Con la crisis volvemos a exportar a nuestros jóvenes en busca de nuevas oportunidades.

Estos últimos meses viene con frecuencia a mi memoria una película que parecía retratar no sin cierta sorna una realidad que creíamos pasada en este país, la emigración. Me refiera a la conocida y manida frase “Vente a Alemania Pepe”, donde un joven Alfredo Landa busca hacerse un hueco y una nueva vida en Alemania.

Lejos parecía ya esa realidad. Con los años de Bonanza hemos recibido en nuestro país, inmigrantes de América del sur, África y Europa del Este que suponían una mano de obra (en la mayoría de las ocasiones realizando trabajos denostados por los españoles, cómo la agricultura y el cuidado de ancianos..) ayudaban al crecimiento de España y nos daban una falsa sensación de país rico y en constante crecimiento.

Pero sorpresa, en estos últimos años en los que ha estallado la burbuja inmobiliaria, aumentado los casos de corrupción y el paro ha ascendido a los 5 millones de parados, España vuelve a ser un país de emigrantes.

Mucha de la inmigración que recibimos en los últimos años qué vinieron con el deseo de una vida mejor, se ha marchado de nuevo a su país de origen o a otros países de Europa, sin conseguir la estabilidad económica en España y sus sueños rotos.

Ahora son nuestros jóvenes los que deciden salir fuera de nuestras fronteras a buscar la realización de sus sueños y la estabilidad económica. Reino Unido, Alemania e incluso China son los destinos más buscados por esta nueva hornada de emigrantes españoles.(muchos de estos jóvenes no aparecen en las estadísticas ya que o bien renuncian a estar inscritos en el paro, o ya no pueden optar a el o bien salen de España sin cambiar su padrón y sus papeles esperando conocer mejor ese futuro incierto).

Nuestros investigadores continúan sus proyectos e investigaciones en universidades y laboratorios alemanes o ingleses porque en España las subvenciones han sido prácticamente eliminadas. Según denuncia la comunidad científica desde 2009 se está reduciendo un 40% la inversión en investigación-

.. Perdemos así una mano de obra insustituible y nuevas opciones de crecer como país al perder esas “cabezas pensantes” que pueden hacer crecer nuestro patrimonio nacional con nuevas patentes e investigaciones punteras. Esto va en detrimento de nuestra sanidad pública (tan alabada y estudiada por los países anglosajones) de nuestra educación (esos niños que serán el futuro y que pierden calidad de enseñanza y de oportunidades) y de nuestro futuro cómo país, tanto dentro de la Unión Europea cómo en el círculo de grandes potencias.

Ante todo esto yo me pregunto, ¿realmente hemos dejado de ser alguna vez un país de emigrantes, no han sido estos últimos años un espejismo de una realidad ficticia? ¿Qué debemos o podemos hacer para recuperar el control y conseguir que nuestros jóvenes y mayores no tengan que marcharse en busca de un futuro mejor?

Nos queda un gran trabajo por delante.

María José Centenero de Arce

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