¿Has visto «El francotirador» de Clint Eastwood? Tal vez podría sorprendente que la versión del propio Chris Kyle en sus memorias dista mucho de ser la que se nos cuenta en la película y como la industria cinematográfica sirve de herramienta propagandística.

Serví en todas las jerarquías, desde teniente segundo a general de división. Y, durante ese tiempo, pasé la mayor parte de mi tiempo ejerciendo de hombre musculoso para las clases altas de los Grandes Negocios, para Wall Street y para los banqueros. En resumen, yo era un matón y un mafioso del capitalismo

General Smedley Darlington Butler

 

Pido disculpas por el hecho de que la inteligencia que recibimos fue errónea”, esta era una de las frases que podía escucharse en una entrevista que se le hacía al ex primer ministro británico Tony Blair en octubre de 2015 en la CNN.

Sin embargo Hollywood iba a lo suyo y a finales de 2014 se había estrenado la película “American Sniper” (El francotirador), dirigida por Clint Eastwood. Y es que la historia que liga a Hollywood con la propaganda estatal no es nueva y esto puede observarse como la industria trató conflictos como la II Guerra Mundial y Vietnam en las que a través de sus películas se relatan hazañas y actos heroicos sucedidos en las mismas (sirva de ejemplo la imagen que tenemos de estas guerras a través de películas como Patton o la saga Rambo)

 

“El francotirador”

(1)www.blogdecine.com

La película, que en un primer momento iba a ser dirigida por Steven Spielberg narra la vida de Chris Kyle, de un modo bastante libre como se verá a continuación, el francotirador más letal de la historia de Estados Unidos al que se le adjudican 255 muertes, 160 de ellas oficiales. Según se nos cuenta pronto se hizo famoso por su puntería en Irak por lo que se ganó el apodo de “Leyenda”, el joven cowboy tejano que había decidido convertirse en SEAL se estaba convirtiendo en un héroe de guerra. El hilo argumental principal está en una misión en la que se le encomienda proteger a toda costa a los marines y encontrar a un terrorista conocido como “El Carnicero”. Sin embargo, tras dar con él un civil iraquí avisa a Mustafá, el antagonista de esta historia, un francotirador que había llegado a ganar un oro olímpico y el argumento se convierte en un duelo entre los dos francotiradores.

 

En la cinta se nos presenta al protagonista como un hombre tranquilo y resuelto que sufre estrés postraumático de guerra en los periodos en que abandona sus misiones para volver a casa, y que lo pasa mal abatiendo a sus enemigos pero cuyo sentido del deber y patriotismo están por encima. En resumidas cuentas se nos presenta como el héroe en el que cualquiera querría convertirse. Pero como veremos a continuación la historia real dista mucho de ser la que nos ha querido presentar la maquinaría cinematográfica, la cual ha dado un giro a los hechos para prestar su particular servicio propagandístico al rodillo militar norteamericano.

Tras su estreno no tardaría en convertirse en un gran éxito de taquilla con una recaudación mundial de más de 547 millones de dólares, por lo que se convirtió en la película con mayor recaudación de 2014, la más taquillera de todos los tiempos de género bélico y el mayor éxito de su director hasta la fecha.

La academia, casi siempre presente en este lavado de imagen, también se tomó la molestia en este proceso de dulcificar el conflicto iraquí y llegó a nominar la película a seis premios Oscar en la ceremonia de 2015 entre los que se encuentran el de mejor película, mejor guión adaptado y mejor actor por la interpretación de su productor (Bradley Cooper). Finalmente únicamente ganó el premio a la mejor edición de sonido.

Las críticas positivas fueron abundantes, sin embargo cabe citar la que hiciera el díscolo Michael Moore:

“Mi tío fue asesinado por un francotirador en la Segunda Guerra Mundial. Se nos ha enseñado que los francotiradores son cobardes, te disparan por la espalda. Los francotiradores no son héroes. Y si son invasores, son peores. Pero si estás en el techo de tu casa defendiendo a tu familia de los invasores que han venido de 10.000 Km de distancia no eres un cobarde francotirador: eres valiente, eres un vecino.”

 

“American Sniper” la autobiografía de Chris Kyle

(2)www.serperuano.com

Chris Kyle, no nos engañemos, era una “máquina diseñada para matar”. Como él mismo dice tras su entrenamiento en el cuerpo de élite de los SEAL:

“¿Por qué se pelean tanto los SEAL? Sin haber hecho ningún estudio científico al respecto, yo diría que es cosa de la agresividad reprimida. Nos adiestran para salir al campo de batalla a matar gente, y encima, nos enseñan a pensar que somos superhombres. Una combinación explosiva. Cuando entras en un local, siempre hay alguien que te da con el hombro o hace cualquier otra cosa para que lo acabes mandando a la mierda. Ocurre en todos los bares del mundo. La mayoría pasa y ahí se acaba todo, pero si se te ocurre hacérselo a un SEAL, ten por seguro que te vamos a dar lo tuyo.”

Sin embargo esto contrasta con la imagen que nos da la película del protagonista.

En sus propias palabras:

“Mirando por la ventana, no veía la hora de que empezase el combate. Quería un blanco. Quería disparar a alguien.  Y no tuve que esperar mucho.”

O como puede leerse en otro párrafo:

“Me di cuenta de que cada noche crecía el número de rebeldes, y llegué a la conclusión de que debían de estar tanteándome. A ese paso, iban a acabar por tener tantos hombres que me iba a ser imposible matarlos a todos. Eso sí: me lo iba a pasar en grande intentándolo.”

Pero empecemos por el principio: las causas de la guerra de Irak. Desde el 11-S el revanchismo parecía haberse apoderado de una parte importante de la población estadounidense:

“Ser molón consiste, en un 90%, en parecer molón, y las gorras de béisbol te hacen molar mucho más. Entre mis favoritas […] estaba la de uno de los cuerpos de bomberos neoyorquinos que habían perdido a algunos de sus hombres durante el 11-S. Me la había traído mi padre de una visita que hizo después de los atentados a la Guarida de los Leones, un parque de bomberos histórico de la ciudad, sede del camión 23. Los de allí, al saber que se iba a la guerra un hijo suyo, insistieron en darle la gorra.

-Dígale que intente desquitarse -fue lo único que le pidieron a cambio.

Si están leyendo esto, espero que sepan que lo hice.”

Respecto a la búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak:

“El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estuvo varios meses presionando a Irak para que acatase las resoluciones de la organización, y sobre todo las referentes a inspecciones de las armas de destrucción masiva que se le suponían y de ciertos lugares relacionados con ellas. No tenía por qué haber habido guerra: Sadam Husein podía haber obedecido y haber enseñado a los inspectores cuanto querían ver. Sin embargo, la mayoría de nosotros sabía que no lo iba a hacer. Así que, cuando nos dijeron que iban a enviarnos a Kuwait, todos estábamos entusiasmados, porque sabíamos que íbamos a la guerra.”

Sin embargo los ánimos empezaban a decaer, la guerra parecía no empezar:

“Cuando llegaba a su fin el mes de enero empezamos a preocuparnos, no porque fuera a estallar la guerra, sino porque pudiese empezar sin nosotros.”

Hasta que por fin comenzó:

“Los iraquíes habían mandado unos cuantos Scud poco antes de empezar la guerra, y aunque los misiles Patriot se habían encargado de la mayoría, uno logró cruzar la frontera. Y ¿dónde diríais que acabó? Pues fue a ventilarse el Starbucks en el que pasábamos el rato durante nuestro adiestramiento anterior al conflicto. Muy bajuno, lo de cargarse una cafetería; aunque supongo que podía haber sido peor: podría haber caído en un Dunkin Donuts.

Lo gracioso es que el presidente Bush no declaró la guerra hasta que atacaron el Starbucks: meteos con la ONU cuanto os venga en gana, pero si ya empezáis a poner en peligro nuestro derecho a recibir la dosis necesaria de cafeína, va siendo hora de que empiecen a rodar cabezas.”

Y sus primeras impresiones de la experiencia son claras:

“«¡Joder! -me decía yo-. Esto es la caña: ¡me encanta! Es emocionante y te deja los nervios hechos mierda.”

Si había armas de destrucción masiva, o no, causa oficial de la guerra…

“En otro lugar encontramos bidones de productos que pensaban usar como armas bioquímicas. Cuando la gente dice que no había armas de destrucción masiva en Irak, supongo que se refieren a bombas nucleares hechas y derechas, y no a las numerosas armas químicas mortales -o sus componentes- que tenía Sadam almacenadas. A lo mejor no se hablaba de eso porque las etiquetas de los bidones dejaban claro que aquel material procedía de Francia y Alemania, que en teoría eran nuestros aliados occidentales.”

En los testimonios escritos que han llegado hasta nuestros días de los primeros españoles que pisaron América se relata cómo no tenían ninguna curiosidad hacia las personas que poblaban aquellos territorios a los que acababan de llegar y la única intención que tuvieron al llegar era la de arrasar y hacerse con el dominio del lugar (“tierra de salvajes”), este rastro etnocentrista también aparece en las palabras del francotirador:

“El hedor de Irak fue una de las cosas a las que jamás llegué a acostumbrarme.”

“El mal más brutal y despreciable: contra eso combatíamos en Irak. Por eso muchos, incluido yo mismo, llamaban salvajes a nuestros enemigos. Lo que vimos allí no puede describirse de otro modo.”

“Ojalá hubiese matado a más; no por ponerme medallas, sino porque creo que el mundo está mejor sin salvajes sueltos dedicados a quitar vidas estadounidenses.”

“En la otra cara del brazo me hice [tatué] una cruz de cruzado. Quería que todos supieran que soy cristiano. Me la dibujé en color rojo sangre. Odiaba a los malditos salvajes contra los que estaba luchando. Siempre los odiaré: me han quitado demasiado.” El motivo religioso para Chris Kyle se puede ver en otra cita del libro “Yo no disparo a gente que lleva un Corán; me gustaría, pero no lo hago.”

Algo que puede apoyarse en su particular ranking de valor de vidas humanas:

“Puede que la guerra no sea una cosa divertida, pero yo disfrutaba de lo lindo: era lo mío. De todos modos, si arriesgué mi vida no fue para llevar la democracia a Irak: fue por mis colegas, por proteger a mis amigos y a mis compatriotas. Fui a la guerra por mi país, y no por Irak. Fue mi país el que me mandó allí para toda esa mierda no llegase hasta nuestra costa. Yo no luché ni una sola vez por los iraquíes. En realidad, me importan una mierda pinchada en un palo.”

“Decidí ver si podíamos hacerlos salir. Saqué la bandera americana que llevaba siempre dentro del chaleco portaplacas […] La até al borde de la azotea y la dejé caer para que se desplegara por el lateral del edificio. Minutos más tarde salieron media docena de insurgentes con fusiles ametralladores y se pusieron a dispararle a mi bandera.

Nosotros respondimos y abatimos a la mitad, mientras que los otros se dieron la vuelta y echaron a correr. Todavía tengo la bandera. Consiguieron darle a dos estrellas, lo que, bajo mi punto de vista, parece un precio justo por sus vidas”

Y a raíz de que los iraquíes decidieran empezar a negociar, Kyle cuenta:
“No han empezado a acudir a la mesa de negociaciones hasta que hemos matado a un número suficiente de salvajes -le dije-. Esa ha sido la clave”

Respecto a las reglas de combate que había que asumir en el campo de batalla, eran claras:

“Las reglas de enfrentamiento que se nos dieron al empezar la guerra eran muy sencillas: si ves algún varón de entre dieciséis y sesenta y cinco años, mátalo; mata a todo varón que veas. Oficialmente estaba expresado de otra manera, aunque la idea era la misma”

A lo largo de la película se pueden ver los episodios de estrés postraumático que sufría el protagonista cada vez que volvía a casa entre misión y misión, algo que contrasta con las ganas que tenía de volver a la guerra y entrar en combate:

“Yo estaba flipado de verme por fin otra vez en combate. Los polacos me pusieron el sexto o el séptimo de la fila a la hora de entrar. Aquello me decepcionó un poco, porque tan lejos del primero es difícil que veas mucha acción; pero no pensaba refunfuñar.”

“-Kyle, voy a necesitar que cojas tu fusil de francotirador y hagas el macuto -me anunció el comandante-. Te vas a Faluya.

[…] «¡Colega, esta sí que va a ser buena! -pensé-. Nos vamos a hartar de matar malos, ¡y yo voy a estar en medio de todo el jaleo.”

“Echaba de menos la emoción y el entusiasmo del campo de batalla. Me encantaba matar a los malos”

Los detalles de cómo se iba desarrollando la contienda también contrastan con lo contado en el largometraje:

“Nos tocó ir a recoger a una variedad muy amplia de sospechosos -financieros que trabajaban para Al Qaeda, fabricantes de explosivos, insurgentes de Irak y de fuera…-. Una vez llegamos a llenar un camión entero.”

“De regreso, miré por la tronera de la rampa del Bradley en que iba, y no vi más que humo negro y edificios en ruinas. Se habían quedado con nosotros, y lo había pagado su vecindario al completo.”

“Para complicar aún más las cosas, en el pantano vivía una manada de bisontes que pasaba por allí de vez en cuando. Cuando oías algo o veías moverse la hierba, nunca podías decir si se trataba de un insurgente o un animal. Intentamos ser creativos y solicitamos un ataque con napalm con la intención de quemar la vegetación. Nos lo negaron.”

El napalm, que parecía haberse quedado entre las barbaries de Vietnam, no ha quedado en desuso. Por otra parte la intervención también tenía consecuencias en la convivencia entre los propios iraquíes:

“Los de allí, que sabían que los americanos llevaban a sus instalaciones a todo el que fuese sospechoso, quisieron aprovechar la situación para saldar cuentas personales, y acusaban para ello a sus enemigos, ante el ejército o cualquier otra autoridad, de estar ayudando a la insurgencia o cometiendo cualquier otro delito.”

En ocasiones apunta datos de cómo lograban romper con la monotonía cuando esta se instalaba en la guerra:

“Sí recuerdo los regalos que envió aquel año la familia de Taya [su mujer]. Eran Hummer teledirigidos: una gozada de juguetitos manejados por radiocontrol. Algunos de los iraquíes que servían en la base daban la impresión de no haber visto nunca nada parecido. Si les mandabas uno, se apartaban de un salto gritando. No sé si pensaban que sería un mísil guiado o algo así. El caso es que me partía al oírlos chillar y correr en dirección opuesta. Aquellas distracciones tontas no tenían precio en Irak.”

Cuando tu trabajo consiste en matar gente, acabas por volverte muy creativo sobre cómo hacerlo. Piensas en cómo aplicar la máxima potencia de fuego posible en el campo de batalla, y empiezas a pensar en modos nuevos e imaginativos de eliminar a tu enemigo.[…] «¿Qué armas no hemos usado todavía para matarlos? ¿Todavía no has abatido a nadie con la pistola? Pues por lo menos tienes que matar a uno». Usábamos armas distintas por ganar experiencia, por aprender cuáles eran sus posibilidades en combate. Sin embargo, a veces era solo por juego: cuando te pasas un día tras otro de tiroteo, acabas por buscar variedad. De cualquier modo, había insurgentes y tiroteos de sobra.”

Podría pensarse que con el paso de los años, la experiencia que había vivido le podría haber hecho recapacitar, pero su postura seguía siendo firme:

Para terminar, algo que contrasta profundamente con el principal argumento de la película en la que, como ya se ha dicho, trata de abatir a un francotirador insurgente y en el libro únicamente se hace una mención a esta persona:

“Mientras observábamos la ciudad desde el terraplén, no bajábamos la guardia ante la presencia de un francotirador iraquí conocido como Mustafá. Por lo que teníamos entendido, se trataba de un deportista olímpico que estaba empleando sus dotes contra los americanos y contra la policía y los soldados de Irak. De hecho, había grabado y difundido varios vídeos en los que alardeaba de su talento.

Yo nunca llegué a verlo, pero otros de mis colegas mataron más tarde a un francotirador iraquí que creemos que tenía que ser él”

Conclusión

La película nos da una visión edulcorada de cómo se sucedió la guerra y algunos episodios relatados en ella contrastan con lo relatado en el libro, por lo que los hechos han sido alterados para hacerla más atractiva para el público en general (principalmente el duelo con Mustafá) y con fines propagandísticos y justificar la contienda.

Por otra parte el lavado de imagen que se produce en la película al “héroe de guerra” Chris Kyle cuya personalidad dista mucho entre el protagonista de “El francotirador” y el autor de la autobiografía; alguien que disfruta de su trabajo (matar), y que no tienen ningún atisbo de humanidad para con sus enemigos o con los ciudadanos iraquíes en particular (salvajes). La película no refleja el etnocentrismo presente en las tropas estadounidenses, el ultranacionalismo y la falta de escrúpulos mostrados en la contienda.

Rubén Blasco

Referencias

Película: “American Sniper” de Clint Eastwood (2014)

Libro: “El francotirador” de Chris Kyle (2015)

 

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