .

Seguramente todos adivinemos que el vínculo entre Literatura y Antropología surge mucho antes de que se formalizaran las ciencias sociales a finales del siglo XIX. Concretamente, la Antropología como reflexión sobre la unidad y la diversidad humana, nace desde muy temprano en la historia moderna en el seno de una tradición literaria en particular: la de los relatos de viaje. En esta forma narrativa que se remonta hasta los tiempos de Herodoto confluyen las travesías de peregrinos, mercaderes, aventureros, misioneros y conquistadores. Sus crónicas recogen, además de las noticias del viaje, la experiencia de la alteridad, los tropos y técnicas de su oratoria, las descripciones espaciales utópicas… De la literatura de viajeros y escritores como transmisores de la existencia de culturas diferentes y formas sociales diversas, se pasa a textos etnográficos, basados en hipótesis de trabajo y técnicas de investigación específicas, que avalan la cientificidad de la investigación. A partir de los “50” el concepto de otredad cultural se transforma y surgen nuevos objetos de estudio que abandonan lo exótico y centran su interés en la sociedad propia. Surgen nuevos caminos metodológicos en este estudio de la diversidad en un entorno que es propio y no ajeno para comprender la complejidad de los comportamientos colectivos, cuestiones que derivan en la búsqueda de fórmulas novedosas específicamente en la técnica interdisciplinar como canal para la praxis antropológica, intercambiando estrategias con otras disciplinas como la Historia, la Lingüística, la Crítica Literaria, la Sociología o la Filosofía para acercarse al conocimiento de los seres humanos en sociedad, puesto que todos estos campos de conocimiento nos predisponen a una mirada más completa, a la pluralidad cultural.

Analizaremos lo que realmente nos interesa en la interrelación Literatura-Antropología: la Creación del Discurso. Resaltando un foco de interés, la literatura como fuente de estudio y documentación.

Por consiguiente nos interesa analizar la obra de TOLKIEN, “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS” y su “TIERRA MEDIA” en la medida que transmite realidades sociales, o expresa interpretaciones de esas realidades, como una creación literaria del género de ficción que recrea un universo de arquetipos, descripciones, estructuras y alianzas, mitología y religión, referentes espaciales, y una extraordinaria orografía que describe con precisión la geografía física, ámbitos sociales y como no, el mecanismo del alter ego del autor en la técnica metafórica de la narración y cómo la esencia de TOLKIEN se expresa en su “Tierra Media”

La obra de Tolkien presenta un vasto mundo de seres sobre naturales que evoca a un pasado inverosímil con la sobriedad creativa del mito y la simbología. Filósofos y ensayistas como Pablo Capanna señalan que en el universo tolkeiniano coexisten elementos que recuerdan a la mitología del norte de Europa y que la Tierra Media es la conexión de tal universo. A simple vista es fácil reconocer que se trata de una historia de aventuras en la que se representa la lucha, la esperanza arquetípica entre el bien y el mal. Arquetipos variados, Hombres, Elfos, Enanos y un cierto número de criaturas malignas: Trolls, Dragones, Balrogs, Orcos, Jinetes de Lobos…que sin duda representan algunas de las construcciones simbólicas que Talkien utiliza para encarnar esta alegoría. Sin embargo vamos a intentar descubrir otros aspectos que se esconden tras de estos arquetipos.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS (1965) Y LA TIERRA MEDIA COMO FENÓMENO DE ANÁLISIS

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El Señor de los Anillos es una obra de literatura épica y fantástica que ha representado un fenómeno de éxito en varios sentidos. No solo por su trascendencia literaria sino además por el gran impacto social y cultural que tras cincuenta años de su primera publicación sigue ejerciendo, bien a través de canales mass-media, bien a través de grupos diseñados específicamente para difundirla creando un universo ficticio en torno a ella, nos referimos a “Las Sociedades Tolkien” ubicadas en numerosas partes del mundo.

Es inquietante pensar el porqué de esta difusión, el porqué de esta intencionalidad mantenedora, ¿no es sino el propósito de la supervivencia, de la inmortalización del icono que reproduce? Esto me ha conducido a detenerme en aquellas características que perpetúan diacrónicamente el acto comunicativo y su mensaje, aquellas propiedades que hacen del “discurso” una creación de realidades colectivas e individuales que implican una realidad que no existe por sí misma sino que es producida en el marco de un proceso socio- histórico generado como una realidad mutuamente construida a partir de las interrelaciones del observador y su entorno. Una realidad que puede o no ser uniforme en cuanto a las significaciones de los observantes que constituyen su horizonte de realidades cuya forma de manifestarla es a través del lenguaje.

¿Residen además en la interrelación entre oralidad y texto escrito las posibilidades de que una historia, un mito se viva y reinvente continuamente?

Así es, en esta obra de Tolkien, pues se identifican determinadas estructuras que manifiestan características propias de los relatos orales típicos en otros textos como La Biblia o El Corán, escritos para una comunidad que del mismo modo se construye en torno a ellos. Son procesos espontáneos, flexibles, expresivos que han de conservarse de una forma duradera, así en sociedades sin escritura eran memorizados por rapsodas, músicos, videntes, profetas o sacerdotes y conservados en las epopeyas, relatos míticos o ritos. Así Tolkien diseña fórmulas que contribuyen al recuerdo acudiendo a arquetipos funcionales en la cultura tales como el “héroe” (Frodo) y los “personajes fantásticos” (Ents) o los “conjuntos numéricos” (los 9 de la Compañía del anillo: número de razas existentes en la Tierra Media). Otra característica de la oralidad que se manifiesta es el uso de nombres propios acompañados de epítetos normalmente utilizados para describir a sus personajes: “Frodo Nuevededos”, “Gandalf el Peregrino Gris”… Del mismo modo los acertijos, insultos o las alabanzas, clichés, proverbios y refranes (como patrones de conocimiento formulario) que en sociedades sin escritura eran empleados pues el conocimiento una vez aprendido había de mantenerse para no terminar perdiéndose. A donde queremos llegar es a que los relatos orales ilustran las tradiciones de un pueblo, sus creencias y situaciones ritualizadas que construyen identidades y realidades pero no mediante ideas o principios sino a través la acción.

Por último, mencionar otra de las características que evocan la cultura oral y que se manifiesta tanto en el estilo como en la temática de esta narración, se trata de la presencia del aspecto tradicional y conservador que se materializa en la nostalgia por las tradiciones y valores de la Edad Media idealizada (la caballería, el amor, el romanticismo…) de JRR T. como reclamo inconformista ante una industrialización cada más acusada en el mundo moderno. Asimismo el usar un lenguaje un tanto arcaico es una manifestación más del estilo conservador del autor.

En conclusión, la convergencia de los mecanismos implicados en la narrativa oral en conjunto con el texto escrito y finalmente la impresión y los trasnacionales mecanismos de difusión permiten que la construcción de una historia o un hecho narrado con la carga simbólica implícita y específica de una cultura o sociedad concreta, pueda ser leída, observada y aprehendida por cualquier otra, alcanzando dimensiones universales donde cada vez la historia se vive, se transforma y se reinventa en manos del observador/lector.

Seguidamente lo que me interesa es abordar desde la perspectiva Social y Cultural de la Antropología los conceptos destacables cual estructura social, cómo se interrelacionan los individuos que forman la Sociedad de la Tierra Media, las construcciones simbólicas y sus interpretaciones así como las manifestaciones culturales que se entremezclan en la narración.

Comenzaremos fijando nuestra atención en la Simbología y en el Mundo de las ideas de Tolkien que servirán de antesala a la descripción además de otros fenómenos y manifestaciones culturales.

Echemos un ojo al mundo mítico de Tolkien y las leyes que estructuran el orden moral en sus obras.

Su universo nos traslada a un mundo pasado o a un mundo futuro, un mundo que puede ser situado en el tiempo de los imperios orientales, la Edad media o en una ciudad futura, en la cual se dan las formas sociales y vivenciales del mundo pasado. De entre estas formas sobresaldrán la jerarquización de la sociedad pasado a futura; un contexto mágico, mítico o sobrenatural.

La Tierra Media es un mundo sujeto a leyes naturales, una tierra que posee su historia, su flora y su fauna, sus idiomas, sus alfabetos y su literatura y que está poblado por seres imaginarios. Un universo que está regido por unas leyes internas donde el Cosmos es regulado de forma providencial y milagrosa, donde el resultado es fruto de la intención y cuyas las leyes morales y mágicas operan como una ley física así como la voluntad, los estados de la mente, malos y buenos, pueden hacerse realidad y poseer energía física y donde la experiencia configura la Verdad proverbial. ¿No nos recuerda un tanto al positivismo de Comte o a la dialéctica y el idealismo evolucionista de Hegel y su “espíritu de la sociedad”, sociedad como proceso dinámico, en el que confluyen relaciones, conflictos y contradicciones…?

Aunque este como decimos, es un universo diferente del nuestro ya que en el propio la intención, la voluntad, casi nunca dispone el resultado, parece haber sido creado como manifestación de la preocupación de Tolkien por una sociedad que se halla en conflicto, a modo de evocación de un tipo-ideal de sociedad weberiana sobre lo que reflexionaremos más adelante.

Son múltiples los arquetipos identificados que trascienden en su simbología donde el símbolo introduce la idea de regla y el grado de valor que atribuimos a las acciones. En la Comunidad el aspecto simbólico se encuentra imbricado tanto en los personajes, como en los espacios, el entorno y la mitología. No obstante son los procesos sociales el punto de vista sobre el que he querido reflexionar. Sería extensísimo analizar simbólicamente toda La Tierra Media e incluso si nos detuviéramos en los protagonistas más destacados que son numerosos, por lo tanto este análisis ha sido reducido a los personajes centrales, aquellos que mejor pueden referir los arquetipos mencionados y a la vez a algunas construcciones simbólicas más representativas.

Se me antoja partir desde una perspectiva analítica weberiana en la que atendiendo a los personajes, las acciones y procesos así como a su forma de relacionarlos en la obra, nos conduce a identificar una sencilla estructuración burocrática y un sistema de jerarquía encabezada por un líder en ambos extremos de la dualidad que centra el hilo argumental, El bien / El mal.  En ambos casos el líder está basado en el carisma, en lo heroico, en la autoridad legitimada y en su capacidad de movilizar una colectividad compleja y caótica, así la capacidad de liderazgo o figura big-man de Galdalf consigue congregar a todos los pueblos bondadosos para luchar contra lo perverso y aunar sus fuerzas para evitar que el “anillo” que destruirá la Tierra Media caiga en manos de Sauron, el rey del mundo oscuro.

magos

Del mismo modo la función del personaje de Gandalf y sus connotaciones mágicas y profetizadoras lo vinculan con lo sobrenatural, la deidad y la religión por un lado y por otro con la autoridad de la tradición bajo el arquetipo del anciano, del maestro que proporcionan mesura y seguridad a los jóvenes héroes.  No obstante, en esta estructuración burocrática la autoridad legal es propuesta en Frodo, un hobbit, (probablemente la raza más débil) que conseguirá su capacidad heroica a través del largo viaje que tendrá que sortear para llevar a cabo la misión de salvaguardad “el anillo”, pero no es un simple viaje entre fronteras y pueblos la situación más adversa a la que se ha de enfrentar puesto que va mucho más allá. “Frodo Bolson” habrá de encarar un viaje iniciático, un rito de paso en el que los conflictos, las adversidades, las dudas, el miedo, la transformación interna terminarán por corporeizarse durante este ciclo vital, etapa en la que se encontrará separado de su identidad social, en la que estará en contacto con fuerzas místicas y mágicas que le proporcionarán nuevas habilidades y lo prepararán para reincorporarse a la sociedad con una posición diferente, la de héroe.

4Pero en este viaje-rito iniciático de Frodo intervienen otros fenómenos trascendentales que fluctúan entre la propia conciencia individual y la interacción con sus compañeros de viaje, Sam y Gollum. En este sentido podemos percibir ciertas connotaciones que nos recuerdan al clásico Simmel, a su geometría social y su interacción analizada desde la interiorización en la conciencia individual de normas, valores y estructuras que dispone la sociedad que los contiene y que implica un carácter dual del compromiso moral de la persona: lo incorporado (el deber, la moral, el compromiso por salvaguardar el anillo) y los propios impulsos (la tentación o el poder de Gollum). Así vemos como la díada formada por Frodo y Sam se basa en la suma de individualidades con un objetivo común, ninguno se somete al otro y existe una relación de igualdad y reciprocidad que se transforma en triada, con la aparición de Gollum, adquiriendo esta relación un concepto de grupo en el que se normaliza la autoridad de Frodo no sólo ante el recién llegado sino también frente a su amigo Sam, generando una estratificación que no existía así como nuevos roles tales como el papel “de mediador de disputas” que ejerce Frodo entre Sam y Gollum o el de “propulsor del conflicto” de este último.

Del análisis social de esta micro-estructura se deduce asimismo un proceso emergente de inteligencia social que es aplicable a toda la estructura social de la Comunidad en el que los desarrollos cognitivos están dirigidos entre otros asuntos a desenvolver amistades y alianzas, utilizando estrategias sociales como el engaño y la argucia a través de las que se intenta deducir el pensamiento del otro.

En la línea de lo abstracto son también numerosos los fenómenos que se reflejan tras esta historia fantástica que recrea Tolkien. Así observamos el uso frecuente de dualidades tales como el bien y el mal, la muerte y la inmortalidad, el poder y el dominio, dicotomías de las que se sirve posiblemente para la clasificación de los personajes y los caracteres de sus linajes en asociación con valores como la moral, el amor, la avaricia o el poder.

En esta dicotomía tomaremos como ejemplo de representación del “bien” de un lado a los Elfos y Enanos frente a los Orcos en el extremo opuesto.  A los Elfos los presenta como seres altos, delgados, de gran belleza física y de costumbres exquisitas en cuanto a su práctica de la poesía y la música; sus rasgos son perfectos e inmaculados y reflejan un aura hechizante y una estética ágil, casi etérea; son inmortales, sabios y mágicos. Los Enanos son poseedores de grandes virtudes: una naturaleza tenaz y persistente en el esfuerzo y el trabajo; valientes en el combate y su voluntad y orgullo son indoblegables, por lo que rara vez son engañados y pocas veces han sido corrompidos por el mal. Por el contrario los Orcos son descritos como seres bajos, anchos, de nariz aplastada, piel amarillenta, con la boca grande y ojos oblicuos a los que presenta como irremediablemente malvados y predispuestos a la oscuridad. De esto se deduce que la dualidad bien-mal es análoga a luz-oscuridad.

De esto conjeturamos la argumentación de que la lucha del bien contra el mal se convierte en una lucha por los valores de la sociedad en la que existen personajes que en sí mismos representan la ausencia de estos méritos, como por ejemplo los Espectros, esclavos de Sauron y del Anillo, vacíos de toda moral y sometidos a sus debilidades. Otros personajes, aunque poseen valores, son débiles, y por ello son fáciles de manipular (lo que teme Gandalf y por lo que no quiere portar el Anillo). Consecuentemente es lógico pensar que el Anillo Único es la máxima representación de la inmoralidad, de la oscuridad, de la corrupción; una herramienta diseñada para la destrucción.

Quizás los personajes más ideográficos para profundizar en manifestaciones culturales desde un método comparativo son los “hobbits”. Los hobbits son un pueblo muy sencillo y muy antiguo, de apariencia humana pero más pequeños y tienen los pies grandes y peludos. Quizás nos recuerden por sus costumbres a las realidades de la gente común y corriente de nuestro mundo, al menos, no cabe duda, de que facilita que el lector se pueda sentir identificados con ellos. No poseen habilidades sobrenaturales ni tampoco se ven envueltos en acciones heroicas; beben té y cerveza en tabernas, fuman en pipa, son amantes de la naturaleza, comen cantidades copiosas de suculentas comidas hasta seis veces5 al día; son sociables y adoran las canciones y la poesía y recordar su genealogía e historia así como conversar extensamente. Son de origen campesino y se dedican a la agricultura y ganadería y viven una vida bucólica en madrigueras equipadas y estructuradas con todos los elementos que conceden el confort necesario para hacer de ellas un hogar. Concienzudamente Tolkien ha plasmado en estos seres su propio sello, en sus propias palabras el autor menciona su intención de hacer una parodia de la Inglaterra-rural, (Carpenter, 1993: 293). Cita además textualmente: <<Después de todo,  el libro es inglés y está escrito por un inglés y presumiblemente aun los que desean que su narración y sus diálogos se vuelquen en un idioma que entiendan, no pedirán que el lector deliberadamente intente destruir el color local…>>  Es rotunda la intención que el autor tiene de querer dejar constancia de la evidencia de un escenario, con costumbres, lenguajes y tradiciones típicas de los ingleses.

Para finalizar este artículo me gustaría enumerar algunas de las influencias que Tolkien ha dejado impresas en “El Señor de los Anillos”, indudablemente enunciaré aquellas que han sido confirmadas por el propio autor. Tolkien reconoció que: «El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica». Su amor por los mitos y su fe devota se unieron en su creencia en que la mitología «es el eco divino de la Verdad». Sin embargo el propio autor decidió que los elementos religiosos quedaran absorbidos en la obra por la historia y el simbolismo. Los temas religiosos no cristianos también tienen fuertes influencias en la Tierra Media, siendo las mitologías del norte de Europa las influencias más conocidas. También fue decisiva su experiencia como combatiente en la Primera Guerra Mundial.

A nivel más académico Tolkien deja impreso su pasión por el estudio de la mitología celta, germánica, escandinava e irlandesa, al igual que su adoración por las leyendas y cuentos mitológicos del norte de Europa de los que algunos ya formaban parte del folklore inglés pero que retoma y cambia para sus propios fines. Del mismo modo deja la esencia de su interés como filólogo y lingüista experto siendo el pilar de su mitología el estudio lingüístico: <para dotar a un idioma de un determinado sabor singular, debe haberse entretejido entre las hebras de una mitología individual (Tolkien, 1998: 251-252)>  – Para Tolkien el aspecto diacrónico del lenguaje era lo realmente importante; siente fascinación por el desarrollo y evolución de una lengua en diferentes sentidos para lo que confecciona una lengua primigenia como raíz de todas las demás.

“Primitive Elvish” Es el primer lenguaje, a partir del cual evolucionarían todos los demás: El “Quenya” con una estructura inspirada en el latín y el finlandés, o el “Sindarin” a partir del Quenya, con una gramática similar y con un sistema fonético con similitudes a los lenguajes celtas y el galés u otros como la “Lenguas de los Hombres: Rohirric”, claramente inspirada en el inglés antiguo. <El anglosajón no es sólo un «campo fértil», sino el único campo en el que buscar el origen y la significación de las palabras o nombres pertenecientes al habla de la Marca. (Tolkien, 1993: 442)>

Para concluir, mencionar que la finalidad de este artículo, como dijimos anteriormente, no ha sido otro que intentar un estudio que contemplase más allá del carácter literario de la obra, más allá de la apariencia estética de una construcción literaria. La extensión de la obra no ha permitido un análisis que contemple la totalidad de las manifestaciones que de ella se pueden extraer. Se ha intentado, para evitar la dilatación inadecuada de este capítulo, abordar los aspectos que de alguna manera pudieran ejemplificar de una forma clara y evidente la esencia de la simbología impresa y el porqué de la trascendencia de la obra como creación cultural y fenómeno social. Espero en cierta medida haber conseguido este objetivo.

Marga de Tena

Referencias

REYES GARCÍA DEL VILLAR BALÓN. Dpto. de Ciencias Sociales y Humanidades. Área de Antropología Social Universidad de Córdoba. “Los métodos de la Antropología y la Literatura

Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología. -ANTROPOLOGÍA Y LITERATURA: TRAVESÍAS Y CONFLUENCIAS- “Juan Carlos Borrego” (Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia) y “Margarita Serje” (Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia) 

A TRAVÉS DEL ESPEJO DE PLATA: TEXTOS DE LA TIERRA MEDIA A LA LUZ DE LA SOCIEDAD TOLKIEN DE CHILE. “Bernardita Ojeda Labourdette”

MIRADAS MULTIDISCIPLINARES A FENÓMENOS DE CORTESÍA Y DESCORTESÍA EN EL MUNDO HISPÁNICO. “Julio Escamilla Morales y Grandfield Henry Vega EDITORES”, Publicación de La Universidad del Atlántico y el Programa ECIDE. Autores: M. Luisa Arias Moreno y Gerrard Edwin Mugford Fowler. “La traducción de la cortesía y la interculturalidad en el “Señor de los Anillos””

Tolkien y la simbología del anillo. Capitalismo Crepuscular. Posted 2 enero 2014

Tolkien Y Orwell, Los Mitos Y El Sentido de la Historia. Centro de Estudios de Filología Aplicada, A.C. Edición 2006, EL VALOR DEL MITO. “José Lepe Pineda”

Tolkien: un mago blanco en defensa de la Naturaleza. “Elena Sabidó” revistaesfinde.com

La perspectiva mito-poética en la poesía de Ted Hughes. “Jose L. Caramés Lage” Universidad de Oviedo. liceus.com

Tierra Media, https://es.wikipedia.org

 Reseñas “Sociedad Tolkien Española” www.sociedadtolkien.org

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4 thoughts on “El Señor de los Anillos, J.R.R Tolkien: una mirada interdisciplinar

  1. Es un artículo bastante flojillo. Mejor que los especialistas en Tolkien no lo lean, porque tiene bastantes deficiencias, fruto de un desconocimiento considerable de la obra de Tolkien y su biografía, así como de los autores (antropólogos incluidos) que han reflexionado sobre ella.

  2. Excelente artículo, bien documentado y escrito. Como decía Derriba «Cuando alguien lee un texto hay que tratar de adivinar que hacía con la otra mano». De ahí que no guste a los literalistas

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